View Full Version: El Hallazgo de una Nueva Prole (Cancelado)

Héroes Foro > Fan Fics > El Hallazgo de una Nueva Prole (Cancelado)



Title: El Hallazgo de una Nueva Prole (Cancelado)
Description: Archivo del Fanfic Oficial de HeroesForo


Gideon - September 29, 2007 08:52 PM (GMT)
user posted image

- LAS CRÓNICAS DE UNOS ASPIRANTES A HÉROE -


Era uno de los días más luminosos de Mayo y corría una agradable brisa por una de las ventanas entreabiertas, marcando el reloj orlado con la bandera estadounidense las cuatro de la tarde. Una joven, con los ojos clavados en una fotografía que pendía de la pared, miró al suelo en un esfuerzo por evitar la angustiosa sensación de vacío que le recorría el cuerpo.

user posted image


El despacho se mostraba impasible a lo que había acabado de ocurrir hacía un par de días, todo estaba tal y como lo había dejado, todo en su lugar. Al fondo, el impoluto escritorio se erguía más elegante que de costumbre. Tras éste, el confortable sillón reposaba vuelto hacia la enorme cristalera que se extendía a lo largo de prácticamente todo el muro. Con paso inseguro, tomó asiento en aquel sillón. El sol se reflejaba en sus ojos, en sus cristalinos ojos verdes. Unos segundos divisando aquellos jardines le fueron suficientes para reconfortarse, girar el sillón hacia el resto del despacho y mirar de nuevo hacia el enorme retrato de un metro de anchura en el que sólo aparecía un rostro enorme de un hombre de unos 40 años y profundos ojos verdes, acentuados por una impecable sonrisa… Absorta en sus pensamientos y sin quitar ojo al cuadro, apoyó los codos sobre el escritorio y colocó la cabeza entre sus manos.
Repentinamente, una pantalla de catorce pulgadas se hizo un hueco en el escritorio para acabar conectándose sola y poder escucharse la voz de una de las reporteras de un noticiario estatal…

user posted image


- Han pasado ya seis días desde que la gran explosión cubrió el cielo casi por completo desatando el pánico entre la ciudadanía, no sólo de Nueva York sino también entre la de todo el globo terráqueo - tras la locutora, imágenes de la explosión desde distintos ángulos y objetivos se reproducían al compás de sus palabras - Se cree que la onda expansiva provocada, haya sido la causante del desencadenamiento de una epidemia multitudinaria que comprende enfermedades, anomalías y trastornos en el sistema funcional y fisiológico del ser humano. Varios hospitales de todo el mundo se encuentran en sobrecarga de pacientes, usando los pasillos como quirófanos improvisados. Les aconsejamos a los ciudadanos que viven ajenos a lo ocurrido que se sometan a chequeos médicos para descartar futuras afecciones… Se espera que la situación mejore y todo vuelva a la normalidad… - la joven logró al fin que la pantalla se apagase y plegase sin llegar a ser consciente de los botones que presionaba -.

La puerta del despacho se abrió y la voz fría de una mujer llegó a los oídos de la joven…
- ¿Recogiste ya todo, encanto? El chófer nos está esperando para llevarnos a casa… debes preparar las maletas para coger a tiempo el primer vuelo a París… - apremió la fémina de tono dominante, dejando paso a lo que parecían ser mozos de alguna empresa de transporte y mudanza -.
- No, ya termino… - balcuceó inclinándose hacia los cajones del escritorio, aprovechando para limpiarse las lágrimas de los ojos -.

La joven se dirigió entonces hacia la caja de cartón que había dejado minutos antes bajo el gran cuadro que, majestuoso, dominaba la estancia desde las alturas. Con paso taciturno, se disponía a ir hacia la puerta con la caja en brazos pero no pudo evitar el volver la cabeza atrás para mirar una vez más el cuadro. Sin embargo, el cuadro ya había sido descolgado y estaba siendo empaquetado por dos de los mozos uniformados. La chica reemprendió la marcha hacia la puerta y salió por ella sin decir una palabra, e intentando evitar cualquier comentario de la mujer que allí le aguardaba, se alejó por el pasillo en dirección a las escaleras que descendían a la planta baja… pero no tendría esa suerte.
Después de cerrar la puerta del Despacho Oval con rebosante brusquedad, la mujer se cruzó de brazos y levantó la barbilla con autosuficiencia…
- ¡Claire! - bramó la que, aunque no mostrase ni un ápice de cariño, era su abuela biológicamente hablando - Ya vale de lloriquear por las esquinas la muerte de Nathan… él tuvo que sacrificarse por todos nosotros, sólo hizo lo que debía con Peter… -.

Claire volvió a detenerse una vez más, pero sin ni siquiera mirarle decidió seguir su camino… en ese momento, se sentía realmente sola sin su padre, Nathan o Peter. Y el sentirse así, le hacía ser vulnerable. Se disponía a bajar la escalinata de mármol cuando la Sra.Petrelli vociferó de lejos…
- Deberías estar agradecida de lo que hicieron… así somos los Petrelli… - alegó con semblante orgulloso antes de marcharse por el lado contrario del pasillo -.

Sus ojos volvían a escocerle, enrojecidos por haberse frotado en numerosas ocasiones. Su mente comenzó a cavilar de forma frenética y casi involuntaria. Recién llegada al vestíbulo, dejó en el suelo la caja con algunas de sus pertenencias, las metió en una bolsa de deporte junto al resto de sus cosas, se colocó la chaqueta de pana que había colgado en uno de los percheros de la entrada al llegar por la mañana y se encaminó hacia el porche del edificio. Una vez fuera, cerró los ojos durante una milésima de segundo a la vez que daba una bocanada de aire y… corrió sin mirar atrás tan rápido como sus piernas le permitían mientras que entre sus palpitantes sienes no cesaba de repetirse:
- ¡Yo no soy una Petrelli! Soy Claire Bennet… -.


user posted image



[Nota: ¡Bienvenidos al Prólogo de Situación! El principio de un largo que camino que emprenderemos todos juntos a través de este fanfic en el que, leyendo el prólogo, nos embarcamos... Esperamos vuestro apoyo leyéndonos en nuestras publicaciones quincenales además de la apertura de otras secciones relacionadas... ¡Gracias!]

Gideon - October 14, 2007 03:36 PM (GMT)
user posted image



user posted image

- ¡Viste! ¡Viste lo que hice! - repetía ansiosa una niña de tan sólo 10 años asaltando a lo que parecía ser un familiar cercano - Llevo semanas practicando Tío Stan… Te estaba esperando a que volvieses de la oficina para enseñártelo ¡Soy… soy…! -.

- ¿Especial…? - fingió que dibujaba una sonrisa en su rostro a la vez que hacía que se sentase en el suelo junto a él - Seguirías siendo igual de especial aunque no fueses capaz de hacer… eso que haces - cambiando totalmente el gesto a preocupación en cuanto sabía que no le veía -.

- ¡Y pensar que no me creías Tío Stan! ¡Augh! - bufó haciendo verdaderos esfuerzos para librarse de la charla de su tío - Seré la envidia de toda la clase… sobre todo de Cleo… ahora no se atreverá a quitarme el almuerzo nunca más -.

- De eso nada Janice… será nuestro secreto. Sólo entre tú y yo… ¿de acuerdo? - le espetó veloz su tío mirándole fijamente a los ojos -.

- Pero… - atinó a responder la benjamina sin tiempo a nada más -.

- Debes prometérmelo Janice… - envolvió las manos de la pequeña con las suyas - Prometemelo… ¿Qué clase de tío sería si no tuviésemos un secreto que guardarnos? - volvió a sonreir, esta vez esforzándose más en resultar convincente -.

La pequeña abrió los ojos desmesuradamente y aunque poco convencida, acabó asintiendo repetidas veces…

- Has hecho lo correcto… - pronunció con una amplia sonrisa en la boca - Voy a por un vaso de agua… ¿quieres tú algo de cenar ya? ¿Una hamburguesa o… un vaso de leche con galletas? -.

La chica se colocó bien la diadema que impedía que el pelo le cubriese la cara…
- ¡Espera Tío Stan…! - esbozó una sonrisa radiante, se dio la vuelta en dirección a la cocina y tras tomar una bocanada de aire, cerró los ojos con los brazos extendidos hacia delante -.

En ese momento, los diminutos brazos de la pequeña comenzaron a temblar a la vez que en su rostro se vislumbraban ciertos indicios de dolor. Y no fue mucho después cuando sus muñecas parecieron desencajarse, prolongándose cada vez más. Ella abrió los ojos a tiempo para que sus dilatadas extremidades superiores girasen al cruzar el marco de la puerta de la cocina para finalmente llegar hasta el paquete de pan de hamburguesa. Al instante siguiente, la benjamina tenía el paquete en sus brazos, ya de su tamaño original, y se lo entregaba a su tío…
- Prefiero una hamburguesa… - la chica, con una sonrisa de oreja a oreja, se frotaba las muñecas con delicadeza sin quitar ojo a la cara de su tío -.

- ¡Déjalo ya, Janice! - le voceó su tío a la vez que le arrebataba el paquete de pan de hamburguesas - Acabarás haciéndote daño… - le dio la espalda y se metió en la cocina - ¿Tienes idea alguna de cómo lo haces? Quiero decir… ¿de dónde te viene eso… eso que haces fuera de lo habitual? - su cara se tornó pálida como el papel mientras pronunciaba eso último -.

- Lo siento Tío Stan, no tengo ni idea. Simplemente ocurrió… - se escuchó la voz de la niña desde el salón. Ese “simplemente ocurrió…” retumbó en la cabeza de su tío, pero no era la voz de su sobrina… sino la de un varón, y al parecer, algo más joven que él - Pero quizá sea gracias al deseo que le pedí a aquella estrella fugaz… ¿recuerdas? -.

La televisión fue encendida por la pequeña, escuchándose ahora las cómicas voces del canal educativo por toda la casa…

user posted image


- Sí, la estrella fugaz… - murmuró el adulto en un susurro casi imperceptible - No vas desencaminada -.

- ¿Decías algo, Tío Stan? - preguntó la pequeña en voz alta desde el salón - ¡Sparkey! Ven aquí… -.

- ¡No, nada…! que bajases la televisión un poco… - le respondió algo nervioso, provocando que le salpicara una cantidad considerable de aceite hirviendo en una de sus manos, la cual se llevó instintivamente a la boca - No me gusta que Sparkey esté rondando por la cocina y lo sabes… -.

