
Todo ocurrió demasiado rápido, incluso para los que habían conspirado el asalto.
La gente que, increíblemente ilesa, se agolpaba en las salidas de emergencia del teatro, empezaba a impacientarse. Pero, para desgracia de todos, sólo había sido el comienzo…
Dos jóvenes, Benjamin y Hartmut, arremetían contra una de las puertas a la cabeza de uno de los grupos.
- ¡JETZT*! - masculló el primero de ellos para sincronizar el placaje - ¡Joder! ¡Es imposible! - gimió entre dientes frotándose el brazo.
(*Adverbio temporal en Alemán que significa “ahora”.)
- ¡Aparta, estúpido! - Hartmut empujó violentamente a Benjamin, para acabar propinando inúltimente tres patadas a la puerta - ¡Maldita sea! - apretó los puños furioso sin darse por vencido -.
Frida, un poco apartada y con las rodillas pegadas al pecho, se batía en duelo con sus pulmones por recuperar el ritmo respiratorio habitual. Había perdido el bolso en medio del caos y con él, lo único que podría proporcionarle un alivio a quien padece asma… su inhalador. A su lado,
Chron intentaba tranquilizarla respirando con exageración para que Frida intentase seguirla.
- Respira conmigo, Frida… vamos a salir de ésta, ¿me escuchas? -
Chron mostraba claros indicios de haber sufrido la caída de una de las lámparas a su lado: varias rasgaduras en la ropa y el pelo bastamente salpicado por restos de yeso del techo. Algo desconcertada, miraba hacia atrás intentando vislumbrar, entre las nubes de polvo y la gente, al causante de todo aquello…
Fue entonces cuando, como si de un fogonazo se tratase, una imagen difusa cruzó la mente de Hartmut. A éste, le fue imposible no reflejar su incredulidad: las retinas de Hartmut habían sido bombardeadas con escenas del culpable de que todas las salidas estuviesen taponadas. Para Hartmut, esa sensación no le era desconocida… llevaba sufriéndolas durante toda su vida, con más frecuencia desde hacía tres años atrás…
- ¡Eh Hartmut! Necesitamos encontrar el inhalador de tu hermana… ¡su respiración no se estabiliza! -
Chron y Benjamin se echaron al hombro a Frida y se dirigieron hacia el mellizo - ¡Vamos, date prisa! -.
Hartmut seguía como ausente allí parado, ahora fijando su mirada en
Chron… sin decir ni una palabra, se limitó a cogerla del cuello de la chaqeta y a alejarse de allí tirando de ella en busca del bolso de su hermana.
- ¡Lo siento! - se disculpó
Sineh al chocar accidentalmente contra Frida, sirviéndose de Benjamin para caminar -.
Numerosos cortes cruzaban manos y rostro de la muchacha, aunque afortunadamente se encontraba de una pieza y sus ojos no habían salido malparados cuando… de repente, una mano se materializó ante ella con intención de agarrarla, frustrado por la rápida acción de un fornido varón, trajeado, portador de un pinganillo que dejaba caer sobre uno de sus hombros. En cuanto éste agarró aquella extremidad surgida de la nada, se deshizo ante la perpleja mirada de
Sineh.
- ¿De dónde…? - se precipitó a decir sin quitarle ojo al que, volviendo a colocarse aquel pinganillo, le respondía la mirada -.
- Sólo diré que no estás sola… la vida de la cual te despojaron sin preguntarte, puedes recuperarla gracias a aquella persona que siempre ha estado tan cercana a ti - el ojo cristalino de
Scorpion se detuvo en la muchacha, segundos antes de que le obligase a marcharse - ¡Ahora lárgate! Y ahorrarás el lamentarte más tarde… -.
Sineh dios varios pasos hacia atrás como aturdida… ¿Vida de la cual la despojaron? ¿Esos meses en Brooklyn habían sido por deseo expreso de alguien? Sin duda, debía de haber un interés extremadamente poderoso como para hacer aquella atrocidad pero… ¿quién?
Miles de emociones se batían en el interior de la joven…
Aprovechando el impacto emocional que atravesaba Sineh, un individuo se lanzó ferozmente hacia ella. Ésta se inclinó hacia atrás, sobresaltada, librándose, para sorpresa de todos e incluso para ella misma, de aquel híbrido entre reptil y humano al haber materializado una roca de tamaño considerable sobre su cabeza. Aquel golpe le había dejado fuera de combate… totalemente tendido. En el momento en que la roca tocó el suelo, se desintengró sin dejar rastro en un destello.
