Este es un relato que retrata un terrible acontecimiento que aconteció durante los años de oscuridad en que se sumió el Mundo tras la explosión. Antes de la aventura que pudimos ver en el capitulo 1x20 Five years gone.
Puede ser duro, pero refleja la cruel realidad de aquellos días.
Vivencias de un patriota
¡Al fin he encontrado mi verdadera vocación! Ya nunca más tendré que sentirme diferente, ni tendré que soportar que me llamen loco o depravado. Nunca más me veré obligado volver a pasar por otro maldita clínica gubernamental Eso ha quedado atrás. He aprendido a utilizar mi habilidad para un fin adecuado y eso me ayudará a integrarme. Ahora soy un soldado y formo parte de las fuerzas especiales del ejército norteamericano. Todo gracias al Presidente Petrelli y a su visión profética de la historia, que permitió al Mundo resurgir de sus cenizas tras el día en que Saylar apareció para sembrar el caos.
El país necesita a hombres como yo. Individuos concienciados con la causa, a los que los líderes puedan exigir que maten cuando sea necesario a cambio de un mediocre salario. Sí, ese soy yo. ¡Un verdadero mercenario dispuesto a matar siguiendo órdenes!
Hoy he recibido mi primera misión. Nos han informado de que se está produciendo una acción subversiva en un barrio de la antigua ciudad de Nueva York y de que vamos a ser desplegados allí para neutralizarla. Según parece se trata de un numeroso grupo de terroristas locales, ayudados por algunos “rebeldes”, que intenta hacerse con el control de la ciudad. Se rumorea que puede tratarse del propio Hiro Nakamura. En un nuevo intento de desestabilización nacional.
El despliegue militar va a ser monumental. El Presidente está convencido de que hoy es el día adecuado y va a poner toda la carne en el asador para intentar acabar con esto de una vez por todas.
Y eso me encanta.
Confío en que no será difícil acabar con nuestros enemigos, pero la verdad es que estoy deseando entrar en combate. No veo la hora de acabar con esos antipatriotas. Voy a emplearme al máximo. Seré una máquina de matar. ¡Como en las películas! ¡Va a ser fantástico!
Finalmente, nuestros vehículos han llegado a la zona de conflicto y aparentemente todo está preparado para que lancemos la primera avanzadilla. Notó que mis compañeros están algo nerviosos, pero yo me siento muy bien. Confió en que todo saldrá tal y como tengo previsto. El teniente Simpson, un veterano soldado curtido en mil batallas, será el jefe de nuestro comando. A mi se me ha asignado la tarea de avanzar en primera línea, sin armas, equipado solo con mis habilidades, y estoy muy contento por ello. Si tengo suerte podré aniquilar a decenas de esos terroristas con mis propias manos. ¡Seré un héroe y me ganaré el respeto de todos!
El teniente Simpson ha dado la orden de salida para nuestro comando y ahora todos nosotros corremos tras él atravesando las calles devastadas de Nueva York. Las manos me sudan mucho y creo que estoy temblando, pero no importa. Llegado el momento seré el arma más útil de todas.
A lo lejos, a través de las ventanas de los antiguos edificios devastados de la ciudad, puedo distinguir las llamas de un monumental incendio provocado por nuestras tropas, que poco a poco va devorando todo el barrio. Esta es la única forma de hacer que esos criminales bajen de los edificios para que podamos aniquilarles y todo va saliendo según lo establecido. Ante tales expectativas empiezo a excitarme.
Estamos muy cerca. El ruido producido por los disparos y las explosiones es ensordecedor. Hay cadáveres por todas partes. Sin darme cuenta, en mi rostro se dibuja una radiante sonrisa de satisfacción y triunfo. La adrenalina se me dispara y siento ganas de matar, de forma que me dejo llevar por mi instinto. Alzo las manos y me coloco en posición de disparo. Me concentro y casi sin apuntar lanzo una poderosa honda expansiva contra mis enemigos. Segundos después contemplo con orgullo como media docena de cadáveres salen despedazados en todas direcciones. ¡Este es un gran momento! Ahora sé lo que se siente al matar y me gusta.
