[ Destino I: Poderes ]
01x01: "Sobresaliente"
Fecha: 20 marzo del 2007
Lugar: Casa de Shon, Perú
Personaje: Shon
Eran cerca de las cinco de la mañana y Shon se hallaba despierto aún, no podía dormir por algo totalmente extraño que le había ocurrido el día anterior, cuando sus padres lo habían enviado a la escuela secundaria el primer día de clases; se hallaba en su cama, recordando todo como si lo estuviese viendo en un video muy nítido.
Fecha: 20 marzo del 2007
Lugar: Escuela Secundaria Jorge Casino, Perú
Personaje: Shon
Shon se hallaba caminando con timidez hacia su nueva escuela, el año pasado había estudiado en la escuela secundaria Corazón de Jesús, ahora se hallaba en una tonta escuela para ricachones y su padre lo había puesto allí porque había comenzado a ganar muy bien, Shon no quería tener problemas en su primer día de clases, sin embargo, no sabía que habrían buscapleitos que lo provocasen, y Shon jamás se dejaba pisotear.
Al entrar a la escuela Shon observó a gente pedante que lo miraba con mucho desdén, y había algunas chicas que lo miraban indignadas de la cabeza a los pies, otras murmuraban cosas como “¿Acaso en esta escuela están tan locos como para aceptar a los de su clase?” otras murmuraban “No puedo creer que aún se acepten a gente tan mediocre, o sea, no están a nuestra altura, ¿me comprendes?”
Shon trataba de no escuchar lo que decían, pero era totalmente inevitable, entonces comprendió que él tenía razón, en esa escuela todo sería malo, sería tratado como perro, lo mirarían con desdén, aquella gente pedante que creía tenerlo todo cuando en realidad no tenían nada.
Shon fue empujado por un muchacho que traía ropa del equipo de fútbol de la escuela, se tropezó con un plátano y cayó al suelo y todas sus cosas cayeron también, sus lapiceros rodaban por el suelo, sus cuadernos eran pisoteados por la banda del muchacho del equipo de fútbol. Shon, sin recoger sus cosas, se levantó del suelo y empujó al muchacho del traje del equipo de fútbol.
—¿Qué te pasa? —dijo Shon con una enorme furia—. ¿Creíste que me ibas a intimidar, estúpido, crees que puedes pisotear a quien se te pegue la gana? Déjame en paz o te juro que te arrepentirás.
—Esto es solo la bienvenida, viejo —dijo el muchacho acercando su rostro al de Shon, mientras todos los estudiantes a su alrededor, observaban la escena—. Las cosas se pondrán peor aún, así que será mejor que te cuides o te irá mal.
—Créeme, he golpeado a buscapleitos más fuertes y cobardes que tú, y no importaría golpearte a ti también —susurró Shon en el oído de su oponente, luego alzó la voz—. Será mejor que te vayas o te golpearé aquí mismo.
Ambos muchachos se miraron a los ojos con los ceños fruncidos, entonces el muchacho del equipo de fútbol se alejó con una mirada sombría, no si antes decirle a Shon en su oído “Cuídate”.
Shon continuó caminando por el pasillo de aquella escuela, había recogido sus libros, cuadernos y lapiceros, mientras las mujeres que lo observaban, murmuraban cosas malas acerca de él. Llegó hasta el segundo piso a través de unas escaleras totalmente enlozadas, largas y cansinas, tenía clase de “Historia” para comenzar el día, esa materia no era su preferida, aunque sabía mucho sobre ello.
Entró en al salón en el momento justo en que sonó el timbre indicando las horas de clase, Shon escuchó los pasos de sus compañeros que se acercaban al aula de “Historia”, cuando todos entraron el profesor se presentó, un hombre alto, de cabello enmarañado se presentó, era el profesor Albert Square, profesor de historia.
—Hola alumnos —dijo—. Yo soy el profesor Albert Square, seré su profesor de Histo…
—Oye, viejo, no hace falta que digas eso, ya lo sabemos —lo interrumpió un alumno.
—Cállate y déjalo hablar —dijo Shon.
—¿Quién lo dice? —saltó el muchacho, poniéndose de pie.
—Yo lo digo —respondió Shon poniéndose de pie también.
—¿Ah sí? —dijo el muchacho—. Chicos ya saben que hacer.
Cuatro enormes chicos aparecieron detrás del primero, Shon los miró a cada uno con rostro desafiante, mientras que ellos se acercaban lentamente a él, Shon trató de pensar en algún plan de escape pero fue demasiado tarde, pues los chicos grandullones lo habían tomado de los brazos y el primero le comenzaba a dar puñetazos en el estómago.
—¡CUATRO CONTRA UNO NO SE VALE! —gritó otro niño desde su asiento, Shon levantó la mirada, el chico que lo estaba golpeando había dejado de hacerlo y se hallaba caminando en dirección al niño que había gritado, y le lanzaba un puñetazo, Shon sintió mucha furia, pero no podía hacer nada, forcejeaba con todas sus fuerzas, pero los cuatro enormes tipos lo tenían agarrado.
—¡Niño insolente! —dijo el que golpeaba al pequeño, el profesor estaba totalmente paralizado ante ambas escenas, Shon sentía que algo le pasaba, como si una descarga eléctrica corriera por su cuerpo.
Alguien tomaba el hombro de uno de los tipos, y cuando éste volteó, el muchacho que lo agarró le dio un fuerte puñetazo, mandándolo al suelo, Shon pudo ver varios clones de sí mismo en el salón, sabía que él lo había provocado, entonces, cuando estuvo libre, fue donde el muchacho que le pegaba a su compañero y lo lanzó contra la pared.
—¿Estás bien? —le preguntó al muchacho que había gritado.
—Sí.
—¿Cómo te llamas?
—Abel. ¿Y tú eres?
—Shon.
—Un gusto, ¿tú hiciste esto? —preguntó Abel.
—¿Los clones? No lo sé.
Esa tarde Abel y Shon habían escapado de la escuela para no ganarse un castigo, sin embargo, cuando regresaron se dieron cuenta de que nadie, absolutamente nadie recordaba lo ocurrido, y trataron de no hacerles recordar nada en lo absoluto, para no ganarse otro castigo, sin embargo, Shon tenía miedo, los clones que eran igual que él habían desaparecido, pero tenía miedo de que aparecieran otra vez, tenía que hablar con sus padres. Al llegar a casa sus padres estuvieron tan ocupados que no le pudieron prestar atención, Shon lo entendió, no era la primera vez, pero casi nunca pasaba, su padre era genético, y su tío era capitán en la Base Militar Los Andes, de Argentina, de vez en cuando llamaba para saludar, sin embargo, una semana que no lo hacía, lo que a Shon le preocupaba, pues su tío también había sido genético y tal vez tenía una explicación para lo ocurrido.
Shon subió a su habitación y se echó a dormir, sin embargo, no lograba conciliar el sueño por todo lo que había ocurrido el día anterior.
Fecha: 15 de Julio, 1995.
Lugar: Londres, Nothing Hill
Una niña de cabello negro y ojos celestes se encontraba mirando entretenida la televisión en la sala principal de su casa. Estaba viendo caricaturas que la hacían reír bastante, y no estaba cansada aunque ya era bastante tarde.
Aprovechando que su madre se había ido a dormir hace rato, se había escabullido a la sala. Además de esa forma podía esperar a su papá, quien aún no regresaba.
La puerta principal se abrió, dando paso a un hombre que se esforzaba por mantenerse en pie. Entró y de casualidad no se llevó nada puesto, porque estaba seriamente mareado.
Sarah al verlo corrió rápidamente hacia él, para saludarlo: al fin su papá había regresado a casa.