Se limitó a abrir el grifo al máximo y colocar la quemadura bajo el chorro de agua fresca. Una vez que creyó ser suficiente, cerró el grifo y se quedó allí parado mirando hacia un punto fijo.
Toda la casa estaba sumida ahora en un absoluto silencio…
- ¿Janice? ¿Janice, estás ahí? - envolvió la herida en un trapo que colgaba del gancho donde solía colgar el delantal y se asomó por el marco de la puerta antes de salir definitivamente de la cocina - Janice, déjate de juegos… ya está casi lista la cena… -.

Nadie respondía…

- Janice… ¡JANICE! - corrió hacia el dormitorio de la pequeña, la cual se presentaba intacta. Llevándose ambas manos a la cabeza, salió despedido esta vez hacia su propio cuarto - ¡JANICE! ¡Dime algo! - gritó, pero no había ni rastro de su sobrina -.

user posted image


Volvió a la cocina con el pulso acelerado para coger el teléfono y denunciar la desaparición, pero cuando lo levantó se quedó nuevamente paralizado respirando con dificultad… dejó caer el teléfono al suelo, el cual no daba señal alguna y se tiró de rodillas al suelo junto al sillón donde, hasta hacía un par de minutos, había estado sentada la pequeña Janice… junto a lo que quedaba de ella: su diadema y el mando a distancia…




user posted image

- Tras dos semanas de exhaustiva búsqueda, hemos encontrado a su sobrina pero… - pronuncio solemne un agente acercándose con paso taciturno a la única persona que recorría la sala de espera de un lado para otro - no de la maneras que todos desearíamos -.

- ¡No, no¡ - se repetía el Sr.Moore negando con la cabeza y lágrimas en los ojos - ¡JODER! ¡Era una niña! - gimió entre sollozos golpeando fuertemente la pared con los puños - ¡Maldita sea! -.

user posted image


- Sr.Moore, le acompañamos en el sentimiento… Lo sentimos mucho… - miró con la cara desencajada hacia atrás y le indicó a alguien que pasase - Seguramente, le parezca inapropiado o impertinente… pero me gustaría decirle que tiene a su total disponibilidad a la Srita.Stanford, la Jefa del Departamento de Psicología de la Comisaría de Toronto… Y me reitero en lo dicho, lo sentimos mucho - dijo mirando la nuca del Sr.Moore, justo antes de despedirse de la Srita.Stanford y cerrar la puerta tras salir de allí -.

El Sr.Moore no se pronunció, sólo de vez en cuando sufría los insuficiencias respiratorias consecuencia del lloro incontrolado…

user posted image


- Sr.Moore, soy Rebecca J. Stanford y, como le dijo el Agente Baldwin, puede decirme cualquier cosa… sea lo que sea… - dejó pasar un tiempo antes de empezar a hablar de nuevo - Bueno… me han dado órdenes de comunicarle algo. Las circunstancias que envuelven el fallecimiento de la pequeña Janice son algo extrañas, digamos que inexplicables. Quizá usted pueda decirnos algo que resulte crucial para continuar la investigación… supongo que usted es el más interesado en capturar a lo que sea que haya cometido tan burdo crimen… ¿verdad? -.

El Sr.Moore se volió precipitadamente hacia la psicóloga, tragó saliva, se frotó los ojos repetidas veces acabando con toda partícula húmeda y fue hacia la puerta…
- No es el momento… ¡Dios! ¡Acabo de enterarme de la muerte de mi sobrina! - balbuceó golpeándose la frente con los puños - Y ahórrese el llamarme… yo mismo la buscaré si lo creo conveniente ¿queda claro? -.

- Sí, sí… totalmente… - dijo algo afligida sacando una tarjeta del bosillo interior de su chaqueta y entregándosela - Mi más sincero pésame Sr.Moore… -.




user posted image

Abrió un armario y empezó a tirar toda la ropa sobre la cama. Furioso y consternado a la vez, el Sr.Moore preparó sus maletas. A los pocos minutos, ya estaba listo para emprender una nueva vida…
- Una vida a la que hacía tiempo que debía de haber hecho frente. Quizá ahora, Janice estaría viva… - cerró con fuerza su maleta, salió del dormitorio, atravesó el salón y fue hasta el teléfono que colgaba de la pared. Abrió uno de los cajones que tenía justo al lado y levantó lo que parecía ser un falso fondo. Cogió un papel arrugado y marcó… - ¿Profesor Chandra Suresh? -.

user posted image


Al otro lado de la línea…
- ¿Conoció a mi padre? - preguntó seguidamente Mohinder Suresh al escuchar ese nombre - Murió hace a penas un mes y… soy su hijo, Mohinder Suresh -.

- Siento muchísimo lo de su padre pero… quizá entonces no sea buena idea seguir hablando, tiene derecho a vivir su vida… Disculpe… - respondió un tanto nervioso aferrando al teléfono con desconsuelo -.

- ¡Espere, espere! - bramó precicitadamente el joven Suresh para evitar que colgase - Sé lo que hacía mi padre… sé de lo que sois capaces y… puedo serte de ayuda… ¿es eso lo que buscaba no? -.

- Supongo que sí… Soy Stanley Moore y vivo en Toronto, Canadá… - tomó aire y prosiguió - Su padre se puso en contacto con mi hermano y conmigo hace un par de meses… él sabía lo que nos ocurría. Quiero que me ayude a controlar lo que poseo, quizá pueda serles útil… ¿Sigue la residencia de su padre en Nueva York? ¿Cuándo podríamos vernos Prof.Suresh? -.

- ¿Moore? Un momento… - Suresh se despegó del aparato y miró el mapa - No aparece en la lista Sr.Moore… ¿cómo entonces…? -.

- Amenacé a su padre con internarle en un manicomio si seguía molestando a mi familia… - su voz empezó a denotar un comienzo de llorera - Lo siento mucho… perdóneme Prof.Suresh… Ahora me doy cuenta de que su padre tenía razón… -.

- Cuente conmigo para todo Sr.Moore… sí, sigo en el barrio de Brooklyn. Llámeme en cuanto llegue a Nueva York… iré a recogerle, ¿de acuerdo? Cuídese Sr.Moore… ¡Hasta pronto! - concluyó entusiasmado y colgó el teléfono -.

El Sr.Moore colgó algo más despacio el teléfono, quedándose embobado con un portaretratos de la pequeña Janice…

- Lo encontraré pequeña… te lo prometo… - acarició suavemente el rostro de su sobrina y lo puso bocabajo, miró hacia detrás por encima de su hombro… serían las últimas noches que pasaría en aquella casa y volvió a su cuarto -.

user posted image


[doHTML]<embed src="http://www.metrolyrics.com/scroller/scroller2.swf?lyricid=132966&border=2&bordert=0&bgfont=0x000000&bg=http://www.metrolyrics.com/scroller/bgs/linkin-2.jpg&filter=0x000000&filtert=5&txt=0xFFFFFF&fontname=arial&fontsize=11&speed=2" quality="high" width="180" height="210" name="scroll" align="middle" type="application/x-shockwave-flash" pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer" /></embed>[/doHTML]

Gideon - October 21, 2007 06:55 PM (GMT)
user posted image


user posted image

- ¿Cierra usted, Sr.Moore? - se precipitó a decir una esbelta joven con el moño prácticamente deshecho mientras cerraba la puerta de la estancia de la que provenía - Siento haberme retrasado, soy un desastre. Espero que no me guarde rencor… ¡puf! - concluyó, cargada de libros, con una avergonzada sonrisa antes de intentar apartarse el flequillo de la cara con un resoplido -.

Era un hombre, de unos cincuenta años, uniformado con un mono parecido al de los mozos de la construcción, pero a diferencia de éstos, era de color verde con un pequeño escudo bordado y una plaquita metálica donde podía leerse “Sr. Moore. Encargado de Mantenimiento”. Éste enarco una ceja como sorprendido, pero a la vez preocupado…

user posted image


- Hija, te he dicho miles de veces que el tutearme no perjudicará a tu expediente… - dijo muy agradable a la vez que parecía batirse en duelo con la enceradora que arrastraba - ¿Otra vez hasta tan tarde? Son cerca de las nueve Sharon y no creo que el Sr.Campbell te acabe reconociendo realmente el tiempo que le dedicas… ¡Maldito trasto! - maldijo propinando una patada al aparato aparcándolo a un lado del pasillo - Lleva semanas dándome problemas… - continuó realizando el ademán de secarse el sudor de la frente mientras dirigía su mirada a la chica despojándose de los guantes protectores -.

- ¿Le echo una mano Sr.Moo…? - se llevó una mano a la boca a la vez que esbozaba una mueca incómoda - ¡Stanley…! -.

- No, gracias hija… Creo que tú ya has hecho suficiente por hoy - articuló momentos antes de guardarse los guantes en uno de los compartimentos del cinturón para finalmente agacharse junto al artilugio - Además, no seré yo quien lesione a una futura forense… no pasará mucho tiempo para cuando me haga falta alguien con tu experiencia - se dispuso a abrir la portezuela que daba al motor de la enceradora y sin ni siquiera darle tiempo a introducir la mano por ella, el trasto se puso en marcha de repente -.

- ¡No diga tonterías! Está hecho todo un chaval… y aún sigue siendo todo un “manitas” - dejó escapar la chica con una sonrisa - ¿Entonces cierra usted? -.

El Sr.Moore se rascaba la cabeza dubitativo sin quitar ojo de la máquina…
- Dios te oiga hija, Dios te oiga… - murmuró con dificultad mientras se erguía de nuevo - Sí, descuida… estoy hecho un chaval ¿recuerdas? - se dibujó una paternal sonrisa en el rostro del veterano encargado de mantenimiento - ¡Qué pases buena noche! - se despidió con un gesto de la mano y se condujo hacia la puerta de la cual había salido la chica -.