La batalla continúa a mí alrededor mientras yo disfruto de mi momento de gloria. Los terroristas están siendo masacrados. Hemos logrado arrinconar a algunos en una zona despoblada, donde no tienen forma de esconderse. Sus habilidades no pueden hacer nada contra nuestras modernas y efectivas armas. Caen como moscas.
Entonces me fijo en una extraña figura, que se intuye entre la oscuridad de la noche y el humo. Al acercarme logro distinguir a un hombre de marcados rasgos orientales que camina por la zona con una catana entre las manos. Ese tipo debe ser Hiro Nakamura. ¡El rebelde enemigo del estado!
Sin dudarlo dos veces, me concentro de nuevo y lanzo una honda expansiva contra él, utilizando todo mi poder. Este ataque acabaría con la vida de cualquiera. Es potente y va bien dirigido. Pero, de repente, cuando mi ataque está apunto de alcanzarle y sin que pueda adivinar como lo ha hecho, ese terrorista asiático desaparece ante mis ojos. ¡Es como si se hubiese volatilizado! No tiene sentido.
Estos pensamientos colapsan mi mente, durante unos segundos. Pero después me recupero y caigo en la cuenta de que no hay tiempo que perder. Esta vez se ha escapado, pero en nuestro próximo encuentro no correrá tanta suerte. Ahora debo continuar combatiendo.
De nuevo me concentro y me dispongo a disparar contra un grupo de terroristas, pero incomprensiblemente veo como algunos de mis compañeros detienen su avance. En sus caras hay miedo y angustia. Ante mi creciente desconcierto, algunos de ellos abandonan despavoridos el campo de batalla.
Pero, ¿por qué? ¡Esto no tiene ningún sentido! Les superamos notablemente en número y en armamento. Están arrinconados. Pero entonces, ¿por qué huyen mis camaradas?
¡Va! no importa. Son unos cobardes. Yo les enseñaré quien es el mejor soldado de asalto de todo el ejército. Cuando esto termine, el Presidente en persona tendrá que venir a darme las gracias por mi incomparable demostración de valor en combate.
¡Un momento! ¿Pero qué es eso? De repente percibo un intenso calor y creo distinguir un potente destello de luz a mi espalda. Sin darme tiempo para reaccionar se produce una gigantesca explosión a pocos metros de donde yo me encuentro y en pocos segundos me veo rodeado por una oscura nube de humo y polvo.
Durante un tiempo indeterminado, que a mi se me antoja una eternidad, deambulo por los alrededores sin ver nada. Estoy asustado y me siento indefenso. En la lejanía escucho débiles gritos, pero a la vez percibo que cerca de mi hay gente corriendo de un lado a otro. Esto significa que la explosión debe de haberme reventado los tímpanos.
Poco a poco, cuando la nube de humo empieza a disiparse, voy recuperando la visión. Lo primero que logró distinguir a mí alrededor son los humeantes restos de un terrorista, que debió ser alcanzado de lleno por la explosión. Su cuerpo ha quedado destrozado. Inmediatamente después noto que alguien se aferra con fuerza a mis piernas y de la impresión casi me da un infarto. Al mirar hacia abajo, descubro que quien me toca es el teniente Simpson, mi oficial superior, que de la misma forma que el terrorista, debió ser alcanzado por la explosión y ha quedado gravemente herido. Tiene el cuerpo y la cara ensangrentados. Los brazos salpicados de metralla y ambas piernas amputadas. Ahora se arrastra por el suelo pidiendo ayuda a los supervivientes.