Tanto S
corpion como
Sineh, se quedaron sin palabras. La reacción más rápida fue la de la joven, que salió corriendo de allí esquivando a la multitud sin volver la vista atrás.
Scorpion, por el contario, levantó del cuello de la camisa al recién llegado, sin apenas dificultades, y cuando lo tuvo a varios centímetros por encima del suelo…
- A por ella no, inútil… - rugió furioso sin ni siquiera mirarle - Un trato es un trato, Geco… ¡estúpido! - con un hábil gesto del brazo, hizo que Geco saliera despedido hasta impactar contra la pared, llevándose a varias personas por delante -.
Cuando
Sineh creyó estar lo suficientemente lejos de aquella escena, se refugió bajo una de las mesas que había colocadas en el Vestíbulo. Al menos, esperaba poder reflexionar a escondidas, sobre lo que le acababa de ocurrir: ¿cómo había logrado hacer aquello? Perpleja, no dejaba de examinar detenidamente sus manos volteándolas repetidas veces ante ella… simplemente, el pensar en salir airosa hizo que ocurriese lo de la roca…
- Salga de aquí, Señorita… - le advirtió un corpulento joven, totalmente uniformado y protegido, cortándole el paso a una chica a la que
Sineh no conocía de nada - Cumplo órdenes de su padre… no me lo ponga más difícil, vuelva por donde ha venido -.
- Tengo que entrar ahí dentro, Marshall… y deja de llamarme “señorita” porque no lo hiciste la noche de mi cumpleaños… - la chica esbozó una pícara sonrisa antes de volver a intentar seguir su camino, nuevamente frustrado por el joven - ¡Dé…ja…me… en PAZ! - la muchacha intentó despojarle de sus guantes de protección, pero el chico lo evitó agarrándole el brazo -.
- Ni se te ocurra volver a intentarlo… - dijo violentamente el joven - Ahora, me limitaré a hacer mi trabajo… - entonces, Marshall comenzó a abrir y cerrar el puño ante el rostro de la joven -.
Mesas, cuadros y lámparas a su alrededor empezaron a temblar, incluída la mesa bajo la que se había refugiado
Sineh… presente durante toda la discusión. Nerviosa, intentó agarrar dos de las patas pero una fuerza enorme le imposibilitaba el detener los temblores. Se volteó precipitadamente hacia la pareja, a tiempo para ver como el cuerpo de la chica empezaba a elevarse del suelo con suma facilidad… como si su peso fuese el de una pluma, sólo sujeta a la mano de Marshall.
- He mejorado mucho estos últimos meses con tu padre… no me obligues a tener que mostrarte de lo que soy capaz - concluyó justo antes de soltar el brazo de la chica, la cual quedó suspendida en el aire, para hacer que cayese forzosamente al suelo -.
Sineh intentó librar a la chica de la caída, para lo que estiró el brazo, cerró los ojos y deseó con todas sus fuerzas el librarla de ese canalla… cuando abrió los ojos, vio como nuevamente, una roca había caído sobre el muchacho, la cual al ser afectada por el campo gravitacional, provocó un fuerte golpe…
Sineh, salió de debajo de la mesa con rapidez y se arrodilló junto a la chica. Ésta, apenas se lamentó por el golpe ya que los poderes de Marshall habían cesado a tiempo…
- ¡Odio a los que intentan someternos! - replicó
Sineh echándole una mano para que se levantase, con una incrédula sonrisa de haberse vuelto a salir con la suya -.
La muchacha, un par de años más joven que ella, le respondió con una sonrisa maliciosa y, juntas, se encaminaron nuevamente hacia el proscenio del teatro… donde aún reinaba el caos.

El hombre oriental, que poco antes lanzaba gente contra la pared con el simple movimiento de sus manos, ante la mirada de millones de personas aterrorizadas, comenzó a tornarse invisible, de manera que sólo se podían apreciar, ante el ojo humano, su rostro y sus brazos.
La joven con uniforme de la Cruz Roja, abriéndose paso entre los escombros, alcanzó la segunda fila de butacas. Exaltada y con la respiración entrecortada, frenó en seco sin quitar sus ojos del oriental, quien cada vez se volvía más y más imperceptible.
La joven clavó su mirada a excasos centímetros de él y, extendiendo su brazo con la palma de la mano abierta, comenzó a hablar con algo o alguien que, como el oriental, era invisible para el ojo de los allí presentes…
- ¡Déjale en paz!, ¿por qué le estás haciendo esto?, ¿quién eres? - demandó la chica dominada por sus nervios, al tiempo que rotaba su mano unos grados, como si estuviese afinando su punteria con un arma - ¡Puedo verte! ¿no te has dado cuenta…? (…/…) ¡Suéltalo! Él no es como nosotros… - añadió justo antes de mover un poco su cabeza a la derecha, afinando aún más su puntería - ¡No me obligues a usarlo contra ti! ¡no delante de toda esta gente! - gritó la joven, cada vez más impetuosa por su impaciencia -.