- Muchas gracias Stanley… ¡le debo otra! - afirmó la muchacha a la vez que dando pasos hacia atrás se despedía con la mano - ¡Qué pase buena noche también! - se giró y dobló la esquina del pasillo -.

user posted image


Aún se podían escuchar a lo lejos los pasos de la joven cuando el bedel agarró uno de los trapos que pendían de su cinturón para disponerse a limpiar la encimera que se extendía a lo largo de toda la sala. La estancia no era excesivamente estrecha, pero sí profunda y estaba bastamente iluminada por luz blanca artificial. Hacía algo de frío en aquel lugar, por lo que Sr.Moore dejó el trapo sobre la encimera y se bajó las mangas del mono de trabajo mientras echaba un vistazo a su alrededor: camillas extensibles, cortinas de aislamiento, CD’s, informes, tensiómetros…
Pero algo de entre todo aquello le llamó especialmente la atención.

user posted image


Arrugó la frente, tragó saliva y alargó una de sus manos para coger uno de los discos que se esparcían sobre el mostrador. Lo habían partido en dos, pero Stanley lo recompuso como si de un puzzle se tratase para acabar leyendo… “Bernard J. Sutton. Exp.24”.
Desvió la mirada del CD para fijarla en los informes que, firmados por el Dr.Campbell, certificaban la defunción del tal Sr.Sutton en el compartimento nº876 a las 13:00h de ese mismo mediodía, para al día siguiente, practicarle una extracción de sus órganos vitales. Pero por alguna extraña razón, el recuadro que debería estar firmado por la familia Sutton se encontraba en blanco. Stanley levantó la vista y se giró lentamente hacia la puerta para confirmar sus sospechas…

user posted image


Se encontraba en la habitación junto a un cadaver que, en pocas horas, sería desmenuzado como si de la raspa de un pez se tratase…

El Sr.Moore se llevó una mano a la frente y volvió a releer lo escrito en el informe con cierto nerviosismo…
- ¡Este trabajo no está pagado! - no paraba de repetirse interiormente - Llevo semanas trabajando aquí y nunca tuve certeza de que se mantuviesen aquí los cadáveres... y mucho menos se me planteó en el contrato. Si hubiese estado preparado para manipular cadáveres, juraría que no trabajaría de bedel… pero no es el caso, no es el caso… - poco a poco, el ritmo cardiaco de éste fue en aumento a la vez que un zumbido casi imperceptible retumbaba en sus oídos -.

Sacudió la cabeza hacia los lados para tratar de extinguirlo, pero no obtuvo resultado alguno… ¡Plumb…! Un par de bombillas sobre la cabeza del Sr.Moore se habían apagado repentinamente, dejando una parte de la sala en la cuasioscuridad.
- Lo que faltaba… - masculló apesadumbrado acercándose al interruptor, para seguidamente apagar las luces y volver a encenderlas. Ya todas funcionaban a la perfección de nuevo -.

De repente, sintió una necesidad intensa de encontrar el cadaver del Sr.Sutton. Raudo, se dirigió hacia el final de la sala y giró el picaporte para acceder a la sala contigua. Instintivamente, tanteó por la pared hasta llegar al interruptor, iluminándose con tan sólo rozarlo. Una diminuta pieza sin amueblar, excepto por un archivo y una puerta, estaba únicamente “decorada” con una gruesa cortina que cubría en su totalidad la pared de enfrente del bedel. Con pasos trastabillantes fue hasta la puerta y se asomó por una de las ventanillas, separándole del cuerpo inerte del supuesto Sr.Sutton una pulida cristalera bastante gruesa.

user posted image


En una camilla, yacía como dormido un hombre de corta edad enganchado a una serie de electrodos a sus extremidades… En la cabeza del Sr.Moore se amplificaron las palabras “extracción de órganos vitales”. Aquel impulso le hizo actuar de nuevo, abrió la puerta que aislaba el cuerpo del Sr.Sutton y se acercó sigiloso hasta la camilla…
- ¿Sr.Sutton? ¿Puede escucharme? - le susurró midiendo cada paso que daba hacia él. Se sentía estúpido hablando a un muerto pero tenía la necesidad de ayudarle - “Tengo que sacarle de aquí…” - de repente, se volteó hacia la maquinaria que, a su lado, yacía apagada. Cerró los ojos durante unos segundos y posó la mano suavemente sobre ella -.

user posted image


La pantalla se encendió al instante, mostrando el electrocardiograma del Sr.Sutton totalmente plano… inerte de vida…
- ¡Mierda! - maldijo en voz baja - Piensa Stanley… piensa… - se repetía a sí mismo obligándose a pensar -.

Echó un vistazo al resto de la sala, buscando algún instrumento que le pudiese resultar útil… algún desfibrilador o cualquier otra cosa… Vio uno de esos utensilios para auscultar a los pacientes que los médicos siempre llevaban colgado al cuello al otro lado de la cama, estiró el brazo por encima del Sr.Sutton pero no era suficiente. Optó por apoyarse un poco en el pecho del fallecido para poder llegar y fue, tras unos segundos de intentos para alcanzarlo, cuando…
- ¡PIP…! ¡PIP! -.

user posted image


El aparató empezó a pitar, dando claros indicios de que el hasta ahora fallecido Sr.Sutton había empezado a reaccionar. El Sr.Moore se separó inmediatamente confuso… y realmente atemorizado. Hasta pegarse a la puerta. El electrocardiograma se aceleraba por momentos… el Sr.Sutton abrió los ojos y se incorporó en la cama como si de un resorte se tratase con una desgarrada inspiración. Éste dirigió una mirada de incertidumbre al Sr.Moore, el cual salió despavorido como alma que lleva el Diablo….
- ¡Aquí enfermera! - atinó a gritar -.

No miró hacia atrás hasta llegar al coche, no volvería a trabajar allí… podrían descubrir quién era y qué era capaz de hacer. ¿Cómo había hecho aquello? No tenía aquel poder… no era una especie de nigromante ni nada por el estilo…

user posted image

- ¡Ring Ring! - sonó el teléfono, pero no era el chirrioso pitido del teléfono del piso que tenía alquilado en Nueva York el Sr.Moore -.

- ¿Sí? - respondió al rato una voz al otro lado -.

- ¿Profesor Mohinder Suresh? Soy Stanley Moore… y aca…acabo de hacer algo realmente raro… - tartamudeó pegando la boca al auricular del teléfono para que escuchase sus susurros - Tengo que verle… Voy hacia allí… -.

[doHTML] <embed src="http://www.metrolyrics.com/scroller/scroller2.swf?lyricid=207804&border=9&bordert=85&bgfont=0xFFFFFF&bg=http://www.metrolyrics.com/scroller/bgs/Evanescence_2.jpg&filter=0x463D3B&filtert=26&txt=0xFFFFFF&fontname=arial&fontsize=11&speed=2" quality="high" width="180" height="210" name="scroll" align="middle" type="application/x-shockwave-flash" pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer" /><br /></embed>[/doHTML]

Gideon - October 28, 2007 09:38 PM (GMT)
user posted image


user posted image

- …La Restauración Meiji de 1868 inició varias reformas. El sistema feudal fue abolido y numerosas instituciones occidentales fueron adoptadas, incluyendo un sistema legal y de gobierno occidentales, junto con otras reformas en lo económico, social y militar que transformaron a Japón en una potencia mundial de nivel medio a alto. Como resultado de las guerras chino-japonesa y ruso-japonesa, Japón se anexionó Taiwán, Corea y otros territorios a su imperio en expansión. ¿Alguna pregunta? - hizo una pequeña pausa el catedrático y experto en Historia Mundial el Dr.Hadrian J. Rawlings mientras, mirando hacia abajo, reorganizaba el papeleo sobre su mesa. Nadie se pronunció… - Pues creo que por hoy vamos a dejarlo aquí… ¡Ah! Una cosa más… recuerden que tienen aún una semana por delante para entregarme sus análisis sobre “Civilización y Cultura Japonesa”. ¡No se demoren demasiado! -.

Rawlings borraba la pizarra a la vez que el murmullo empezaba a crecer junto a la marcha de sus alumnos. Fue cuando todos hubieron salido, el momento elegido por uno de sus alumnos para acercarse hasta él.
- Profesor Rawlings… ¿podría hablar con usted un momento? - pronunció respetuoso el joven rebuscando en su carpeta -.

- ¡Anderson! Claro claro… dígame… ¿de qué se trata? - preguntó curioso el magistrado sacudiéndose las manos de tiza a un lado -.

- Es… sobre algo que quizá usted pueda reconocer… - extrajo de ella una funda de plástico cerrada herméticamente que contenía lo que parecía ser un manuscrito oriental y se lo tendió - ¿Ve ese extraño símbolo? - concluyó señalándoselo con el dedo -.

- Pero… - atinó a decir observando atentamente aquel carácter al que se refería el joven - ¿De dónde lo ha sacado Anderson? - continuó diciendo algo titubeante -.

- Del Museo claro… el tío de mi madre ejerce como responsable de varias secciones y no se imagina lo que me costó persuadirle para que me lo dejase sacar de allí para poder traérselo profesor… - respondió Anderson cruzándose de brazos, llevando la mirada del escrito al profesor y vicerversa repetidas veces -.

Rawlings quedó en silencio durante unos segundos antes de reaccionar, dirigirse hacia su maletín forrado en cuero y sacar un cristal rectangular con el que examinar el manuscrito…
- Ehmmm… ¿podría dejármelo Anderson? No es mi estilo aventurarme y sacar conclusiones equivocadas sobre bases históricas como ésta… - murmuraba despacio a escasos centímetros del escrito que resposaba sobre su mesa -.

- Siento tener que decirl… - se precipitó a decir antes de que le interrumpiesen -.

- ¡Déjemelo… Serán sólo un par de días! Yo mismo se lo haré llegar a su tío al Museo si es lo que le preocupa - aseguró el magistrado con voz solemne volcando su mirada hacia el alumno - Y si es por el análisis, le concederé una semana más para concluirla… ¿cree que le será suficiente Anderson? - finalizó cruzando los brazos frente al joven, dejándose caer con semblante serio sobre su mesa sin llegar a sentarse -.

El estudiante quedó un poco desconcertado para, sin palabra alguna, asentir con la cabeza repetidas veces…
- Supongo que… gracias… - para finalmente darse media vuelta y salir del aula con aire despreocupado rascándose la parte lateral de la cabeza -.

Rawlings se volvió hacia su mesa y colocó ambas manos sobre el manuscrito aún protegido por la funda hermética. Siguió con la mirada la trayectoria que describía aquel símbolo y junto con el resto de papeleo, lo guardó todo en su maletín. Volteó para introducir la mano en uno de los bolsillos internos de su chaqueta, agarró su teléfono móvil y marcó apresuradamente…
- ¿Leo Laprinn? Soy Hadrian… Hadrian Rawlings… ¿me puede poner con ella? - dijo sin quitar ojo de su maletín -.

- ¡¿Hadrian?! ¡Soy yo! Llevábamos meses sin hablar… ¿qué tal? - balbuceó sorprendida por su llamada después de tanto tiempo -.