- ¡Llegaste!- festejó mientras lo abrazaba, ya eran varias veces que su padre se iba y no volvía a verlo hasta la mañana siguiente. Por eso hoy se había quedado despierta, quería recibirlo.
- ¿Qué haces levantada a esta hora?- preguntó bruscamente, sin corresponder el gesto.
- Te esperaba, claro.- repuso ella, zanjando la cuestión. De pronto se percató de algo extraño, su padre traía consigo un fuerte olor que le producía algo de repulsión y una botella en mano.- ¿Qué es esa botella?-
- No te metas.-
- Pero papá, te ves como un dibujito que estaba viendo en la tele que se tambaleaba. Creo que lo llamaron borracho…-comentó como si nada ella, pensativa.
- ¡Te dije que no te metas!- gritó su padre, pegándole una fuerte bofetada que la tiró al piso: sin más se fue a su habitación.
La pequeña de cabello negro se llevo una mano a su cara, palpando el golpe y sintiendo ardor. Un fino hilo de sangre corrió por su labio inferior. No pudo evitar llorar. Esa fue la primera de muchas otras veces en las que salía golpeada. Ahí entendió que su padre era un alcohólico y violento. Desde ese día soñó con poder escapar un día y no dejarse lastimar nunca más.
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Fecha: 20 de Marzo, 2007
Lugar: Canadá, Montreal.
Una joven de diecisiete años volvía con pasos apresurados. Miraba su reloj constantemente, como si con eso fuera a lograr un cambio en la hora. Llegó finalmente a destino, admiró la paz de su casa que de solo verla denotaba una belleza clásica y digna de buen gusto: su tía si que sabía lo que quería al momento de comprar algo.
Entro intentando hacer el menor ruido posible, lo cual afortunadamente logró exitosamente. Después de todo su tía Ángela, como ella, tenía su habitación en el segundo piso y nunca había sospechado de sus escapadas. Subió las escaleras silenciosamente, casi como si tuviera la habilidad felina de desplazarse con cuidado.
Ingresó a su habitación, y se cambió la ropa. Su pequeño entrenamiento había tomado demasiado tiempo esta vez. Pero según Greg, estaba mejorando mucho. Ya dominaba la defensa personal, podía pelear tranquilamente contra hombre más grande que ella.
Ahora estaba usando armas, por amor a la práctica según ella aunque era por protección total: nunca sabía lo que podía pasar. De a poco iba logrando sus objetivos, aunque era complicado.
Se acostó y suspiró: mañana en la mañana sería la misma dulce y buena Sarah que su tía merecía. Nada de la luchadora secreta. Ella era amable con todo aquel que le inspirara confianza.
- ¡Llegaré tarde!- exclamó la morocha, bajando las escaleras apresurada.
- ¿Y lo raro es…?- inquirió su tía, con naturalidad. La mujer se encontraba preparando el desayuno, y a pesar de no estar hace mucho levantada, lucía impecable y como siempre, elegante.- Oh, cariño… Te ves preciosa así…-
- Como te veías tú cuando animabas a tu equipo.- contestó ella, sonriendo. Miró su uniforme de porrista, actividad que realizaba más que nada para pasar aún más tiempo con Brooke, si es que eso era posible.- Aunque no encuentro mis tontos pompones.-
- Ya los puse en tu bolso, srta. Olvidadiza.- repuso la mujer, divertida.
- ¡Gracias!- le dio un cariñoso beso en la mejilla y tomó una manzana.- Debo irme o Brooke va a matarme…-
- De acuerdo. Recuérdale a mi otra niña…- dijo Ángela, haciendo referencia a su mejor amiga.-… que la espero hoy para cenar con nosotros, Greg también vendrá.-
Porque claro, Greg no era solo su entrenador secreto, era el pretendiente de su tía. Como si todo esto fuera poco, era un viejo amigo de los padres de Brooke. Sarah esperaba que pronto alguno de ellos diera el primer paso y finalmente terminara el romance platónico para ser uno real. Así tendría la familia que quería… Una completa, una que no perdería.
- Le diré entonces.- tomó su bolso.- Lo mejor será que…-
- Sarah, cariño… ¿Cuándo vas a presentarme a tu maravilloso novio?- preguntó su tía, sonriente.
- No tengo novio, tía…- respondió la chica, suspirando resignada: aquella mujer era como su madre, pero con un toque de libertad suprema para preguntar todo tipo de cosas que le provocaban curiosidad sin inmutarse.
- Deberías buscar uno. Hay tantos chicos guapos por ahí…-
- Pues no he conocido ninguno que pueda conmigo.- repuso la joven, divertida.- Mejor me voy. ¡Nos vemos más tarde, tía!-
Se dirigió a la puerta y abandonó su casa. No pasaron ni cinco minutos que su mejor amiga ya frenaba frente a ella en su auto. Le abrió la puerta, permitiéndole ingresar. La joven depositó su bolso en el asiento trasero y posteriormente se acomodó en el asiento de acompañante.
- Llegas tarde…- comentó, fingiendo estar ofendida.
- Me lo dices tú que siempre te quedas dormida.- la burló Brooke, divertida.
Por esto era que quería tanto a su mejor amiga, porque ella era capaz de distenderla de cualquier cosa mala que rondara por su mente, siempre le conseguía una sonrisa. Si bien algunas veces sentía que su casi hermana le ocultaba algo, prefería ignorarlo: no quería perderla bajo ningún concepto.
Por eso se preparaba tanto, si por cada herida debía ser el doble de fuerte... Debía también ser fuerte para proteger a los que más amaba.
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Fecha: 20 de marzo de 2007
Lugar: Base Militar Los Andes, Argentina.
Hora: 5:00 am.
-¿Y bien?- preguntó el muchacho rubio que se encontraba sentado sobre una enorme caja de madera.
-¿Y bien qué?- respondió su compañero mientras lanzaba una fugaz mirada hacia la oscuridad. El frío era insoportable, a esas horas de la mañana el clima en la montaña era sencillamente el peor.
-¿Hablaste con el teniente?- dijo el muchacho algo exasperado, su amigo sabía perfectamente que era lo que él estaba preguntando.
-Tuvimos una especie de charla- respondió por fin el aludido, después de encender un cigarrillo y dejar que el humo describiera un círculo en el aire. La verdad es que el vaho que salía al hablar de sus bocas, nada tenía que ver con el cigarrillo.
-Bien, ¿y qué dijo?- insistió mirando a su compañero.
-Nada muy importante.
-Shane déjate con vueltas- dijo por fin Jorge- ¿Crees que me gusta tener que preguntarte treinta veces las cosas?, ¿o preferirías que me dirigiera a ti como Teniente Shane Peter West?- preguntó algo fastidiado.
-No, sabes que tú sólo puedes llamarme por mi nombre- replicó Shane con una sonrisa- Ok, ¿qué quieres que te diga? El teniente me sigue odiando tanto o más que antes, sobre todo después de mi ascenso.
-Puedo imaginarlo, no debe haber estado muy feliz.
-No, la verdad estaba furioso, pero el capitán Díaz no dio su brazo a torcer y logró mi nombramiento.
-Puedo imaginar al teniente Vasquez cuando se enteró de tu nombramiento- dijo Jorge sonriendo- Bien que se debe haber tragado unos cuantos insultos.
-Muchos- respondió Shane- Y como ahora probablemente no podrá seguir con sus catigos- agregó recordando el infierno que había sido su vida al llegar al instituto. El teniente Vasquez se había ensañado con él desde el principio, haciéndole pasar las peores situaciones, pero había sido justamente eso lo que lo había llevado a superarse, a soportar los castigos y llegar a ser el mejor. Había decidido a no dejarse vencer nunca por aquellos que querían hundirlo.