El teniente Simpson trata de decirme algo, pero yo estoy tan aturdido que no logró entenderle. Mi corazón palpita a mil por hora. La cabeza me da vueltas y siento nauseas. Descubro que la nube de humo ha desaparecido casi por completo y esto me permite ver que los alrededores están devastados. Hay gigantescos cráteres en todas partes. Cadáveres y sangre por doquier. Los supervivientes que alcanzo a distinguir entre la confusión en aquel paisaje desolador, ya sean terroristas o soldados, deambulan de un lugar a otro esquivando cadáveres. ¡Aquello parece el mismísimo infierno!
En ese momento fijo mi atención en el teniente Simpson, que parece desesperado en su intento de decirme algo. Me hace gestos y grita violentamente. Está muy nervioso y de tanto gritar parece que las venas del cuello le vayan a estallar. Por fin, cuando logro salir del shock y empiezo a recuperar el control de mi mente, alcanzo a comprender lo que el teniente trata de decirme:
“Nuestros propios aviones nos han bombardeado, muchacho. Tenemos que salir de aquí. ¡Van a volver!”
Aquellas palabras me hacen recapacitar. Antes de todo aquello, mi comando y yo avanzábamos por la ciudad en busca de nuestros enemigos. Al fin llegamos al punto prefijado y comenzamos la batalla. Siguiendo las órdenes del alto mando, rodeamos a los terroristas y les encerramos en una zona despoblada, donde se convirtieron en un blanco fácil. Y entonces…
¡Maldita sea! Ahora lo entiendo todo. ¡Era una trampa! Nuestros superiores nos han utilizado para hacer el trabajo sucio. Rodeamos a los terroristas y les hicimos entrar en un embudo. Con ello les preparamos el blanco perfecto para un bombardeo. Después de aquello nuestros aviones lanzaron un ataque demoledor contra la zona, sin preocuparse por lo que nos fuese a ocurrir a nosotros. Ha sido una maniobra astuta pero tremendamente cruel. En la Academia se denominan a estos casos como “una perdida de efectivos admisible para lograr un objetivo estratégico”.
Mi cerebro se niega a aceptar que aquello haya podido ocurrirme a mí. ¡No es posible! ¡Yo soy un gran soldado! Mis superiores valoran el trabajo que he realizado a lo largo de estos meses y nunca me sacrificarían para lograr un insignificante objetivo. Al fin y al cabo somos sus hermanos. Formamos el gran ejército norteamericano. ¡Somos una piña! Ellos nunca harían algo tan despreciable. ¿O tal vez sí?
De repente noto como el teniente Simpson me zarandea desde el suelo y señala hacia el cielo. Trato de pedirle calma, pero no atiende a razones. Por fin levanto la cabeza y entonces descubro el motivo de su nerviosismo. ¡Son nuestros aviones y parece que regresan para bombardear la zona de nuevo!
Simpson me pide que cargue con él sobre mis hombros, ya que no puede caminar. Está aterrorizado y me mira suplicante, con ojos de cordero degollado. Pero en ese momento la compasión no tiene cabida en mi cerebro y le aparto de mi lado con una patada en los riñones.
Trato de pensar rápidamente, pero estoy tan nervioso que no logro encontrar una salida. Deambulo de un lugar a otro, buscando un sitio donde cobijarme. Sin embargo, las cosas están difíciles. Los aviones se acercan a una velocidad endiablada y ya puedo distinguir como se van preparando para el ataque.
En un último intento por sobrevivir trepo hasta la caja de un camión abandonado. No sé muy bien si aquello servirá de algo, pero no encuentro otra salida. Me aferro a los hierros oxidados del camión y escalo varios metros. Desde las alturas puedo distinguir como los supervivientes del primer bombardeo tratan de huir de la zona, pero sus opciones son escasas. Todos gritan y corren desesperados ante la terrible evidencia de que sus vidas se acaban. En ese momento se produce la primera explosión, seguida de muchas más.