- Esperaba que me cogiese el teléfono una de tus recepcionistas… bueno, estoy bien. Al menos, de momento. Tengo algo que comentarte sobre… sobre nosotros… - titubeó para decir esto último -.

- Ahora no puedo hablar, Hadrian… estoy en hora de servicio. Esta vez no se me va a escapar… - susurró agachándose en el sillón del conductor del coche en el que se encontraba -.

- ¡Laprinn, es importante…! Yo soy el primero que preferiría terminar de una vez con esto, que nunca hubiese pasado… - aseguró poniéndose nervioso - No me obligues a usarlo también contigo… -.

- ¿No lo entiendes? No me puedo permitir el volver a fallar… desde ese momento, todo ha ido sobre ruedas. Debo solucionar más casos si quiero desbancar a SpyAgent S.A… No eres el único que tiene que pagar una hipoteca, ¿sabes? - sentenció cortante - En un par de horas te llamaré… Hasta lue… -.

- ¡No cuelgues…! - ordenó repentinamente el catedrático - Vas a escuchar lo que tengo que decir… ¿de acuerdo? -.

La detective Laprinn se irguió en su asiento y permaneció enganchada al teléfono, aunque en silencio…

- ¡Siempre me fuerzas a hacerlo! - dijo como arrepentido - Sabes que no lo haría pero no hay tiempo para disculparse, ¿recuerdas cuando nos conocimos Eduard, tú y yo? - preguntó presionándola a pensar -.

- Sí claro, claro que lo recuerdo… con la excusa de las vacaciones en Virginia - contestó segura de lo que decía -.

- Entonces también recordarás aquel símbolo del que nos habló Eduard… ese que llevaba colgado al cuello… - continuó diciendo para concretar aún más -.

- Y la extraña historieta del haitiano, sí… - se adelantó a decir haciéndole ver que lo recordaba -.

- Pues ese símbolo aparece en un manuscrito japonés y juraría que es original… ¿y si la historia que ese tal haitiano le contó fuese realmente cierta? Y si como él nos dijo… fuimos afectados por aquella explosión nuclear por exposición directa a la radiación… - recitó el catedrático dejando las cuestiones en el aire -.

- Por fin entras en razón, Hadrian. Sabes que Eduard no ganaba nada mintiéndonos y nos proporcionó respuestas. Fue demasiado… peciso - dijo la detective Laprinn masajeándose la sien para ayudarse a recordar aquel encuentro - Además, recuerdas tan bien como yo esa foto… y también somos conscientes de lo que nosotros mismos somos capaces de hacer. Sólo compartimos con él tres o cutaro días, pero se ganó mi confianza… -.

- ¿En qué momento entendiste que mi llamada era para que me deleitases con una ráfaga de explícitos rencores? - dijo con voz apesadumbrada pero chistosa - Tendríamos que volver a verle… quizá él sepa lo que realmente significa este caracter tan particular… -.
- Espero… Y si ahora me lo permites, tengo trabajo… ¿de acuerdo? - farfulló con resentimiento - ¡Dios! ¡Aquí sale! Se acabó el intimar con la secretaría Peterson… - esbozó una sonrisa maliciosa - Luego te llamo… ¡Cuídate Hadrian! -.

Rawlings se quedó pasmado, quedando a solas con el comunicar de la línea telefónica… compadecía en cierta manera a ese incompetente de Peterson aunque no le conocía. Leo Laprinn no aguantaba a los hombres infieles, era uno de los motivos por los que no mostraba interés en mantener una relación estable con ninguno. Únicamente, se volcaba en su trabajo. Lo cual, desde el punto de vista del profesor Rawlings, era una pena… Guardó el móvil, cogió su maletín y salió de clase con destino al Departamento de Historia. Creía que en su despacho no le molestarían mientras examinaba a fondo ese manuscrito.




user posted image

- ¿Quieres parar de una maldita vez, Troy? - vociferó Jack volteando en su silla de ruedecillas - ¡¿Así quién demonios puede estudiar?! -.

Un pequeño dormitorio de 5m2 era el habitáculo de dos jóvenes de 2º y 3º año, aunque de diferentes ocupaciones; mientras que Troy McGlire era un estudiante pasota y desencaminado de Ciencias del Deporte, Jack Hamilton podía considerarse como un estudiante bastante más aplicado y sensato de Física. El motivo de su “hermanación” en un dormitorio compartido además de que el coste de la residencia disminuiría considerablemente, resultó de un incidente totalmente desafortunado…

- ¡Hey Jackie! Tan poco me gustas tú a mi como yo a ti… así que olvídame... - le replicó con desagrado -.

- No sabes cuánto deseo que te gradúes… Lo habrías aprobado a la primera si en vez de lanzar la pelota a la pared como cual chimpancé, empleases ese tiempo a memorizar tus apuntes de Anatomía. Y menos si lo haces acostado en mi cama… ¡Levanta de ahí, anda! - murmulló por lo bajo volviéndose hacia el escritorio -.

- Sólo los bichos raros como tú se encierran a estudiar tres semanas antes de los exámenes… - dijo lanzándole una mirada rebosante de rencor - ¿Tan listo que pareces y te esfuerzas en parecer tan estúpido como para no entender las palabras Ol-ví-da-me…? Déjame en paz… - farfulló jugueteando con la pelota entre sus manos -.

- Al menos tengo algo con lo que rellenar la “chola”… ¿puedes decir tú lo mismo, idiota? - abrió de nuevo el ejemplar de Física Cuántica que tenía sobre el escritorio y pasó varias páginas sin rumbo aparente - Déjalo… es evidente que no -.

El otro chaval se levantó precipitadamente de la cama, apretó las mandíbulas y se limitó a salir del cuarto. No sin antes lanzarle la pelota violentamente a Jack sin acierto alguno. Éste hizo un gesto triunfante al librarse, al menos temporalmente, de su inaguantable compañero de cuarto o su “parásito”, como él lo consideraba… Fue entonces cuando rebuscó entre las páginas del libro buscando algo, dando a una en la que se encontraba el retrato a carboncillo de una chica con gesto sobrecogido. Cogió la lámina y la sostuvo ante él…
- Sin duda, los 4 dólares con 23 centavos mejor empleados de toda mi vida… - susurró para sí mismo de forma salaz mirando el voluminoso pecho de la chica que casi parecía sobresalir de la imagen -.
Su mente comenzó a divagar hasta remontarse al momento en que obtuvo aquella lámina a carboncillo que ahora admiraba atónito…

user posted image

Todo ocurrió hacía un par de días, uno de los Domingos más soleados de todo el mes o por lo menos así le pareció a él. Había cogido el autobús para llegar hasta Central Park, uno de sus lugares favoritos como retiro espiritual sin llegar a salir de la “Gran Manzana”. En poco menos de una hora, se encontraba a las puertas de aquel paraíso para los sentidos… un lugar tranquilo por el que pasear hasta encontrar un buen banco a la sombra donde sentarse a leer la Teoría de la Equivalencia Global. Y así hizo, hasta que unas voces chirriosas que hablaban sobre el lago Kennedy, seguidas de numerosas zancadas le hicieron levantar la vista y olvidar por un momento el párrafo que estaba ojeando y… al mirar hacia delante…

- ¡Devon! ¡Por favor! ¿Quieres guardar silencio un momento? ¡Estoy intentando comprar las entradas! - cruzaba de una acera a otra para dirigirse a una adolescente de unos 16 años de profundos que se encontraba a unos metros de ella a la cual encargó el cuidado de un niño de poco más de 4 años… - Sarah, disculpa, quédate con Devon… Voy a la taquilla, no os mováis de aquí ¿entendido? -.

La hermosa joven no cesaba en disculparse al regresar a su sitio en la cola que aguardaba a las puertas del museo Guggenheim de 5º Avenue. No tardó mucho en adquirir los tickets y volver a donde se encontraba la adolescente junto al niño…
- ¿Dónde están los demás, Sarah? - preguntó nerviosa mirando a ambos lados -.

- Estaban aquí hace un momento instructora… me entretuve con Devon un momento y cuando quise darme cuenta habían desaparecido - alegó la joven en su defensa aupando al niño -.

- Vale, tranquila… - le estrechó el hombro mirando fijamente a sus ojos - No tienes por qué sentirte culpabale… esto no hará que deje de creer que has cambiado y que merezcas mi confianza. Y cariño, haz el favor de borrar esa idea de pasar por la sala de aislamiento del Sr.Cooper… házlo, Sarah… - la respiración de la monitora comenzó a acelerarse de forma descontrolada, podría decirse que al compás de la muchacha - Vamos a encontrarles, relájate Sarah… confía en mi… -.

Los nervios de la muchacha fueron disminuyendo hasta alcanzar un estado de normalidad. El gesto de la monitora se transformó por completo, ya que parecía que hasta hace unos segundos antes los nervios parecían haberle inmovilizado.
- No sueltes a Devon… vamos a encontrarles… - le indicó a la muchacha que le siguiese, encaminándose hacia el interior de Central Park - Yo soy la primera que no soy partidaria de este tipo de salidas… sois aún demasiado jóvenes para que os envíen a museos de arte. Pero de ahí a que se den a la fuga va un trecho… - le comentaba sin dejar el paso contínuo y decidido que ejecutaba -.

El banco en el que se encontraba sentado Jack estaba a escasos metros de ambas féminas y no dudó en levantarse para encaminarse hacia ellas guardando el libro en su bandolera…
- ¡Perdonad! Me resultó imposible escuchar lo que hablábais y… creo que puedo ayudaros… - dijo llevándose ambas manos tras la nuca con una sonrisa nerviosa - Soy Jack… Jack Hamilton… ¿y tú eres? - preguntó extendiendo la mano a la que se había dirigido la muchacha como monitora -.

- Entonces… ¿sabes dónde han ido? - balbuceó ignorando su pregunta - Son seis niños y dos niña… más o menos de una estatura así… - le explicó indicándole con la mano la altura aproximada de los extraviados - ¿Y bien? - murmuró la joven arqueando una ceja al ver la inactividad del futuro físico nuclear -.

- Ehmmmm… ¡Sí, sí! - asintió sacudiendo la cabeza al salir del ensimismamiento - Les escuché hablar del lago Kennedy, no creo que anden muy lejos… - Jack se remontó en sus punteras para ver por encima de la gente que caminaba alrededor - Ve hacia allí y da la voz de alarma a la guardia montada… yo intentaré seguir sus pasos… - les decía dando varios pasos hacia atrás antes de salir corriendo - Los traeré de vuelta… -.