Pero, ante esto, no obtuvo más respuesta que una réplica de su gesto por parte del oriental. Ahora, ambos estaban frente a frente, el brazo extendido y las palmas de sus respectivas manos a la altura de la barbilla del otro. La chica entreabrió la boca sorprendida y, al tiempo que con su mirada trataba de controlar aquello que sólo ella conseguía percibir, su mano comenzó a temblar.
De repente,
Nathaniel apareció como de la nada justo tras ella y, posando su mano en el hombro de ésta, le dijo con voz pausada…
- ¿Con quién hablabas? ¿Cómo puedes verle? - se pronunció entre susurros -.
- Suéltame... esto puede acabar mal, mejor que te apartes... - le dijo la chica, intentando controlar el temblor
de su mano, sin nisiquiera girarse para mirar con quién estaba hablando -.
Nathaniel sonrió maliciosamente y volvió a desaparecer. Justo en ese momento,
Gideon, bajo la desconocida apariencia que había tomado en el palco, se abría paso entre las filas de butacas tratando de alcanzar la posición de éstos, aún enfrentados cara a cara y siendo observados por miles de personas que trataban de ponerse a salvo cobijándose en cualquier rincón de la sala.
Un joven armado con su cámara fotográfica, cambiaba el carrete tras una de las columnas que actuaban como contrafuertes del techo abovedado. De su chaqueta pendía una tarjeta plastificada en la que se podía leer “Herr.
Eduard O. Beck - Gebevollmächtigen Personal”*, y sobre ésta, un colgante con un extraño símbolo para algunos… no así para otros.
(*”Herr… Gebevollmächtigen Personal” significa “Señor… Personal Acreditado” en alemán. Aunque esta traducción no es demasiado segura.)
Samantha cayó encima de unos sacos de arena, utilizados para sujetar el peso del telón, provocando una enorme nube de polvo. Rápidamente, mientras tosía, se giró para ver quién había sido el o la culpable de su caída y allí estaba
Aaron, sonriendo nuevamente.
- ¡Tú! - exclamó
Sam con cierto tono de enfado -.
- Yo... ¿el que te ha salvado de morir aplastada por una lámpara? - preguntó
Aaron sin dejar de sonreír -.
- Gracias - replicó
Samantha sin dejar de clavar su profunda mirada en él -.
- No hay tiempo... - dijo
Aaron algo nervioso - Ahí fuera hay mucha gente como nosotros... y no creo que esto sea una casualidad -.
- ¿Nosotros? - preguntó
Sam, al tiempo que arqueaba las cejas -.
- No trates de ocultarlo, ¿crees que no se que fuiste tú la que provocó la primera avalancha de lámparas? - preguntó el joven, esbozando una breve sonrisa - No somos tan diferentes... ¿Viste lo que hizo ese hombre de las primeras filas? Hay que detenerle… -.
- ¿Qué puedes hacer tú? - demandó la chica intrigada -.
En ese preciso instante, apareció
Scorpion tras ella agarrándola del cuello sin piedad, dejándola a escasos centímetros sobre el suelo.
Sam se agitaba nerviosa, tratando de librarse de la presión que éste ejercía sobre su cuello, impidiéndole respirar.
Aaron la miraba como si quisiera decirle algo. Extrañada, trataba de salvarse, pero no podía gritar. La fuerza de Scorpion era sobrehumana y su respiración cada vez era más tenue. De pronto, en la mente de
Sam se reprodujo, clara aunque lejana, la voz
Aaron…
- Cuando le ataque, grita con todas tus fuerzas... -.
El chico cerró los ojos. De repente,
Scorpion sintió dentro de su cabeza una enorme punzada que le hizo reducir la fuerza con que agarraba a
Samantha, que facilitó que ésta emitiese un grito provocando que el villano fuese lanzado dos metros más allá, haciéndole chocar contra una cristalera.
Ambos salieron corriendo hacia fuera, topándose de frente con la escena que, en la segunda fila del patio de butacas, seguía llamando la atención de muchos.
A pocos metros, una muchacha envuelta en un abrigo de pieles corría atropelladamente buscando una salida con la mirada. Ni los empinados tacones que portaba, le impedían seguir corriendo… le seguían de cerca una chica con gafas de edad parecida y un hombre de prominente barriga, tan asustados como ella.