-Pues por más que diga lo que diga, no puede negar que el lugar te lo ganaste de pleno derecho Shane, desde que entraste aquí ese tipo no te dejó en paz un minuto y lo que hiciste en aquella misión fue increíble.
-Sólo tuve... suerte- dijo el muchacho de cabello oscuro intentando evitar cualquier halago. Le gusta que lo halagaran, de eso no había duda, pero el problema venía cuando las preguntas de ¿cómo hiciste para ...? aparecían y él no tenía respuestas para dar. Por lo menos no respuestas que los demás estuvieran dispuestos a escuchar, o a creer.
-Yo no lo creo- replicó Jorge- Desde que entramos aquí, ¿seis años ya?, has ascendido más rápido que ninguno, yo sólo sigo siendo sargento primero, y Carlos, Roberto y Paulo se quedaron como cabos primeros...
-A cada cual lo suyo- dijo Shane a modo de respuesta. Miró hacia el horizonte, entre los picos más alejados de las enormes montañas nevadas, el sol amenazaba con su aparición.
-¿Nevara hoy?- preguntó Jorge.
-Puedes apostar a que si- respondió él poniéndose de pie- Vamos, mejor dejemos este trabajo a algún cabo novato y nos vamos a tomar unas cervezas...
-Me parece excelente idea mi Teniente- dijo Jorge acentuando las palabras mientras sonreía.
Shane se apresuró a buscar alguien que los relevara de su puesto y ambos amigos se dirigieron a una destartalada casucha de madera que se alzaba a un costado del campamento. Era el bar del lugar, si a eso podía llamársele bar. Simplemente era una habitación de madera con algunas mesas, destartaladas sillas y por supuesto una barra donde se podían encontrar algunas bebidas alcohólicas de las más fuertes, o un buen vaso de cerveza.
-Ricardo- saludó Shane al hombre gordo que estaba detrás de la barra. El lugar, a pesar de ser temprano, estaba bastante lleno. Algunos soldados directamente habían pasado la noche allí, entre vasos llenos de alguna bebida.
-¡Teniente!- respondió el hombre ensanchando una cálida sonrisa- ¡Felicitaciones!- agregó estirando su mano para dársela a Shane- Me enteré de su ascenso.
-Gracias Ricardo.
-Esto merece un brindis ¿verdad?- preguntó el hombre sacando una botella de wisky.
-¡Por supuesto!, una ronda para todos, invito yo- dijo Shane logrando un vitoreo general por parte de los muchachos que ya se habían acercado a saludarlo.
-No, esta vez invito yo- respondió Ricardo mientras los vasos comenzaban a correr sobre la barra.
-Dígame teniente- dijo un muchacho alto y pelirrojo que se acercó a Shane con una sonrisa junto con otro muy parecido a él- Con mi hermano estábamos un poco preocupados ahora que ya tiene un buen rango…
-¿Y por qué la preocupación David?- preguntó Shane.
-Porque ahora ya no nos acompañará a nuestras salidas al pueblo en busca de algunas amigas ¿verdad?, tiene que guardar su buen nombre…- respondió el pelirrojo mientras su hermano le hacía eco.
-Pues ¡eso no cambiará!- respondió el nuevo teniente levantando la copa.
-¡Así me gusta!- dijo David- Aunque después de la chica de este fin de semana no me extraña que se resigne a las salidas…- agregó con una sonrisa.
-Estaba buena ¿verdad?- dijo Jorge.
-¡Buenísima!- respondió el pelirrojo- Ahora pensándolo mejor tal vez debas quedarte aquí nomás, así no nos sacarías las más buenas a nosotros.
-Justamente por eso no voy a dejar de ir- dijo Shane sonriendo.
El sol bañó las montañas y los soldados festejaron dentro de aquel pequeño bar. Una vez cada mes tenían permiso para bajar al pueblo más cercano y pasar el fin de semana. Por supuesto que todos corrían a buscar un verdadero bar, buena música y por supuesto lo que todo grupo de hombres que vive apartado entre montañas quiere: mujeres.
De pronto la destartalada puerta se abrió y un hombre entró al local.
-¿No es muy temprano para andar tomando?- preguntó en tono enfadado, después se volvió hacia Shane y clavó sus ojos en él- Debí imaginarlo, teniente West- dijo con desprecio- ¿Acaso su tropa no tiene otra cosa mejor que hacer?- preguntó.
-La verdad señor- respondió el aludido- Como saldremos en misión dentro de unas horas, prefería dejarles la mañana libre a mis soldados.
-Típico de usted- respondió Vásquez- Si su tropa sigue tomando de esa forma irán a la misión tan borrachos que no podrán siquiera saltar del helicóptero.
-No se preocupe Teniente Primero- dijo Shane poniéndose de pie y acercándose al hombre- Mis hombres estarán tan preparados como siempre y serán tan eficaces como lo han sido todo este tiempo.
-Alguna vez las cosas te saldrán mal muchacho- dijo el teniente en voz baja- Y yo estaré ahí para verte caer…
-Y también estará para verme levantar teniente- le dijo Shane- A mi y a mis muchachos- agregó devolviéndole la mirada con furia. Intentó contener el odio que aquel hombre le inspiraba, sabía que no debía enojarse o algo podría pasar. Sin embargo antes de que se diera cuenta una botella q estaba sobre la barra estalló. El Teniente primero dio un espingo y luego salió del local, no sin antes amenazar a Shane con la mirada.
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Fecha: 13 de agosto de 1991
Lugar: Buenos Aires, Argentina.
-¡No sé que sucede Peter! Shane no responde- dijo desesperada Susana.
-¿Cómo que no responde?- preguntó el hombre alto y con cabello oscuro poniéndose de pie.
-Fui a despertarlo y no responde, parece desmayado- respondió ella desesperada.
Ambos se dirigieron al cuarto de su hijo y Peter se acercó a la cama. Colocó una mano sobre el brazo del niño y lo movió, pero el pequeño ni siquiera se inmutó.
-¡Shane!, ¡Shane!- dijo desesperado- ¿Puedes oírme?
Nada. Inmediatamente se armó un revuelo en la mansión. Los padres corrieron hacia el auto y partieron rápidamente hacia la clínica infantil.
No había mucho que hacer Shane de pronto había entrado en coma y los médicos no tenían idea de a que podía deberse. No había golpes, ni contusiones que pudieran haber provocado un derrame cerebral, sin embargo el encefalograma del niño era de lo más raro. Parecía como si el cerebro de Shane se estuviera agrandando en forma extraordinaria.
-Si esto sigue así- explicó el médico- Pronto su cráneo será demasiado pequeño para contener su cerebro.
Los padres no quisieron oír más, ambos estaban destrozados y la desesperación se apoderó de ellos. Entonces sobrevinieron las convulsiones, el niño se vio atacado por ellas durante toda la noche y los médicos dieron pocas posibilidades de vida.
La mañana siguiente el hospital se revolucionó cuando Shane despertó como si nada hubiera pasado.
-¿Qué sucedió mami?- preguntó el pequeño al ver a su madre llorar de alegría.
-Nada cariño, nada- respondió esta- Ahora estás bien, ¿cómo te sientes?
-Perfectamente.
Y así era, el niño estaba en perfecto estado. Los médicos se asombraron al hacer los estudios y notar que no sólo su cerebro había vuelto a su tamaño normal, sino que ninguna secuela había quedado en el cuerpo de Shane.
Después de esto las cosas cambiaron un poco. Shane se volvió débil, su cuerpo era frágil y contraía rápidamente las enfermedades. Su madre no se quedó quieta, se movió por todo el mundo con el muchacho para visitar a los mejores especialistas, pero ninguno pudo explicar nunca el extraño suceso.