La monitora asintió decidida y se dirigió acompañada por la muchacha y el niño hasta un pareja de seguratas a caballo que recorrían el Central Park de punta a punta…
- Disculpen agentes… soy instructora del orfanato de Westbridge en Bronx y traje a algunos internos a una salida cultural. Me distraje momentáneamente y han desaparecido. Son seis niños y dos niñas de entre 10 y 13 años… ¿podría ayudarme? - dijo mirando hacia todos lados esperando verles aparecer -.

- Agente Peerson a su servicio, señorita… Suba al caballo, usted vendrá conmigo… - dijo alargando la mano hacia ella para que se agarrase al subir -.

- Muchas gracias, pero no puedo dejarlos solos agente… - dijo refiriéndose a la muchacha y al niño -.

- No se preocupe señorita… el Agente Ashwinder se quedará con ellos - le hizo un movimiento de cabeza para que, esta vez sí, subiese al caballo prestándole su espuela -.

El caballo dio algunas sacudidas antes de que el agente le diese las indicaciones pertinentes para que galopase. Recorrieron un par de millas a lomos del obediente potro para acabar deteniéndose en la intersección de Transverse Road con la ruta Oeste del parque.
- ¿Los ve? - preguntó el jinete levantándose las gafas de sol que portaba -.

- No agente… no pueden haber salido del parque tan rápido ¿verdad? - respondió ella con la voz algo tensa -.

- Sin lugar a dudas… serían unos 15 o 20 minutos para llegar desde la entrada hasta cualquiera de los otros accesos - afirmó el guarda - Me pondré en contacto con el Agente Ashwinder, quizá hayan vuelto al punto de origen… -.

La conversación por emisora duró unos 3 minutos aproximadamente, tras los cuales emprendieron el camino de vuelta sin noticias aún del grupo de escurridizos internos. Pero de repente…
- ¡Deténgase Agente! ¡Ahí están! - anunció alzando la voz abrazada aún al agente -.

El guarda detuvo al córcel y la monitora bajó del caballo atropelladamente, para salir corriendo en dirección a ellos…
- ¡Gilda! ¡Percy! - dijo arrodillándose y abrazando a los más pequeños - ¿Estáis bien? - preguntó precipitadamente separándose de ellos y viéndoles degustar unos helados muy tranquilos - ¿De dónde los habéis sacado? -.

En ese preciso momento, Jack hizo acto de presencia con el resto del grupo fingiendo que tosía…
- Ehmmm… les encontré arremolinados alrededor del quiosco de gominolas… - dijo esbozando una pequeña sonrisa mientras se acercaba - Espero que no te haya molestado que les haya invitado… llevaba un par de dólares que creía extraviados en el bolsillo del pantalón - le revolvió el pelo al pequeño Percy y se agachó - ¿Me vas a decir ahora tu nombre? -.

El rostro de la monitora, hasta el momento serio y preocupado, cambió a una sonrisa casi sonsacada a la fuerza por el comportamiento de Jack. En ese momento, aparecieron corriendo Sarah y Devon junto al otro guarda…
- Claro… - dijo a la vez que acariciaba los rostros de los pequeños y los mandaba a jugar cerca. Seguidamente, se puso en pie… - Muchas gracias agente… todo está en orden… - se volvió hacia los niños mientras los guardas se alejaban de allí - ¡Os estoy vigilando! Y yo no os daré helados como recompensa… - lanzó una mirada a Jack y alargando el brazo hacia él - Alexia Russell… pero puedes llamarme simplemente Alex ¡Encantada de conocerte! Y supongo que… gracias… - esbozó una sonrisa ladeando la cabeza para mirar a los niños correr de un lado a otro -.

Jack le estrechó la mano y le mantuvo la mirada mientras ella lo hizo. Tras una amena conversación, ambos se despidieron a las puertas del Museo Guggenheim y Jack caminaba por la acera cuando hubo algo que le llamó la atención…
- ¿Cuánto pide por él? - preguntó al haberse acercado al puesto improvisado a un lado de la calzada de un artista bohemio que trabajaba con carboncillo… -.

[doHTML]<embed src="http://www.metrolyrics.com/scroller/scroller2.swf?lyricid=772935&border=2&bordert=80&bgfont=0xC0C0C0&bg=http://www.metrolyrics.com/scroller/bgpic/bluedisco.jpg&filter=0x000000&filtert=25&txt=0xFFFFFF&fontname=arial&fontsize=11&speed=2" quality="high" width="180" height="210" name="scroll" align="middle" type="application/x-shockwave-flash" pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer" /></embed>[/doHTML]

Gideon - November 4, 2007 08:10 PM (GMT)
user posted image



user posted image

- ¡Odio a esos estúpidos come-hierbas…! - decía uno de los dos rudos camioneros que subían a la cabina de un monumental camión de transporte -.

- ¿Crees que eres el único? Si por mi fuese, los encerraría a todos… - le respondió el que conducía agarrando la palanca de marchas con fuerza - Es uno de los motivos por los que me metí a trabajar en esto, para dejarles claro que es ley de vida… una simple e inamovible pirámide jerárquica -.

- Nunca he estado tan de acuerdo contigo Samuel… como mi padre diría: “El grande se come al pequeño”. Es cuestión de superioridad… Y con las razas ocurre lo mismo… - afirmó totalmente convencido de lo que decía -.

Unos golpes se escucharon entonces en la cabina, provenientes del tráiler. El copiloto se giró con el ceño fruncido y, tras propinar varios golpes con el puño cerrado a la parte trasera de la cabina, se atusó el frondoso bigote que reposaba sobre su labio superior.

- Por lo que íbamos diciendo Lionel… ¿qué esperabas de animales que permanecen tan cerca de los que piensan así? Lástima que vayan a dejar muy pronto de hacerlo… porque sin cabeza no se puede ¿verdad? - carcajeó sonoramente a la vez que atizaba el claxon -.

El copiloto continuó con las carcajadas…
- Lo demuestra el arsenal de pieles y bultos grasientos que llevamos dentro… ¡nos vamos a embolsar una buena cantidad amigo! - abrió la palma de la mano y empezó el recuento - Siete lémures negros, cinco perros salvajes africanos, una docena de machos y hembras de gaur, tres gorilas de montaña y un leopardo… ¡Y todos en peligro de extinción! Por esto nos dan, por lo menos, ¡¡1.600 de los grandes!! -.

Volvió a escucharse un golpe sordo, esta vez mucho más fuerte que los de antes. Aun así, obtuvieron la misma respuesta de la pareja de cazadores furtivos. El ruido pareció cesar por completo, llegando a ser el silencio molesto y desquiciante cuando… un puño salió del techo y rodeó con el brazo el cuello del conductor, para finalmente ascender y golpearle contra el techo. Seguidamente, el conductor desapareció del asiento. El copiloto, absolutamente atemorizado, únicamente atinó a agarrar el volante e intentar detener el vehículo. Todos sus esfuerzos se vieron frustrados cuando unas manos ajenas se apoderaron del volante. Éste, buscó el origen de aquellas manos con la mirada hasta ser consciente de que un desconocido le observaba de soslayo…
- ¡DIOS! - gritó soltando el volante a la vez que, ahuyentado por el susto, tiraba de la manivela de la puerta -.

- Suelen llamarme simplemente Snake, aunque reconozco que ese Dios y yo tenemos mucho en común… - esbozó una sádica sonrisa y de un potente placaje con el hombro, el copiloto salió despedido para impactar contra la carretera -.


user posted image

El camión estaba estacionado en la zona más aislada de un pequeño aparcamiento improvisado, a un lado de la estación de servicio de la suministradora estadounidense Chevron. Snake se volteó en el sillón del conductor y con suma facilidad atravesó la coraza del trailer para acabar dentro de éste.


Las pupilas de Snake no tardaron mucho en acostumbrarse a la suma oscuridad. Fue entonces cuando apreció cuál era el cargamento y de dónde provenían esos molestos ruidos: animales encerrados en una recreación viva de la selva africana, unos en una supuesta libertad y otros enjaulados. Aunque en total oscuridad, el olor tan desagradable que se percibía delataría aquel cargamento. Snake cogió precipitadamente por el cuello a uno de los lémures negros, escuchando con suma frialdad los chillidos de sufrimiento que éste producía…
- ¿Sabes? Te retorcería la cabeza si no me fuese a reembolsar una buena cantidad a tu costa… No vas a resultar ser tan repugnante e incompetente al fin y al cabo - carcajeó cínicamente sin percatarse de que algo iba a ocurrir en ese momento -.

En cuestión de segundos había quedado suspendido en el aire, al ser estrangulado por un fornido tallo de una planta enredadera. Su respiración empezaba a entrecortarse y sus labios se tornaban de un color morado intenso…
- ¡Wewe mbaya*! Suelta a la criatura enseguida… - unas pisadas fueron el antecedente inmeadiato a la aparición de una esbelta joven de largos cabellos ondulados con marcados rasgos autóctonos del continente - Las consecuencias pueden ser aún peores… -.

(*Frase en Swahili: ¡Tú malo!)

Snake clavaba sus dedos en el brote que le rodeaba intentando deshacerse de éste, pero parecía prácticamente imposible, nublando incluso sus impulsos nerviosos. Aun así, era tan o más escurridizo que el sobrenombre que representaba su etapa como sargento en el FSB*2, Snake…
Inclinó la cabeza hacia atrás para acabar atravesando el tallo, recuperando así la función vital de respirar tirado en el suelo. Apretando los dientes, se incorporó sobre una de sus rodillas y, con mirada desafiante hacia la fémina, colocó ambas manos en la hierba que recreaba todo aquel páramo. El punto en el que se encontraba fue el primero en sufrir los efectos devastadores de Snake… toda la vegetación comenzó a marchitarse en oleadas, entre ellas, el brote de enredadera. Snake perfiló una mueca maliciosa antes de separar sus manos de la superficie, hasta ahora, cubierta por una variada flora.
- Arsénico… nunca pensé que llegase a ser tan letal. Nunca te acostarás sin saber algo nuevo… - pronunció altivo, apoyándose en uno de los laterales del tráiler para ayudarse a ponerse en pie -.

(*2El FSB (en ruso: ФСБ) es una organización estatal de seguridad de Rusia, y es la organización sucesora del KGB. Su nombre es un acrónimo de Servicio Federal de Seguridad de la Federación Rusa).