- ¡
Saila! ¡No creo que sea buena idea lo de internarnos entre la multitud! - gritó la chica de gafas cubriéndose la cabeza con una tablilla de madera, perdiendo varios papeles a su paso - ¡No es seguro! -.
- ¡Corre Carola! Quedarnos encerradas en el camerino no nos ayudará a salir… - contestó la esbelta muchacha mirando hacia el techo - Sígueme… y no pierdas de vista a Thomas… - concluyó
Saila refiriéndose al hombre que corría tras ellas -.
- ¡Muchachas! ¡No corran tan rápido! - berreaba el trajeado individuo con la respiración entrecortada - ¡¡Sólo conseguirán que les aplaste parte de la estructura del edificio!! ¡PIENSO DEMANDAR A ESTOS CANALLAS! -.
Gideon, tras recobrar su apariencia, trató de agarrar al oriental por detrás para bloquear sus movimientos, lo que provocó que éste se girase y de su mano saliese una extraña energía hacia el fondo del teatro, justo donde se encontraban
Chron, Hartmut, Benjamin y Frida. Éstos, al sentirse amenazados, caminaron hacia atrás tratando de refugiarse en el enorme arco de una de las salidas. Justo en ese momento,
Chron, alzó instintivamente su mano, tratando de parar el impacto que se le venía encima… Todos quedaron perplejos cuando observaron que, alrededor de éstos, se había creado un campo de fuerza en tonos azulados que frenó el impacto. El muro situado tras ellos se derrumbó, provocando más muertes.
La chica de la Cruz Roja, con su brazo aún extendido, devolvió el ataque pero dirigido exclusivamente hacia el pecho del oriental. De pronto, este emitió una nueva honda que, al impactar, provocó una enorme explosión en el teatro.
La joven cayó, con una enorme herida en la cabeza, a los pies de
Sam. El oriental fue agarrado por
Nathaniel, quien volvía a aparecer de la nada justo en el momento exacto. El teatro comenzó a arder.
Aaron corría hacia ellos esquivando hierros, butacas incendiadas y gente que corría, ansiosa por escapar, hacia el enorme butrón que se había abierto con el derrumbamiento de la pared del fondo.
Sam abrió su mano y la colocó sobre la herida de la joven. Tras unos segundos, al retirarla, la sangre había desaparecido; se había sanado, aunque la chica seguía inconsciente. Y, como caído del cielo,
Samantha recibía un golpe en la cabeza, que la hizo caer desplomada junto a ella.
Aaron, concentrándose, utilizó su poder para bloquear la mente del oriental, quien aún seguía paralizado, pero tratando de huir, por la fuerza de
Nathaniel. Al instante, éste dejo de moverse, cayendo en un profundo coma.
Nathaniel, al tiempo que miraba a
Aaron, volvió a dibujar esa maliciosa sonrisa en su rostro.
Gideon, aún reponiéndose del golpe, les observaba con intriga. Entonces,
Scorpion le agarró por detrás levantándolo un metro del suelo y lanzándolo contra el pie del escenario. Las llamas cada vez se avivaban más y la columna de humo hacía la escena casi imperceptible.
Gideon se levantó y le miró con odio...
- No contra mi... - dijo el chico apretando los puños -.
- No es un asunto personal,
McKann - dijo Scorpion negando con la cabeza -.
En ese momento, alzó su brazo derecho y éste comenzó a transformarse en algo punzante. Los dedos de la manos se le alargaron, uniéndose en un punto; la piel tomó una textura metálica...
- Pero... ¿qué demonios...? - dijo
Gideon, a la vez que buscaba una salida con su mirada -.
El brazo de
Scorpion se había convertido en una afilada espada.
McKann se mostraba bloqueado y amenazado ante éste, que le acorralaba entre las llamas, presionando su pecho con la punta de la espada. Instintivamente,
Gideon, en un intento para escapar, la apartó de su pecho sin ni siquiera tocar la espada con su mano, sólo con el gesto. Sin perder de vista el filo de la espada, trató de librarse de
Scorpion. Vio como la alzaba y dejaba caer circularmente hacia su pecho. Con ambas manos trato de repeler el ataque. En ese instante,
Scorpion levantó sutilmente el brazo izquierdo, sonrió y le golpeó en la cabeza, haciéndole caer al suelo. Lo levantó y se lo llevó, desapareciendo entre las llamas…
Fuera, una enorme columna de humo nublaba el cielo de Berlín. Patrullas de policía y bomberos acudían a las proximidades del teatro, alertados por el suceso... irrumpiendo ahora las sirenas en el interior del teatro. Para suerte de todos, las puertas volvían a ejercer su función.