Al poco tiempo de que Shane estuvo internado también comenzaron a pasar extrañas cosas en la casa. Donde él se encontraba las cosas se movían, volaban e incluso estallaban. Si la enfermedad fue lo que exaltó a su madre, fueron las extrañas habilidades que el niño parecía estar desarrollando lo que llamaron la atención de su padre y despertaron los celos de su hermano Roger, que pasó raudamente a ocupar el segundo lugar de la casa.
Sin embargo Shane pronto fue recuperando su salud. Susana se dedicó a hacerle practicar mucho ejercicio y el niño logró vencer su baja inmunidad para pasar a tener una vida saludable y sana.
Pero mientras su cuerpo mejoraba, también lo hacía su poder. A medida que fue creciendo se le fue haciendo cada vez más difícil controlar las cosas que pasaban a su alrededor y así llegó aquel trágico día en que Susana murió. Por su culpa.
*20 de marzo del 2007*
-¿Teniente?- preguntó una voz abstrayéndolo de sus pensamientos- Shane ¿escuchas?
El muchacho se volvió hacia su amigo pero casi sin prestarle atención. Hacía mucho tiempo que recordaba cada día el momento en que aquellos extraños acontecimientos habían pasado. ¿Qué enfermedad había tenido que le había afectado el organismo de tal manera? Él apenas tenía cinco años aquella noche en que cayó en estado comatoso, pero sin embargo aún podía recordar lo que había sentido.
-Dime Jorge- respondió por fin intentando enfocar la atención en su amigo.
-El capitán Díaz te llama- le dijo este- Te ha estado buscando, imagino que debe ser por lo de la misión.
-Si, debe ser por eso- respondió Shane levantándose de su litera y saliendo de la tienda.
La situación era complicada. Hacía unos años que la crisis por la que pasaban los países latinoamericanos había llegado a un punto crítico. El gobierno de Estados Unidos había presionado demasiado, creyendo que lograría su cometido, pero sólo había logrado una declaración de guerra en la mayoría de los países latinoamericanos. Ahora Argentina se encontraba en medio de una absurda guerra con uno de los países más poderosos del mundo y ayudado sólo por el gobierno chileno que enviaba refuerzos. Estaban perdiendo, por supuesto, aquello era ridículo porque la tecnología de armas que tenían los norteamericanos, definitivamente no la tenían los argentinos.
Shane hubiera deseado encontrarse muy lejos de allí, de las fronteras por donde penetraba el enemigo. Aquella era una guerra ridícula que terminaría mal, y él no quería perder nada por una causa que sabía imposible. Sin embargo había entrado al colegio militar a los quince años y ya no había nada que pudiera hacer.
Ahora las cosas se habían complicado, tenía en sus manos un sobre que contenía los papeles donde se acusaba de traidor al Teniente Mayor Velásquez, y él debía dárselo al Capitán, sabiendo las consecuencias que aquello traería.
Después de una corta charla, con muy pocas explicaciones para dar, Shane entregó el sobre a su capitán y se marchó a su tienda. Apenas pudo dormir unas horas recostado en su litera, y cuando sintió algunos ruidos en el campamento, se levantó preparado para la misión que le habían encomendado.
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Fecha: 21 de marzo del 2007
Lugar: Casa de Shon
Personajes: Shon, Abel, los padres de Shon
Shon había invitado a su nuevo amigo, Abel, a su casa, se suponía que debían entregar una tarea al día siguiente, y debían trabajarla juntos, su padre no había ido a trabajar pues estaba enfermo, sin embargo, estaba sentado en la sala viendo la televisión, el canal donde pasaban todo sobre el ejército peruano, su padre era capitán de una base militar, pero estaba en Lima por un mes, pues tenía unos asuntos que arreglar.
—No puedo creerlo —decía—. El gobierno de los Estados Unidos quiere tenderle una trampa a Argentina.
—¿No es ahí donde está mi tío… digo el capitán Díaz? —preguntó Shon, a su padre no le gustaba que llamaran Tío a su hermano, exigía respeto por él, su hermano, Arnaldo Díaz, era capitán en la Base Militar los Andes, que estaba en Argentina, y por ende, ambos hermanos estaban unidos, y el padre de Shon podría hacer que Perú ayudara a Argentina.
—Sí —respondió bruscamente su padre—. Debo ayudarlo a como de lugar, no puedo permitir que Estados Unidos le ponga una trampa a Argentina.
—Pero así sería peor, la base militar contraatacaría sin alguna razón, y todos los países se pondrían en contra de Argentina —intervino Shon—. ¿Qué no tenían un arma secreta, un muchacho con poderes llamado Shane?
—Oh West, sí, sin embargo es débil, no sabe controlarlos, y ni siquiera sabe que no ignoramos su poder —respondió el padre de Shon.
—Pero pueden hablar con él —intervino Abel.
—No, pensaría que somos unos traidores y mentirosos, creerá que realizaremos experimentos genéticos con él —dijo el padre de Shon.
—Ese tal Shane es la única esperanza —replicó la madre de Shon.
—No querida, aún tenemos a alguien más —dijo el padre Shon—. Shane no es el único que tiene poderes, hay más como él.
—¿Y por qué no los unen a todos para acabar con esta guerra? —propuso Shon.
—¡No seas tonto, hijo! —dijo el padre de Shon—. Sólo lograríamos que se enfrenten entre ellos, ellos no confían en nadie.
—Papá, la verdad, tengo que decirte algo —empezó Shon—. Verás, ayer, en la escuela, me sucedió algo extraño, estábamos en la clase…
—¡Silencio! —dijo su padre, todos escucharon lo que decían en la televisión.
—Al parecer, la base militar Los Andes, ha decidido declararle la guerra al gobierno de los Estados Unidos, en este momento nos hayamos en la base —dijo un reportero acercándose hacia el tío de Shon, el padre de Shon informó a la familia que era minutos antes de una misión—. Señor, señor, Capitán Díaz, ¿cómo cree usted que terminará esta guerra?
—Tenemos algo que el gobierno de los Estados Unidos no tiene, un arma secreta —dijo el tío de Shon.
En ese instante todos divisaron a un muchacho militar, el padre de Shon lo identificó como Shane, que se preparaba para salir a una misión con un grupo de militares.
—Teniente West, Teniente West, ¿podríamos preguntarle algo? —preguntó el reportero—. Es para el noticiero de las tres de la tarde.
—No voy a hablar —respondió Shane.
—Es muy educado —observó Abel.
—Mi papá no nos ha querido decir qué poder tiene Shane —le dijo Shon a Abel entre susurros, para que sólo su amigo lo oyera.
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Fecha: 21 marzo del 2007
Lugar: Texas, Dallas, Casa de la familia Owen
“Las nuevas noticias desde la base militar Los Andes; al parecer la base ha decidido declararle la guerra al gobierno de los Estados Unidos, en este momento nos hayamos allí…”
- ¡Vaya por Dios!, otra vez en guerra, mierda gobierno en el que...
- Buenos días Papa – interrumpió su hija dándole un dulce beso en los labios – no te quejes tanto del gobierno porque no puedes hacer nada
- ¿Que modales son esos jovencita? No debes interrumpir a tu padre…
- Y tu no debes decir palabrotas ^^, me voy porque ya llego tare y tengo un examen ’’
- Vale, nos vemos luego cariño, pero coje una tostada que no has almorzado nada
La chica sin decir nada se zampa una tostada antes que su padre la regañe y sale corriendo por la puerta haciéndose una cola para poder luchar contra el viento.
Su pelo rubio se mueve de manera ajetreada, cruza la calle, y de repente recuerda que se ha dejado su uniforme de cheerleader en casa, pero cuando vuelve a cruzar…
…..
- Dios, santo, ¿es que no mira por donde va?