La joven cayó de rodillas al suelo y gateó hasta hallarse tras una de las jaulas. Snake se acercó con paso firme hacia ella, siempre con una de sus manos alzadas en dirección a ella…
- ¿Tú también vas incluída en el pack? - preguntó en voz alta, aunque sin esperar respuesta alguna -.

Snake se materializó junto a ella y le agarró por el cuello, tirando de ella hacia fuera del tráiler. La chica, nerviosa, se revolvía clavándole las uñas en el brazo…
- Por favor, suéltame… te confudí con ellos… - balbuceaba con dificultad por la presión en su garganta -.

Una vez fuera…

- ¿Ellos? ¿Los inútiles de los que me acabo de librar? - repitió incrédulo aflojando sus brazos - Pues con el recibimiento que me diste, ¿por qué no lo hiciste con ellos? -.

- Dardos somníferos… me pillaron desprevenida - indicó la joven algo más tranquila - Asaltaron la protectora de animales en la que resido en prácticas… -.

- Ya entiendo… no les culpo por ello - alejándose un poco de ella - Simplemente luchan por sobrevivir, la supervivencia es más importante que el daño ajeno… -.

- ¡Maltratar a criaturas inocentes no es supervivencia! - vaciló la muchacha lanzándole a Snake una frívola mirada -.

- No lo es si el maltratado, en cambio, puedes llegar a ser tú… ¡Bah! Eres demasiado joven para entenderlo… - concluyó quitándole importancia - Yo, sin embargo, creo entender lo que sientes… ¿te sientes un bicho raro? ¿ocurren cosas a tu alrededor que no puedes explicar? Sabes que… no estás loca ni eres la única que se ha sentido así alguna vez… - murmuró de espaldas a la muchacha, a la vez que se alejaba de allí a pequeñas zancadas -.

La joven se giró con los ojos abiertos como platos tras abrir la puerta del tráiler para librar del olor del arsénico a los animales, corrió tras Snake para agarrarle de un brazo y tirar hacia ella…
- No puedo dejar que te vayas… eres la primera persona que conozco con la que puedo hablar de lo que me ocurre… - dijo entre susurros obstaculizando el camino con su cuerpo, colocándole las manos sobre el pecho - Mi nombre es Tharkia Ahumibe… y lo he intentado todo para renegar del daño que soy capaz de hacer -.

Snake tragó saliva y describió un gesto apesadumbrado con su cabeza…
- No puedo ayudarte, si ni yo puedo hacerlo conmigo mismo… Lo único que puedo hacer por ti es olvidar el tráiler, es todo tuyo… Yo trabajo solo… -.

- No puedo volver a casa… no ahora que sé que hay más como nosotros… - gimió volviendo a interponerse en su camino - Mis emociones son el detonador de mis poderes, ya he hecho bastante daño… Hace sólo dos días que presentaron mi suspensión de prácticas, tan sólo fue un deseo fugaz y ocurrió, ocurrió tal y como lo susurré… -.

- No me conoces de nada… - dijo con voz solemne y fría parándose en seco - ¿Cómo sabes que no puedo hacerte más daño yo a ti del que tú nunca podrías imaginar? - volvió las palmas bocarriba y llevó su mirada hacia ellas - Bueno, olvídalo… ¿quieres? -.

- Podemos liberar a los animales y utilizar el tráiler para huir muy lejos de aquí… quiero vivir ajena a mi vida en Mombasa, quiero ir contigo… por favor… - gritó Tharkia tirando de él hacia las puertas del tráiler - Acompáñame… necesito tu ayuda para liberarlos -.

Snake se quedó embobado mirándola, totalmente absorto en sus pensamientos… segundos después, estaba cruzando las sombras para colarse dentro del tráiler. Tharkia le recordaba a su pequeña, a la hija que murió poco después de que el entrase en el FSB.


[doHTML]<embed src="http://www.metrolyrics.com/scroller/scroller2.swf?lyricid=485908142&border=2&bordert=49&bgfont=0xC0C0C0&bg=http://www.metrolyrics.com/scroller/bgs/HilaryDuff.jpg&filter=0x000000&filtert=25&txt=0xFFFFFF&fontname=arial&fontsize=11&speed=2" quality="high" width="180" height="210" name="scroll" align="middle" type="application/x-shockwave-flash" pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer" /><br /></embed>[/doHTML]

Gideon - November 23, 2007 12:39 AM (GMT)
user posted image


user posted image

- Sra.Fortescue, agradezco su hospitalidad… - afirmó dejando, en una pequeña mesilla, el tazón de té que le había servido la propietaria del inmueble - Puede estar tranquila de que su marido no se percatará de nada… simplemente, haga lo que le indicamos y le juro que usted y su marido podrán vivir ajenos a todo. Son las nuevas generaciones quienes deben tomar el relevo… - al levantarse del sillón, alargó la mano para estrechársela -.

- Confío en que así sea, Sr.Henderman… - concluyó solemne la anfitriona, respondiendo al estrechamiento con fingida seguridad - Le acompaño a la puerta… -.

El educado caballero trajeado de pies a cabeza, de melena canosa e imponente bastón sobre el que intentaba disimular su cojera, se dirigió a la puerta seguido por la Sra.Fortescue y, con una leve reverencia de cabeza, salió por ella.

Cuando se hubo hallado lo suficientemente lejos del hogar Fortescue, allá por el descansillo del portal, giró el reloj de pulsera de oro de ley y se lo acercó a la boca…
- Hecho… ¡Dile a Bob que quiero que a las 12:00 horas, haya un jet privado esperando en la azotea del Hotel Villa du Meine que me haga llegar a Berlín antes de las 16:00 horas! Tengo que llegar con cinco horas de antelación al ensayo… - estimó cortante el apuesto joven de pelo rubio que, presuroso, se alejaba del portal calle arriba mirando de reojo el lujoso automóvil negro metalizado con las lunas tintadas que supervisaba la operación -.

No muy lejos, le esperaba un ostentoso Mercedes en tonos marfileños. Se detuvo junto a la puerta trasera, miró a ambos lados de la calle y se adentró en el vehículo…
- Al Hotel Villa du Meine... - le indicó al uniformado chófer que se limitó a introducir las llaves en la rendija de contacto y arrancarlo -.

- Bob ha accedido a tus peticiones, McKann… ha quedado bastante satisfecho con la información que has logrado sonsacar a la Sra.Fortescue -.

La voz ronca de un hombre, que ocupaba el asiento del copiloto, impactó a McKann al escucharle…
- ¡Sr.Scorpion! Creía que ya no trabajaba para la Compañía…- dijo mirando nervioso por la ventanilla. La presencia de ese hombre ponía nervioso a cualquiera… -.

- A veces es bueno perderse en el mapa… si no se quiere salir mal parado, claro… - Scorpion esbozó una sonrisa de autosuficiencia, para acabar hablando de nuevo - Además, nunca se acaba uno limpiando las manos del todo con las innumerables manchas que deja la Compañía, por no hablar de mi atracción fatal hacia todo lo que conlleve la clandestinidad, pero bueno, dejemos de hablar de mi… ¿qué tal lleva el estreno? -.


- Todo marcha como es debido. Llevo meses trabajándome el guión… - aseguró con total rotundidad a la par que orgulloso - Estoy convencido de que éste será el salto para darme a conocer en el viejo continente… agradezcaselo de mi parte a Bob, fue quien me brindó esta oportunidad -.

El chófer golpeó suavemente la palanca del intermitente, a la vez que intentaba incorporarse al carril de la derecha. Así lo hizo, para acabar deteniéndose unos metros después en un refinado porche…
- Hemos llegado señores… - hizo saber el chófer al resto de ocupantes - Mucha suerte Sr.McKann. ¡Que pasen un buen día! -.

- Por fin… - bufó entre susurros a la vez que abría la puerta del vehículo - ¡Muchas gracias! Le deseo lo mismo… ¡Hasta la vista entonces, Sr.Scorpion! -.

- ¡No vas a creer esto, McKann! - también se dispuso a salir del vehículo - Con la conversación tan amena que nos procesábamos se me olvidó comentarte que me han encargado un trabajillo, ubicado en el centro de la capital germana… qué casualidad, ¿no crees? - una mueca maliciosa se dibujó en su rostro - Así que nos vemos a las 12:00 horas en la azotea compañero… Y por si para variar y se te antoja, vengo preparado con mi pequeño kit de mercancía de “nieve” - se volteó y dio su abrigo al botones del hotel justo antes de atravesar la puerta giratoria que daba paso al Hall del hotel -.


user posted image

Cinco siluetas, junto al jet, se vislumbraban difusas a causa de un Sol de justicia que marcaba el mediodía. Dos de ellas correspondían a McKann, enganchado a su teléfono móvil, y a Scorpion, liándose un grueso cigarrillo que se disponía a fumar. Otra de las siluetas correspondía al piloto, un hombre uniformado que, asomado por la barandilla de la azotea, se cercioraba de que las condiciones para volar eran las más propicias. Las dos siluetas que quedaban, eran desconocidas para los dos controvertidos pasajeros… una mujer de rasgos asiáticos y de lujuriosa melena negra azabache, junto un niño de unos seis años con una interminable trenza morena que la acompañaba.
- ¿La palabra “privado” no lo dejaba suficientemente claro? - repetía McKann indignado a quien quiera que estuviese al otro lado del teléfono - Bueno, por lo menos no son quinceañeras histéricas… Sí sí, en cuanto pise tierras germanas te lo haré saber. Hasta luego… - tras cerrar brucamente el teléfono móvil en concha, agarró firmemente su maleta y se encaminó hacia dentro del jet -.

- ¡Hey McKann! ¿Acaso se te olvidaron los modales en Knoxville? - le puso una mano en el pecho para cortarle el paso entrecerrando los ojos, la profunda calada procesada al cigarro casi lo consumió por completo - Las damas primero… -.

La mujer, con la mano en el hombro del chico, se aproximaba a grandes zancadas por la izquierda de ambos y, sin ni siquiera mirarlos, fueron los primeros en adentrarse en el jet…
- Terima kasih… quiero decir, gracias… - tradujo casi de inmediato la adulta de la desconocida pareja - Kamu terasi, tolon! Lurus kelatine Saya?* - le entregó un pequeño paquete al benjamín y esperó su respuesta -.

(* Frase en Indonesio: “¡Sujétalo, por favor! ¿Sigo recto?”)

- Ya Ibu*…! - contestó él energéticamente mientras le indicaba con pequeños golpecitos en el brazo que debía agacharse para entrar -.