- ¡Eh Hartmut! ¡¿Qué pasa contigo?! - le replicó
Chron una vez fuera del teatro - ¡Te he salvado la vida! -.
- ¿Para qué salvarme después de haber tentado con matarnos a todos allí? - se giró Hartmut precipitadamente hacia ella, ante la atenta mirada de Frida y Benjamin - ¿A qué esperabas para contárnoslo? -.
- ¡No sabía cómo reaccionaríais... ¿vale?! - gritó
Chron como poseída - Ni yo misma era consciente de que podía hacer aquello... aún así, bienvenido sea... ¿ese es motivo para juzgarme? -.
- No soy yo quien debería juzgarte... sino un psiquiatra, lo tuyo no tiene nombre... - Hartmut tragó saliva y apretó los dientes - Fuiste tú quien nos mantuvo a todos encerrados... Lo he sentido, no eres la única que guardaba un secreto o sino, pregúntale a mi hermana... - le mantuvo durante unos instantes la mirada para después girarse, cruzar la cinta policial y alejarse de allí -.
Boquiabierta,
Chron dirigió su mirada hacia Frida, la cual se sonrojó y desvió la suya hacia el suelo...

Las luces del pasillo central comenzaron a encenderse, una tras otra. Bob, acompañado de Elle, se abrió paso entre las sombras, dirigiéndose hacia la habitación del fondo. Allí, tumbado en una camilla, atado de manos y tobillos con grilletes metálicos, yacía el oriental. Bob tomó unos documentos de la mesilla auxiliar.
- Está limpio… - dijo con cara de preocupación. Mientras, Elle sonreía despistada por el rostro de aquel hombre que le había llamado la atención desde el día en que todos fueron capturados en el teatro -.
- ¿Cómo pudieron traernos a un humano cualquiera? - preguntó la chica aún observándole, mientras se recostaba en una de las butacas con las manos tras la nuca -.
- Este simple humano manifestó tres poderes diferentes mientras nuestro plan se llevaba a cabo en Berlín... No creo que eso sea tan simple - explicó Bob sumido en sus pensamientos -.
En la habitación contigua,
Aaron despertó sobresaltado. Llevaba semanas encerrado en aquel habitáculo sin recibir más visitas que las de los enfermeros, quienes le realizaban pruebas diarias y análisis de sangre. Aquello empezaba a cansarle…
En su despacho,
Nathaniel hablaba por teléfono...
- ...Allí había alguién más, pero no podíamos verle. Ese humano tuvo que recibir esos poderes de alguna parte. Llevamos semanas investigándole... no tiene el gen. Está jodidamente limpio. (.../...) Sí, además conseguimos algo más desconcertante... esperamos que el dar con esa chica que tenemos en observación nos vaya a resolver muchas dudas. Es de las nuestras… no sé de dónde salió, ni que hacía allí, pero de algún modo detectó a alguién junto al oriental. Creemos que puede ver a otros como nosotros, pero no sabemos cómo... (.../...) Al menos el tiempo que nos llevó dejar la escena limpia de pruebas sirvieron de algo, la policía no vincula a la Compañía con lo que ocurrió: un descuido en las infraestructuras por negligencia del ministerio de urbanismo - carcajeó divertido - No se preocupe,
McKann está controlado. No es de extrañar que la forma en la que descubrió los fines de la Compañía, le hicieran tambalear su confianza en nosotros… -.
Entre risas, continuó la conversación. La puerta sonó.
Scorpion giraba el pomo desde el otro lado, disponiéndose a entrar...
Desde este mismo momento, damos por finalizada la Primera Temporada del FanFic Oficial de Heroes Foro: "El Hallazgo de un Nueva Prole". Primera, porque estamos ya en preparativos de una segunda. Nuevos personajes, nuevas tramas, revelación de tramas ya comenzadas... Además, desde este mismo momento, los Clubs de Fans quedan oficialmente abiertos para que podáis apoyar a vuestros personajes favoritos y aguardéis, hasta la semana que viene, el nombramiento de Presidentes de los mismos a raíz de los comentarios que les dejéis. Pero esto no termina ahí, el Domingo que viene podréis ser testigos de los vídeos especiales de la 2º Temporada del FanFic con la fecha oficial de la publicación del primer capítulo. Os agradecemos vuestro apoyo y esperamos conservarlo durante todo el tiempo que nos lleve este proyecto...
Nuestro más sincero agradecimiento,
Porque esto no es un Adiós, sino un Hasta Luego...