- ¡Dios! ¿Esta bien señorita? – Un hombre sale corriendo del coche intentando ayudar a Sharon cuando se da cuenta que algo le pasa en la pierna
- Si estoy bien, pero podría no estarlo, ¿es que le han regalado el carné o que? ¿Oiga? Que le pasa a mi pier… AAAGHH!!
La pierna sangraba, sangraba muchísimo, y uno de los huesos salía como un pincho abriéndose paso entre la carne.
Era horrible, pero… no le dolía, no sentía nada. Es más parecía que, el hueso volvía a su sitio solo y la herida se cerraba sin dejar rastro.
Los azules ojos de la joven buscaron desesperadamente los de aquel hombre pero ya no estaba, había subido a su coche y había huido.
Se levantó lentamente y empezó a andar con cautela esperando que le doliera, pero no fue así. La chica corrió desesperadamente hacia el su instituto, ya era la segunda vez que le pasaba una cosa así.
Las lágrimas le saltaban con el viento, y cuando llego al instituto no la dejaron entrar en clase porque era demasiado tarde.
Ese día no hizo el examen, la riñeron mucho en casa por haberse saltado esa clase, y aunque pedían explicaciones, ella no supo que decir así que subió a su habitación a cumplir su castigo sin abrir la boca.
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Fecha: 21 marzo del 2007
Lugar: Londres - Inglaterra
Hora: 6:00 AM
Yuna abrió sus ojos rápidamente, estos mostraban desesperación, al darse cuenta en donde estaba suspiro entre aliviada y resignada. Era la tercera vez que tenia pesadillas en esa semana, y todas eran sobre el accidente que sufrieron sus padres hace ocho años. No le extrañaba tener pesadillas por esas fechas, después de todo ese día era el aniversario de su muerte.
Se levanto a pesar de ser aun demasiado temprano para ir a la Universidad, el día que Yuna había cumplido la mayoría de edad lo primero que se dio el lujo de hacer fue comprarse un departamento cerca de la Universidad, odiaba vivir con su tíos, es mas odiaba a toda su familia, todos ellos pensaban que podían manipularla a ella como quisieran, pero ese día se dieron cuenta que ella no sería su títere nunca más. Se vistió sin apuros, para luego alistar su bolso. Bajo al primer piso done su chofer la recogió para llevarla al cementerio.
- Srta. Ludocov, la estaré esperando-dijo el chofer mientras abría la puerta del auto para que Katia pudiera salir.
- No te preocupes, hoy día me entregaban mi auto por lo que ya no tendrás que venir a recogerme todas las mañanas, es más me lo van a traer aquí, por lo que te puedes ir tranquilo a la mansión principal –dijo Yuna saliendo del auto y sonriendo un poco mientras hablaba, llevaba un ramo de orquídeas en sus manos, eran las flores favoritas de sus padres.
- Como usted diga Srta. Ludocov- dijo el chofer mientras se subía al auto y se alejaba del lugar.
Yuna entro al cementerio, y empezó a pasear entre las tumbas hasta que llego a la de sus padres. En ella se podía leer la dedicatoria:
Yuri y Azura Ludocov
Que en paz descansen
Su hija y familiares nunca los olvidaran
A Yuna le parecía la lapida mas hipócrita de todo el cementerio, la familia ni bien pasaron unos días, prohibieron que se hablara del tema y no se volvió a mencionar sus nombres nunca más en la mansión, tampoco le dejaban visitar su tumba, esta era la primera vez que venía después de su entierro.
Deposito el ramo de flores entre las dos tumbas, y se quedo observando la tumba mientras algunas lágrimas se deslizaban por su rostro. Unos minutos más tarde borro todo rastro de lagrimas que pudiera haber habito y se dirigió a la salida del cementerio. Una vez hay pudo ver que su auto ya estaba hay junto al agente auto mobiliario quien solo le entrego las llaves del auto para luego irse.
Se subió al auto y manejo hasta uno de los cafés de la ciudad, debía de desayunar antes de ir a la universidad. Decidió ir a uno que no se encontraba muy lejos de la Universidad se llamaba “The Dragon”. Estaciono el auto y entro al café, el lugar era muy acogedor, le gustaba ir hay cada vez que podía, se sentó en una mesa cercana a los ventanales, desde ahí se podía observar todo lo que pasaba afuera, pidió un capuchino y decidió tomarse su tiempo en ese lugar antes de ir a estudiar.
Yuna no se caracterizaba por tener muchos amigos, a pesar que atraía la atención de los chicos, nunca había tenido un noviazgo demasiado serio ni largo, a decir verdad nunca se había enamorado. Su familia se había encargado de alejar a las personas que no consideraba adecuadas para ella, hubo un tiempo que lucho contra eso, pero después de un tiempo se rindió y dejo que su familia hiciera lo que quisiera, siempre le arreglaban citas con hijos de familias adineradas o que tenían poder político, a pesar de poder controlar a las personas raramente utilizaba el poder ya que lo consideraba un desperdicio de tiempo al utilizarlo con sus familiares, estaba segura que pesar de su independencia, su familia le arreglarían algunas citas pero estaba seguro que ahora serian menos.
Cuando al fin salió de sus pensamientos, Yuna se dio cuenta que ya le quedaba poco para que comenzaran sus clases, pago la cuenta y se dispuso a conducir hasta la Universidad, una vez hay estaciono su auto y después de ver su horario se dirigió hacia la clase que le tocaba. Al llegar vio que los alumnos se encontraban dentro del aula al igual que el profesor, entro por la puerta ubicada al final del aula, y después de saludar al profesor se dispuso tomar asiento y empezar a atender a la clase.
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Afuera el caos era palpable. Ya habían llegado los reporteros para informarse sobre la situación de la guerra entre Argentina y Estados Unidos. Escuchó como todos daban distintas versiones del caso, incluso información errónea al decir que la guerra acababa de empezar.
-Esta guerra lleva mucho tiempo gestándose, sólo que nadie quería verlo- se dijo Shane mientras juntaba a sus soldados y se preparaban para la misión.
-Justo hoy tenían que venir- dijo la voz del capitán a su lado.
-Siempre en el momento menos oportuno- respondió el muchacho después de saludar al capitán Díaz con el típico saludo militar.
-Así es, tengo demasiadas cosas de que ocuparme ahora- respondió el hombre. Se lo veía cansado y algo triste, era predecible después de la noticia que Shane le había dado hacía apenas unas horas.
-Lo sé mi capitán, y me gustaría estar aquí por si se presentan problemas- dijo el joven teniente mirando fijamente a aquel hombre. La verdad es que Shane sentía un gran cariño por Arnaldo Díaz, éste había sido el único que había confiado en él desde el primer momento, que lo había apoyado incondicionalmente ante los abusos de Velásquez y que en definitiva había ocupado el lugar de su ausente padre.
-No te hagas problema muchacho- dijo Arnaldo- Todo estará bien, será una charla que terminará con algunos gritos y después el Teniente será detenido- agregó- Tú tienes una misión que cumplir.
En ese momento uno de los periodistas detuvo al capitán y éste no pudo negarse a conceder una pequeña entrevista.
—Al parecer, la base militar Los Andes, ha decidido declararle la guerra al gobierno de los Estados Unidos, en este momento nos hayamos en la base —dijo el reportero acercándosela capitán—. Señor, señor, Capitán Díaz, ¿cómo cree usted que terminará esta guerra?
—Tenemos algo que el gobierno de los Estados Unidos no tiene, un arma secreta —dijo el hombre esbozando una sonrisa.
-Si claro, todos deben creerse eso- pensó Shane. Pero en ese momento la cámara se posó en él y el reportero se acercó dispuesto a disparar alguna de sus preguntas.
—Teniente West, Teniente West, ¿podríamos preguntarle algo? —preguntó—. Es para el noticiero de las tres de la tarde.