(* Frase en Indonesio: “¡Sí mamá!”)

Scorpion no perdió de vista a la pareja en ningún momento. McKann, curioso, no pudo contenerse y tomó la palabra…
- ¿Sabe de quiénes se trata, Sr.Scorpion? - se decidió a preguntar arqueando una ceja aún parado en el sitio -.

- Tú a triunfar que es lo tuyo McKann… deja el resto para los mayores - esbozó una sádica sonrisa y levantó ambas cejas al ofrecerle una calada, la cual fue rechazada por el joven - Ahora, me toca jugar a mí… - murmuró en un susurro. Anduvo varios pasos hacia atrás sonriendo en silencio de cara a McKann y fue el siguiente en cruzar la pasarela que le dirigiría hasta el interior del jet -.

Con todos a bordo, el piloto dio la señal y despegaron hacia Berlín…


user posted image

Un ligero aroma a quemado inundaba la habitación…
- ¡Frida! ¡Se está quemando algo! - gritó un chico que leía una revista tumbado en el sofá - ¡FRIDA! -.

Una chica de aspecto dulce con un trapo colgado al hombro y un delantal corría hacia la cocina desde su cuarto como si una manada de elefantes africanos le viniese siguiendo…
- ¡Ya estoy! ¡Ya estoy! - dijo con tono fatigado - Las Bratwursts* están ya casi listas… ¿podrías ir poniendo la mesa, sabes Hartmut? -.

(* Concepto en Alemán: Bratwurst hace referencia a la manera especial de elaborar las salchichas)

- ¿No ves que estoy ocupado? La Frau* Beckenbauer se ha ensañado conmigo y me ha encargado la investigación de un estúpido escritor inglés sobre gérmenes… te ayudaría si pudiese… - fingió con tono fanfarrón - Lo siento hermanita… - subió los pies a la mesilla que había frente al sofá y con una amplia sonrisa, suspiró aliviado - Además, creo que le toca a la rarita de Chron… que por cierto, ¿qué clase de nombre es Chron? - dijo de forma burlona negando con la cabeza -.

(* Denominación en Alemán: Frau se emplea tanto como sustantivo de mujer como forma de dirigirse a alguien de sexo femenino. Equivalencia: Señora Beckenbauer)




- Cierra el pico. Sería una bonita forma de ayudar al menos… - dijo la chica sacando la bandeja con salchicas del horno - Chron dijo que volvería con Benji para la hora de comer… me cubrirá el próximo turno. Deben estar a punto de llegar… - tiró el trapo de cocina sobre la encimera y se sopló las yemas de los dedos… - Están… algo chamuscaditas, pero creo que no estamos para desperdiciar ni las cáscaras del plátano. Temo que no lleguemos a fin de mes… -.

- ¿En qué mundo vives, Frida? Papá está forrado, qué menos que alimentar a sus primogénitos… una llamadita y voilá, una paella de marisco al más puro estilo español - cerró la revista y se acercó a la mesa frotándose las manos - ¡Qué pinta tienen! Hay que reconocer que tienes buena mano para la cocina… - sin quitar ojo a las salchichas, tuvo tiempo de propinar un cachete en el trasero a su hermana cuando volvía a la cocina -.

- ¡A la próxima no respondo, zoquete! - ladró frunciendo el ceño a la vez que le señalándole con el dedo, se alejaba hacia la cocina -.

Un tintineo seguido de un forcejeo fue el precedente de que Chron y Benjamin irrumpieran en el salón. Entraron hablando como si no hubiese nadie más en la estancia, para acabar deteniendo sus miradas en la estampa de Hartmut con unas servilletas en la mano junto a la mesa…
- ¡No puedo creérlo! - dijo Chron haciendo señas a Benjamin para que bajase la voz - ¿Tú poniendo la mesa? ¡Frida! ¡Dime quién es y qué has hecho con tu hermano! - seguidamente, estalló en carcajadas junto a Benjamin, al tiempo de que Frida salía de la cocina -.

- Te lo has ganado a pulso, así que no me mires así… - dijo ésta arrebatándole las servilletas de las manos a su hermano y colocándolas, intentando disimular la risa - ¿Agua con o sin gas? - preguntó alzando ambas botellas -.

Tras varios minutos de deliberación, acabaron eligiendo el agua sin gas, excepto Hartmut.
Los cuatro se sentaron a la mesa y empezaron a degustar el pequeño festín a cargo de Frida, acompañados por las voces adolescentes de la serie de sobremesa…
- ¡Te salieron realmente jugosas Frida! Qué sería de nosotros sin ti… - dijo Benjamin esbozando una sonrisa a la vez que se inclinaba hacia ella para darle un beso en la mejilla en agradecimiento - A ver cuando nos deleitas tú con algo como esto Hartmut… -.

- Pasa de mi cara paleto… - pronunció Hartmut cortante haciendo incapié en ésta última - ¡Pedazo de posaderas tiene Ava Schiffer…! A esa si que le preparaba yo un buen cargamento de Bratwursts… -.

El trío se precipitó en gestos de náusea, repulsión y desagrado. Fue entonces cuando Benjamin se asestó varios golpes en el pecho para ayudarse a tragar. Se levantó precipitadamente y se dirigió a su habitación. En cuestión de segundos volvía con una sonrisa de oreja a oreja y con las manos a su espalda…
- Casi se me olvida… - le dijo a Frida muy cerca de su oído, pasándole un brazo por el hombro para rodear su cuello - ¡¡Tengo entradas en primera fila para ver a Gideon McKann esta noche!! -.

A Frida le fue imposible no llevarse las manos a la boca, se giró hacia Benjamin y le profirió una cascada de besos y abrazos…
- ¡Me encanta! - dijo examinando una de las entradas con nerviosismo - ¡Es increíble! You like me, In the shadows,… He visto decenas de series protagonizadas por él, no esperaba que viniese a Europa… ¿Cómo las conseguiste? -.
- Pues podría decirse que me cayeron del cielo… Anoche, antes de que saliéseis ayer de clase, vinieron a traerlas a casa. Según la persona que me las hizo llegar, es un sorteo de promoción que incluía a toda la ciudad de Berlín… Suerte, supongo - remató Benjamin encogiéndose de hombros - Y qué mejor que compartirlo con vosotros, al fin y al cabo, somos amigos ¿no? -.

- Y después de esto, mucho más… - asintió Frida cómicamente, embobada con las entradas – Siempre estaré allí para lo que necesites Benji, eres un cielo… -.

- ¿A ver…? ¡Déjame echarles un vistazo! - enunció Chron tomando una de las entradas - Parecen verdaderas, más de una vez he falsificado por ordenador alguna entrada de cine pero estás poseen una banda magnética muy difícil de adulterar… Pero, yo paso de ir ¿eh…? - dijo devolviendo la entrada como si le fuese la vida en ello - A la media hora estaría deseando salir de allí, está prohibido fumar y ya tengo suficiente aguantando las clases… -.

- Anda Chron… ¡no seas aguafiestas! - le replicó Benjamin dándole un golpe en el hombro - Seguro que nos lo pasamos genial… es una oportunidad para hacer algo juntos y sabes lo que significa para Frida… dí que vienes, venga, anímate -.

Tanto Benjamin como Frida entrecruzaron sus manos en forma de ruego a la vez que gesticulaban con sus rostros sus mayores muecas lastimeras, esperando así convencerla de ir a la obra. Sin embargo, Hartmut hacía oídos sordos embobado con la televisión, como si no fuese con él…

- ¡¿Esta misma tarde?! ¡Tengo cosas que hacer! Nada nada, olvidádlo… - negó Chron repetidas veces con la cabeza mientras sacaba un cigarrillo de su pitillera -.

- Casi cuela Chron, si no fuese porque hace apenas una hora me dijiste que con el fin de las clases de esta semana te encerrarías en tu cuarto a navegar sin rumbo por Internet… ¿a qué multinacional le tocaba hoy? ¿A Firstway Medien GmbH? La salvación del E-mule puede esperar… - Benjamin se tiró de rodillas con una sonrisilla en el rostro - Anda venga… -.

- Levántate del suelo bobo… - dijo Chron tirando de él hacia arriba - Está bien, está bien… Iremos a ver a ese tal McKann - cogió de nuevo la entrada de manos de Benjamin y miró la imagen del actor - Dentro de lo que cabe, el chico está para hacerle un favor… -.

Frida se tiró a los brazos de Benjamin como loca, mientras Chron se llevaba el tenedor a la boca exasperada por la escenita…
- ¡Hartmut, tú también vienes con nosotros! ¿O pensabas que te librarías…? - dijo ésta con una sádica sonrisa en su rostro -.

[doHTML]<embed src="http://www.metrolyrics.com/scroller/scroller2.swf?lyricid=626778834&border=2&bordert=80&bgfont=0xC0C0C0&bg=http://www.metrolyrics.com/scroller/bgpic/bluedisco.jpg&filter=0x000000&filtert=25&txt=0xFFFFFF&fontname=arial&fontsize=11&speed=2" quality="high" width="180" height="210" name="scroll" align="middle" type="application/x-shockwave-flash" pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer" /></embed>[/doHTML]

Gideon - November 25, 2007 04:21 PM (GMT)
user posted image


user posted image

- ¡Desde que pasé el casting estoy en un estado de enajenación profunda! - repetía entusiasmada una chica a la que le estaban dando los últimos retoques en peluquería - Sí, sí… sé como es este mundo yaya, no te preocupes. Sabré encajar el estar en segundo plano toda mi vida… ¡pásame a mamá, abuela! - tras unos segundos en espera - Mamá estoy a apenas dos horas del estreno, ¡estoy atacada! Seguro que acabo soltando algún gallo… - murmuró con una sonrisa nerviosa -.

La puerta del camerino se abrió para dar paso a una mujer portadora de unos enormes cascos, que ahora llevaba en el cuello al no utilizarlos, y un pequeño micrófono que le recorría la mejilla hasta la boca…
- ¿Mayfield, Samantha? - llamó introduciendo sólo medio cuerpo en la estancia -.

- ¡Presente! - dijo Samantha sin moverse para no destrozar el trabajo que uno de los peluqueros le estaba realizando - Dígame Regina… -.