Le escena es dramática. El bombardeo esta siendo demoledor y los muertos se cuentan por decenas. En realidad todo se produce con inusitada celeridad, pero para mí el tiempo ha dejado de correr. Desde mi posición, encaramado en el camión, veo caer las bombas a poca distancia de donde me encuentro y no puedo evitar contener la respiración. ¿Cuál de ellas me matara?
Sin embargo pasan los segundos y el bombardeo toca su fin sin que yo haya sufrido ningún daño. A mí alrededor ha quedado todo destruido. Tan solo alcanzo a ver ocasionales columnas de humo e interminables regueros de sangre. En mi cara se dibuja una gran sonrisa de felicidad y satisfacción. ¡Sí! ¡Me he salvado! No podía ser de otra manera. Yo no merecía morir de esta forma. Hubiese sido tremendamente injusto que una de esas bombas me hubiese alcanzado. ¡Yo no soy un terrorista! ¡No merecía acabar mis días arrastrándome agonizante por el suelo de esta asquerosa ciudad! ¡Solo los cobardes mueren así!
Pero en un instante aquella sonrisa desaparece de mi rostro. No sé muy bien lo que ha pasado, pero de improviso he sentido un pinchazo en la espalda. Es una sensación extraña. Creo que no sabría describirla. Es algo parecido a una punzada, pero muy dolorosa. Al mirar hacia abajo descubro que una espada me ha atravesado el torso, quebrándome la caja torácica. ¡Maldita sea!
Segundos después recibo una nueva estocada, que esta vez me atraviesa el pecho. Trato de escapar, pero es inútil. Mi enemigo me tiene a merced. Por un momento me planteo saltar al vacío desde el camión, pero apenas puedo moverme. Estoy desesperado y muerto de miedo… pero entonces lo veo. ¡Al fin identifico a mi atacante! Se trata de Hiro Nakamura, que, armado con su catana, se está vengando de mí.
No alcanzo a comprender como aquel asiático ha podido sobrevivir al bombardeo. ¡Es increíble! El tipo estaba desahuciado, en medio del campo de batalla. Tiene los brazos heridos y el rostro cubierto de sangre. Pero está vivo. Y aún tiene fuerzas para empuñar aquella fatídica espada. Noto como me mira directamente a los ojos, corroído por la rabia.
Cuando está apunto de lanzar su última estocada puedo saber exactamente lo que pasa por su mente. ¡Aquella es su venganza! Él ve en mí a un traidor. He matado a mucha gente inocente. ¡A gente como yo! ¡Con habilidades que no han pedido, pero que consideran suyas!
Por eso debe vengarse. Es una obligación moral para él.
Por fin, Hiro Nakamura, el temido rebelde, lanza una última y terrible estocada sobre mi cuerpo con el arma que sostiene en sus maltrechas manos. Un instante después yo estoy muerto y mi cuerpo sin vida se precipita al vacío desde las alturas.
Es una forma cruel de morir, lo sé. Pero supongo que me lo merezco.
babas babas Me ha encantado, la gente mientras espera la salida de los subtítulos debería leer alguna que otra cosa y este fan fic me ha encantado. Estoy deseando que llegue el verano para leer el resto y escribir otros yo.
Enhorabuena y esperamos ver algún que otro fic basado en esa época tan oscura del universo Héroes.
interesante =)
aunke no es mi rollo las kosas de guerra. estubo bueno
hubiese sido chvre ke explikes mas sobre la habilidad o habilidades de los "terroristas" =P igual chvre
bien pensado.....
vere si ya tan los subtis
pobre F5
:P
Bueno, me alegro de que os guste el relato y agradezco los consejos. Puede que pronto saque algo de tiempo para escribir otro relato sobre estos años oscuros, pero con otros personajes.
Un saludo y gracias.
extremadamente bueno tu relato mayo... ¿para cuando mas??
diablu:: diablu:: diablu:: diablu:: diablu::