—No voy a hablar —respondió Shane fríamente.
-¿Cree que hay posibilidades de que la Argentina gane?, ¿cuál es el arma secreta de la que nos comentaba el capitán?, ¿tiene que ver con la misión que va a levar a cabo ahora usted con sus solda…?- acribilló a preguntas el reportero, pero no pudo terminar porque Shane se alejó unos pasos hacia su tropa.
-Tengo una misión que cumplir- dijo al reportero dejándolo con la palabra en la boca.-¿Listos?- preguntó mirando a sus soldados.
-¡Si mi teniente!- gritaron todos al unísono. Era un grupo de seis soldados, los mejores de su tropa, que habían sido elegidos para espiar una base clandestina que se encontraba a varios kilómetros de allí. Temían que se tratara de una base norteamericana que estaba pasando información a sus tropas, seguramente no muy lejos de allí.
-Como siempre- dijo Jorge a su lado esbozando una sonrisa.
-¡Entonces vamos a por ellos!- respondió Shane devolviéndole la sonrisa a su amigo.
Se colocaron los chalecos antibalas y sus cascos y subieron a un helicóptero que los esperaba. Mientras éste emprendía vuelo el muchacho pudo ver al capitán que lo saludaba desde tierra.
Llegaron al lugar indicado en aproximadamente una hora y media. El helicóptero no podía dejarlo demasiado cerca ni bajar a tierra, así que se tiraron en paracaídas cerca del lugar indicado y luego siguieron a pie. Se apostaron entre unas rocosas montañas desde donde tenían una perfecta misión de la base clandestina y se dispusieron a vigilar desde allí.
Shane distribuyó al grupo en tres grupos de dos hombres y los envió a puntos estratégicos.
-¿Crees que realmente allí hayan norteamericanos?- preguntó Jorge a su amigo.
-Si, creo que están allí espiando con cuatro ojos cómo hacer para destruirnos- respondió el muchacho con una franqueza increíble. Jorge se asombró ante aquellas palabras pero no dijo nada, se limitó a colocarse los binoculares y observar el lugar.
-Parece vacío- replicó al cabo de unos minutos.
-Pero eso no quiere decir que lo esté- fue la simple respuesta del teniente.
Pasó gran parte de día sin señales de vida en aquella base. Ninguno de los tres grupos vio ningún tipo de movimiento, sin embargo Shane no quería marcharse de allí sin estar seguro, y algo le decía que aquello no era lo que parecía.
-Voy a acercarme- dijo cuando ya había caído la tarde- Si no hay nada, nos marchamos- agregó.
La base era bastante antigua, allí había operado hacía varios años un operativo secreto de armas nucleares que, por supuesto, había sido eliminado del mapa y del recuerdo de todo aquel que hubiera participado. Se escabulló en silencio entre los escombros hasta llegar al edificio principal que era el único que seguía en pie. Una vez allí lo rodeó hasta llegar a una ventana que se abrió como por arte de magia.
Shane miró a través de ella y luego se introdujo al interior del edificio. Apenas dio unos pasos cuando unas voces llegaron a él.
-Las cosas se salieron de control caballeros- decía una voz que el muchacho no conocía, pero hablaba en español- El teniente Velásquez fue descubierto e irá a prisión.
-No podemos permitirlo- respondió otro con denotado esfuerzo. Era norteamericano.
-Tranquilos, él se está encargando de la situación con otros hombres que le son incondicionales- respondió el primero- En cualquier momento llegará la noticia de que el capitán Díaz fue eliminado y estaremos seguros, Velásquez tomará el poder de la situación porque es el que le sigue en rango.
En ese momento se sintió un sonido ahogado y luego la inconfundible voz del teniente Velásquez.
-Roger, Paul… ¿…alguien allí…?- la sintonía era pésima y las palabras se oían cortadas, pero se entendía lo que decía.
-Aquí teniente, aquí estamos- respondió el que hablaba castellano- ¿Qué noticias hay?
-… capitán Díaz… escapó…- se sintió la respuesta del otro lado- … herido…
-No se preocupe ahora mismo enviaré hombres para que lo encuentren.
-¡Ha ido para allá!- gritó Velásquez, ahora se escuchaba a la perfección- Al parecer hay una tropa en misión cerca de las montañas, investigando la base. Entre ellos está el teniente West!- agregó.
-¿West?- preguntó el norteamericano- He is…
-Lo sé, lo sé, no pierdan más tiempo- cortó un furibundo teniente- Necesito el cadáver del capitán Díaz hoy mismo y al maldito de West, vivo o muerto, como quieran pero tráiganlo… a los demás mátenlos!
Shane no quiso escuchar más. Se apresuró a salir de allí y se dirigió a la carrera hacia donde se encontraba su amigo Jorge.
-¡Escúchenme todos!- dijo apenas llegar tomando el intercomunicador- ¡Aborten esta misión ya!- agregó- Todos al refugio 4-0-60-08- Repito, aborten, al refugio 4-0-60-08…
-¿Qué sucede Shane?- preguntó el militar que estaba a su lado algo contrariado por la actitud de su teniente.
-Escúchame bien Jorge- dijo éste volviéndose a su amigo- Estamos en graves problemas- agregó- -Haremos esto, toma tus cosas y escóndete en las cuevas que están en las montañas con los demás. Yo iré a reunirme con ustedes luego, pero no salgan de allí por nada.
-Pero Shane…- se opuso el otro.
-¡Es una orden soldado!- gritó el muchacho, a lo cual el otro respondió asintiendo levemente con la cabeza para luego recoger sus cosas y marcharse.
Cuando su amigo hubo desaparecido de su vista Shane se colgó el arma al hombro y dejó el bolso sólo con unas granadas. Escabulléndose entre las rocas volvió a acercarse a la base, al edificio principal y se escondió detrás de unas cajas, junto a la ventana.
-Bien, ahora vamos a ver qué son capaces de hacer- murmuró despacio. Se concentró entonces en ese momento las comenzaron a sentirse ruidos en el interior del edificio, ruidos de sillas corriéndose, muebles, puertas que se habrían y se cerraban. Los gritos de los que estaban en el interior no se hicieron esperar.
-¡Qué diablos…!- se sintió que gritaba un hombre- ¡Hay alguien aquí!- agregó. Corridas apresuradas, fuertes pisadas de soldados que bajaban rápidamente desde el piso superior. Shane contó que habría alrededor de veinte hombres allí.
Sin pensarlo rodeó el edificio dejando las granadas junto a las paredes, luego se detuvo frente a la puerta principal y la abrió de una patada.
-Señores…- dijo esbozando una sonrisa ante la mirada atónita de los soldados norteamericanos que no tardaron en apuntarlo con las armas. Reconoció entre ellos al teniente Cortés, había sido profesor suyo en la academia y ahora estaba allí traicionándolos, después de hablarle de la patria y las mil razones para morir por ella.
-West- susurró éste despacio, haciendo una seña para que no dispararan.
-Así es teniente Cortés, un placer verlo, aunque me hubiera gustado verlo en otras circunstancias para debatir con usted porqué morir por la patria lo convierte a uno en héroe- replicó el muchacho con sarcasmo.
-Si bajas esa arma podremos hablar tranquilos- respondió éste.
-No, creo que no lo haré, me llegó el rumor de que me estaban buscando y decidí venir, ¿no era eso lo que querían?- preguntó. El hombre se puso pálido ante aquellas palabras.
-Se que hay más soldados contigo, ¿dónde están?, será mejor que los traigas aquí West, yo me encargaré que salgan vivos, sino no podré responder por lo que les suceda, hay soldados norteamericanos buscándolos allí afuera pero no responden a mis órdenes.
-No, lo sé, responden a Velásquez- dijo el muchacho- Así es teniente, estoy enterado de algunas cosas que imagino hubiera preferido siguieran ocultas- agregó.
-No ganas nada oponiéndote a nosotros- replicó el otro- Somos más y por muy bueno que hayas sido en tu entrenamiento no podrás contra todos- agregó desafiante.
-En eso está equivocado teniente, gano la certeza de haber obrado correctamente y no haber traicionado a mi patria por estos malditos- espetó Shane con asco- Le recomiendo que busque un buen refugio teniente, este edificio puede venirse abajo en cualquier momento-
Lo siguiente fue muy rápido. Shane hizo un rápido movimiento y todos los soldados se pusieron en guardia, dispuestos a dispararle. Entonces de pronto la puerta se cerró con un fuerte golpe, al igual que todas las ventanas y demás aberturas que se tapiaron con tablas.
Sin perder un segundo el joven teniente se apresuró a correr hacia las montañas, una vez allí se volteó a mirar el edificio y entonces éste… explotó. Las granadas que lo rodeaban quedaron de pronto desprovistas de sus ganchos y al cabo de diez segundos las paredes se desmoronaban.
Shane no se detuvo a ver el daño que había producido, rápidamente comenzó a correr hacia el lugar donde sus compañeros lo aguardaba, pero el sonido de un motor lo detuvo. Se ocultó entre las rocas y esperó hasta que vio aparecer una camioneta del ejército. Estaba dispuesto a dispararle hasta que vio quién manejaba, entonces se detuvo y salió para interponerse en medio del camino.
-¡Capitán!- gritó colocándose frente a la camioneta que se detuvo en seco.
-Shane…- la débil voz del hombre llegó a sus oídos y antes de acercarse supo que estaba herido.
-¿Se encuentra bien?- preguntó acercándose a él.
-No tanto como quisiera muchacho- fue la respuesta. Arnaldo se apoyó mejor en el respaldo del asiento del auto y respiró hondo. Shane pudo ver que sus manos tenían sangre y una ellas cubría una profunda herida en el estómago que sangraba profusamente.
-Lo sacaré de aquí- dijo el muchacho rodeando al capitán con sus brazos para ayudarlo a salir del auto.
-No Shane, no…- dijo éste- Ya es tarde para mí, pero tú debes escapar, hay tantas cosas que no sabes y yo debería haberte dicho…- agregó.
-Ya tendrá tiempo de decírmelas en otro momento, ahora debemos irnos de aquí…
-No, escúchame Shane, yo se quién eres tú- respondió el hombre hablando con dificultad- Sé de tu poder muchacho, no podré decirte cómo me enteré pero lo se desde hace tiempo, inclusive desde que entraste a la academia…
-¿Qué..?- preguntó el muchacho confuso ante aquella inesperada confesión.
-Sé de lo que eres capaz de hacer y por eso siempre he estado a tu lado. Siempre quise protegerte, sabía que ellos vendrían por ti…
-¿Quiénes?
-La NASA y el gobierno de Estados Unidos, ellos hace tiempo te buscan, su objetivo principal es encontrarte muchacho, ¿o acaso crees que esta guerra es casual?, hay mucho más de lo que imaginas en juego- explicó el capitán antes de lanzar un gemido de dolor.
-Debo sacarlo de aquí- dijo Shane intentando no prestar atención a las cosas que el hombre le decía.
-Escúchame, te están buscando, y harán cualquier cosa por encontrarte, inclusive que no te asombre si te culpan por mi muerte y vaya a saber que cosas más... debes irte de aquí, salir del país Shane y encontrar ayuda- dijo el capitán haciendo caso omiso a las palabras del muchacho. Respiraba con mucha dificultad, pero aún así sacó un papel del bolsillo y se lo entregó- Estas personas pueden ayudarte…- agregó casi sin fuerzas- Tú sabrás en quien confiar muchacho… pero no dejes que te atrapen…- susurró antes de cerrar los ojos. Shane se quedó perplejo, aún sostenía el papel manchado de sangre en la mano, no había tenido tiempo ni siquiera de abrirlo antes de que aquel hombre que se había comportado mejor que su propio padre, muriera.
Hubiera querido quedarse allí y darle una sepultura digna, pero en aquellos momentos sonidos de helicópteros lo sacaron del shock en que se encontraba. Sin poder siquiera pensar en la muerte del capitán Díaz se alejó de aquella camioneta y buscó el aparato para comunicarse con Jorge. Fue una conversación rápida en la que le dijo a su amigo que guiara a los demás soldados lejos de la base, que no se detuviera ante nadie y que buscaran refugio en la siguiente base del mapa que quedaba a varios días de camino. Jorge quedó más que confundido ante las palabras de Shane, pero no tuvo más remedio que aceptar las escuetas explicaciones que éste le dio y prometer que obedecería.
Luego se apresuró a abastecer su mochila con cosas que había en el camión y se la echó al hombro. Lo ideal hubiera sido poder usar la camioneta, pero llamaría demasiado la atención, así que tuvo que dejarla y caminar a pie. No detuvo su paso durante aproximadamente cinco y cerca de las ocho llegó a la carretera. Esperó apostado en la orilla mientras comía algunas galletas hasta que un camión se detuvo y se ofreció a llevarlo.
-¿Hacia donde vas?- preguntó el robusto hombre que manejaba.
-Hacia donde usted me acerque- respondió Shane.
-Yo llevo estas mercaderías a Chile- dijo el hombre.
-¿Chile?, perfecto, me contentaré con que me deje en la primer ciudad chilena que pasemos.
-Voy a Viña- respondió el camionero- ¿Te parece bien allí?
Shane asintió en silencio y luego se echó hacia atrás en el asiento mientras dejaba que el sueño lo venciera. Despertó cuando el camión se detuvo en la aduana. El dueño del camión bajó a mostrar sus documentos.
Desde el comienzo de la guerra con Estados unidos, cruzar las fronteras se había vuelto un verdadero dilema. El gobierno había distribuido unas tarjetas magnéticas con los datos de cada ciudadano y las cuales, al pasar por una computadora, bajaban toda la información necesaria sobre la persona. Quién era, dónde trabaja, qué hacía, cuántos hijos tenía, etc. Todo estaba allí y cualquier información dudosa era motivo para una detención. Cada tarjeta tenía el permiso o no para que el ciudadano cruzara la frontera y de seguro la que Shane tenía ya debería estar avisada para que no lo dejaran salir.
Shane tomó la tarjeta se la entregó al uniformado que rápidamente la pasó frente a un monitor. Unas letras verdes aparecieron: "PROCESANDO BASE DE DATOS". El muchacho clavó sus ojos en la computadora y no los apartó de allí. La pantalla del ordenador titiló unos segundos, como queriendo apagarse, y luego las letras verdes fueron cambiadas por otras :"ACCESO PERMITIDO"
-Bien Sr. Ferrari- dijo el uniformado- Tiene permiso de entrada para el día de la fecha hasta dentro de una semana.
-Perfecto, no necesito más- dijo Shane esbozando una sonrisa satisfactoria mientras firmaba el papel que le daba. Estaba descubriendo con asombro hasta donde era capaz de llegar su poder. Ahora nadie lo detendría hasta averiguar qué había detrás de todo esto.
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que ver con la misteriosa desaparición de su tío, el capitán Díaz.
Cuando llegó a la escuela, lo hizo a duras penas, nadie lo observaba, algunos sí, otros no, como lo hacían normalmente, las chicas más populares de la escuela pasaban a su lado con aire de grandeza, sin siquiera mirarlo, Shon puso su pie delante de ellas justo cuando pasaban a su lado y el pasillo se llenaba de gente, las tres chicas cayeron de bruces al suelo, Shon se apresuró a salir de allí conteniendo la risa, ahora tenía la clase de debates sobre la guerra entre Argentina y Estados Unidos.
El salón estaba atestado de gente, no solo los compañeros de Shon, sino también padres de familia que hacían un escándalo intenso, Shon intentó abrirse paso entre la multitud hasta entrar al salón, alguien lo jaló por el brazo, era Abel, Shon lo observó, estaba totalmente pálido y tenía los ojos llorosos.
-¿Qué pasa? –preguntó Shon con algo de desesperación.
-Es tu tío –susurró Abel, las lágrimas corrían por sus mejillas-. Hallaron su cuerpo esta mañana… murió el día de ayer.
-¡¿Qué?! –Shon sintió cómo su cuerpo comenzaba a arder de furia, tenía los puños cerrados-. ¿Cómo pasó?
-No lo sé, dicen que lo mató un tal Shane Peter West, viejo teniente de la Base Militar de los Andes, en Argentina –respondió Abel-. Dicen que era un terrorista, y que su plan era espiar la base, pero el capitán Díaz lo descubrió, y Shane lo mató.
-¡¿Qué?! ¡Pero se suponía que él era su arma secreta! –exclamó Shon, su grito no se oyó en el salón gracias al enorme alboroto de los padres de familia-. ¿Y por qué lloras?
-Mi hermano Jorge está en esa base –respondió Abel bajando la cabeza.
-¿Tu hermano? –se extrañó Shon.
-Sí, mi hermano –respondió Abel.
-Pero jamás me hablaste de él –dijo Shon.
-Lo sé, lo siento –se defendió su amigo-. Mi hermano era el mejor amigo se Shane, nunca vio nada extraño en él, no sabe que tiene un poder, se lo iba a contar en cuanto llamara, por lo que tu padre nos contó el otro día, pero ahora solo quiero que mi hermano esté bien.
-¿Pero por qué todo este alboroto? –preguntó Shon mirando a toda la gente que estaba allí.
-Bueno, es que el capitán Velásquez dijo que Shane viajó a este país para matar a más gente a causa del pedido del presidente de los Estados Unidos –respondió Abel-. Los padres de familia quieren llevarse a sus hijos a casa. Sinceramente, yo no creo que Shane sea malo, Jorge dijo que era extremadamente bueno una vez que lo conocías, aunque aparenta ser malo y frívolo, tiene un corazón muy bueno.
-Cielos –suspiró Shon-. No queda de otra. Abel, estuve leyendo sobre genética y al parecer hay personas que tienen poderes extraordinarios, como yo, hallé el libro de mi tío Arnaldo, y según lo que dice, mi poder es “Duplicación”, es decir, puedo hacer varias réplicas de mí mismo. También hallé esto.
Shon le entregó a Abel una nota y una lista de varias personas, Abel leyó en voz algo alta, para que él y Shon lo oyeran y nadie más, decía:
Arnoldo, sé que puede parecerte loco, pero créeme, lo comprobarás al nacer tu hijo, así que espero me persones, iré en una misión suicida, no creo poder vivir para saber de esto, la madre de Shane está preocupadísima por lo que está ocurriendo, el padre de Shane ya no sabe qué hacer y no sospecha nada, Shane ya mostró su primer indicio de su poder, estuvo en el hospital internado, ¡no es una coincidencia! Ahora sé que todo es real, me llevaré a Shane a la base militar de Argentina, Los Andes, ahora bien, la daré a Shane la copia de la lista de personas que lo pueden ayudar, verá dónde puede encontrarlas, descuida, hermano, yo estaré bien, y también la madre de Shane, con su poder puede cuidarse, pero es un secreto.
Te amo, hermano.
Arnaldo Díaz.
-Dios, es de tu tío para tu papá –dijo Abel, sorprendido.
-Sí, veamos la lista –dijo Shon casi en un suspiro.
La lista contenía a las siguientes personas:
Personas de ayuda:
-Gregg Gumber, Montreal, Canadá.
-Mark Owen, Texas, Estados Unidos.
-Susan West, Buenos Aires, Argentina.
-Ángela, Montreal, Canadá.
-Arnoldo Díaz, Lima, Perú.
Personas con poderes:
-Shon Arnaldo Díaz
-Shane Peter West
-Vaya, hay cientos de cosas que no me dijeron –dijo Shon suspirando.
-¿Qué haremos? –preguntó Abel.
-Vamos a mi casa –respondió Shon.
-¿A tu casa?
-Sí.
-¿Para qué? –inquirió Abel.
-Hay cosas que debo preguntarle a mamá.
-Pero tenemos clases –dijo Abel tontamente.
En ese momento, se oyó, a través de los altavoces, la voz del director, que hablaba con potencia y su furia se hacía notar con cada letra que decía, Abel le prestó mucha atención a lo que decía.
-Atención a todos los que están dentro del colegio, las clases se suspenden toda esta semana, repito, las clases se suspenden toda esta semana.
Abel miró de reojo a Shon, quien estaba sonriendo de oreja a oreja, estaba notablemente feliz, Abel suspiró y observó a Shon.
-El director siempre salvándonos de un buen castigo –dijo Shon.
-Sí –afirmó Abel.
-Vamos.
Salieron del aula corriendo a gran velocidad, no tuvieron tiempo de tomar el autobús de regreso, lo hicieron corriendo, llegaron unos diez o quince minutos después, sudorosos entraron a la casa de Shon, Abel miraba a su alrededor, como si estuviesen entrando a una casa de terror, o algún lugar prohibido.
Una vez dentro de la casa, se encontraron con la madre de Shon, que estaba en la sala, preparando lo que parecía ser ropa para bebé, estaba cosiendo mientras veía la televisión en la sala, Shon se acercó, soltó su mochila que cayó al suelo y se dejó caer en el sillón que estaba más cerca, le indicó a Abel que se sentara y éste así lo hizo.
-¿No deben estar en la escuela? –preguntó la madre de Shon.
-No, hoy no hay clases, pero dicen que a partir de mañana, las clases serán hasta la siete de la noche, por seguridad –dijo Shon, Abel lo miró extrañado-. Nos escoltarán en el autobús hasta la esquina, no te vayas a preocupar, ellos son muy responsables.
-Me parece extraño, pero bueno, nunca me gustó esa escuela, tu padre te puso allí, yo no –dijo su madre.
-Mamá, quiero preguntarte algo.
-Dime.
-¿Quién me puso Shon como nombre?
-Pues, fue tu tío Arnaldo, él te puso ese nombre, se lo pidió a tu padre y tu padre aceptó –respondió ella, como si nada, Shon bajó la cabeza y luego se dirigió a la salida jalando del brazo a Abel.
-¿Qué pasa? –dijo él una vez estuvieron afuera.
-Me voy –dijo Shon.
-¿A dónde? –preguntó Abel, sorprendido.
-A buscar a Shane, iré a buscarlo, está aquí, ¿no? –dijo Shon una vez más.
-No sabemos si está aquí, Velásquez dijo eso pero la realidad es otra –dijo Abel.
-Entonces iré a buscarlo a Argentina –repuso Shon.
-No vayas, es peligroso, además no tienes cómo llegar allá –dijo Abel.
-¿Y esperar a que suceda algo? –se alteró Shon.
-No podemos hacer nada –se defendió Abel con calma.
Shon terminó aceptando, como su madre estaba viendo la televisión en la sala, él y Abel fueron a la cocina, donde las noticias mostraron cinco imágenes, entre las cuales reconocieron a Shane y Jorge, mientras que el periodista decía que eran terroristas en busca del presidente del Perú, para asesinarlo, por la conexión que podía tener entre los hermanos Díaz, Arnoldo y Arnaldo.
-¡Es mentira! –exclamó Abel con furia extrema.
-¿Qué es mentira? –preguntó una voz detrás de ellos…