- ¡Ah perfecto! ¿Greta y Gilda Wallace actuarán contigo también no? - dijo consultando la tablilla que llevaba entre las manos - En diez minutos tenéis ensayo general preciosas… - les indicó con una sonrisa antes de que arquease una ceja y se dispusiese a hablar, a la vez que se colocaba los cascos - Sam… ¿me dijiste que querías que se os presentase como “Sandralpha y las DoubleG’s Twins”no? ¡Vale! Apuntado queda… ¡Mucha mierda chicas! - les deseó acompañado de un guiño y el pulgar elevado -.

Ésta volvió a cerrar la puerta. El peluquero que atendía a Samantha, le definía las puntas con el secador cual estrella de Hollywood. Había pasado muchas noches en aquel club nocturno de Queens, cantando para cuatro carcamales que estaban más pendientes de sus curvas que de lo que entonaba…
¡Era su momento e iba a aprovecharlo al máximo!
- ¡Estás diviiina de la muerte! - dijo el dicharachero estilista contemplando su obra - ¡ihr sind eine schönes Mädchens*! - gritó eufórico al ver al trío de chicas, listas para el espectáculo, ante él - Venga venga… os están esperando… - dijo dándoles golpecitos en el trasero para que fuesen abandonando el camerino -.

(* Frase en Alemán: “Sois unas niñas preciosas”)

Radiantes, conversaban entre bastidores aguardando su turno de ensayo. Fue entonces cuando Greta, una de las coristas, chocó en un descuido con un comedero del tamaño de un cubo. Samantha, como si de un resorte se tratase, la cogió prácticamente al vuelo evitándole la caída. Sucedió bastante rápido todo, pero Samantha juraría que una voz en su cabeza le alertó para que llegase a tiempo de cogerla…
- ¡Menos mal, Sam! ¡Qué vergüenza me hubiese dado caerme con el vestido que llevo! Debe haber costado una pasta gansa… Gracias - le agradeció la atractiva corista -.

Samantha sonrió a su compañera, justo antes de mirar a ambos lados desde donde se encontraba, pero no vio a nadie. Seguidamente, dos apuestos mozos de unos veinte años se cruzaron en su camino tirando de las riendas de dos esbeltos caballos. Cruzaron sus miradas con las chicas durante unos segundos. Seguía a estos, un jinete de corta y despeinada melena rubia, vestido con ropa poco apropiada para cabalgar.
La imprevista llegada de Regina, la realizadora, sacó a Samantha de su ensimismamiento…
- Chicas, os presento a Basile, a Dean y a Aaron. Como ya sabéis, entraréis en escena a lomos de estos refinados corceles… - se colocó delicadamente las gafas de gruesa montura sin dejar de masticar sonoramente un chicle - Se ha pensado que Greta irá con Dean y que Gilda irá con Basile… Samantha, a ti te acompañará Aaron. En tres minutos entráis a escena… ¡A hacerlo lo mejor posible! - Regina se volteó y siguió organizando al equipo -.

Las coristas, se dirigieron a sus respectivas parejas para que les ayudasen a subirse a sus caballos. Y de igual manera hizo Samantha a la vez que Aaron, de un salto, bajaba del caballo…
- Encantada Aaron… Sam para los amigos - alargó la mano hacia el experimentado jinete - Y desde ahora lo eres. Después de todo, que salga sin ningún hueso roto de ésta depende de ti… - sonrió evitando mirarle directamente a los ojos -.

- Lo mismo digo… - se precipitó a decir en respuesta al estrecharle la mano - Los amigos de toda la vida me llaman Nero, pero prácticamente no los conservo… así que Aaron está bien. Cambiando de tema… ¿has montado alguna vez? - golpeó suavemente el lomo del podenco de oscuro pelaje que había a su lado -.

- Me temo que hace el suficiente número de años como para no acordarme… sería en el jardín de infancia, en una de las excursiones al rancho escuela - comentó ella avergonzada -.

- Pues no hay tiempo para darte un par de clases particulares antes del ensayo… pero tranquila, tampoco hay mucho misterio… - Aaron le tendió la mano acercándola, fijando la espuela con la mano para su fácil acceso - Simplemente preocúpate en cantar, no dejaré que le pase nada a la estrella… - rió irónico al ver el recelo que la chica mostraba a montar -.

- Ja, ja, ja… ahórrate tus comentarios ¿quieres? - Sam le echó a un lado y puso el pie en la espuela - Este día, ni un engreído como tú puede estropeármelo… así que simplemente preocúpate en mantener a raya al caballo ¿de acuerdo? Sé cuidarme perfectamente sola… -.

- Cómo están los ánimos… ¡descuida! Sé qué es lo que pone en mi contrato y por lo que me pagan… sin imprevistos - asintió Aaron convincente empujándole desde el pie para que se sentase, para después, subir él mismo - ¿Listos muchachos? - dijo volteando la cabeza hacia atrás - Allá vamos… ¡Adelante! -.

[…]

user posted image

Las puertas principales del teatro se abrieron al público que venía a ver el evento. Ante ellos, una enorme sala iluminada por innumerables lámparas de pedrería en cascada, además de una orquesta que amenizaba la espera entre rebosantes cuencos de ponche. Conforme el público se iba repartiendo por la estancia, una de las puertas laterales se abrió para dar paso a una multitud de camareros y camareras debidamente uniformados que, aguantando bandejas de plata repletas de canapés y bombones, ofrecían a los recién llegados...
- ¡Buenas noches! ¿Les apetece un delicioso canapé de paté de oca? - les preguntaba una encantadora muchacha rubia de mirada inocente a un matrimonio de edad avanzada - Se los recomiendo… y créanme, sé de lo que hablo… -.

- Muchísimas gracias encanto… - la señora cogió uno de los canapés y le propinó un bocado - Perdona, ¿no llevarás encima algo de azúcar no? Una pizquita le vendría muy bien a mi parecer… -.

- Ha tenido suerte señora… - metió la otra mano bajo la bandeja y sacó varios sobres individuales de azúcar, mientras que cogió la placa que llevaba con su nombre y con una amplia sonrisa - Recuerden quién les atendió, Mnemosineh Wilden, aunque simplemente pueden referirse a mi como la chica del nombre raro… sabrán que se trata de mi - sonrió simpática antes de continuar su camino -.

Tras la degustación de un par de personas más, se sintió como vigilada… aquel sentimiento volvía a invadirle. Miró hacia ambos lados intrigada, era el lugar menos indicado para que ocurriese algo como aquello. Y no tardó mucho tiempo en darse cuenta de que, en cierta manera, estaba en lo cierto…
un hombre de gesto impasible le dirigía una mirada fría y arrogante…
Sineh desvió su mirada, evitando volverse a encontrar con aquel individuo. La angustiosa sensación de que pudiesen haber descubierto su poder le ponía realmente nerviosa. Es por esto que se dirigió lo más rápido que pudo de vuelta a las cocinas, donde quien quiera que fuese aquel hombre no podía seguirla…

Aquel individuo, sacó una fotografía y un cigarro del bolsillo interior de su chaqueta y se lo llevó a la boca. Volvió a guardar la foto y emprendió la marcha con paso veloz, camino a las cocinas…
- ¡Nathaniel Moretti! ¡Cuánto tiempo, ¿no?! - le detuvieron en plena marcha poniéndole la mano en el pecho - Te he estado buscando… quería asegurarme de que no cometías ninguna tontería… - un hombre con un llamativo ojo de color celeste le miraba serio y autoritario - Tenemos un trato… ¿recuerdas? -.

- Quítame tus manos de encima Scorpion… - pronunció Nathaniel entre dientes apartando su mano de golpe pero, a la vez, disimulando ante el resto de personas que allí se encontraban - Sé perfectamente las condiciones… así que ahórrate tus sermones -.

- Veo que sigues tan intratable como siempre… ¡me sorprende saber que sigues vivo! - Scorpion perfiló una sonrisa socarrona en su fatigado rostro - Va a resultar que eres más duro de lo que pensaba muchacho… Vamos, te contaré de qué se trata -.

Nathaniel y Scorpion se alejaron juntos de donde se encontraban, en busca de un lugar más despejado donde poder hablar sin temor, aparente, a ser escuchados…


user posted image

- …Y dejémonos de formalidades para dar paso al estreno mundial de “Políticamente correctos…”, una obra escrita por Wiston K. Newman, dirigida por Ashton Wicklar y protagonizada por Gideon McKann y Elizabeth Gwen, junto a la prodigiosa voz de Sandralpha y las DoubleG’s Twins… ¡Un aplauso y esperamos que disfruten del espectáculo! - recitó con voz orgullosa y solenme el pregonero, saliendo de escena por uno de los lados -.

En el descanso y a punto de salir al escenario para amenizarlo, Samantha Mayfield respiraba profundamente tratando de calmar sus nervios colocándose el nuevo vestuario. Aaron la miraba con cierta curiosidad desde bambalinas.

- ¿Querías algo? - preguntó Sam, dominada por sus nervios, en tono despectivo -.
- No, nada... Sólo te miraba, por si se te habían bajado los humos… - negó Aaron al tiempo que apartaba la vista de ella - ¡Pero, veo que tu mal humor no es algo puntual! -.

Sam frunció el ceño. En ese preciso instante, desde el otro lado del escenario, la regidora le hacía señas para que el entrase en escena. Ella suspiró y se encaminó hacia el pie de micro, acogida por una intensa lluvia de aplausos y acompañada por los primeros acordes de su canción.

Mayfield comenzó a cantar y, cuando apenas entonaba el primer estribillo, notó como a sus pies caían trozos de cristal. Extrañada pero guardando las formas, miró disimuladamente hacia arriba, observando que provenían de la lámpara ubicada justo sobre su cabeza, la cual se balanceaba de forma brusca.

Tratando de controlar sus nervios como si supiese lo que se le venía encima, Sam, con la mirada fija en el techo, se apartó hacia un lado del escenario; en ese momento, la enorme lámpara caía sobre sus compañeras de grupo, causando un enorme silencio entre los espectadores. Mayfield, asustada, dejó salir un grito ensordecedor de su garganta, provocando que todas y cada una de las lámparas estallasen y cayesen sobre el público. Apenas lograba entender lo que acababa de ocurrir.

La gente comenzó a huir de sus asientos, sin control, provocando una enorme marea de personas que hacía poco más que entorpecerse a sí misma. Decenas de personas habían sido literalmente aplastadas.

En medio del caos, un grupo de Bundeswehr* y la Cruz Roja se abrían paso entre la multitud para asistir a los heridos. De pronto, un hombre de mediana edad y rasgos orientales que estaba sentado en una de las primeras filas, comenzó a gritar. El suelo tembló y el resto de lámparas que quedaban, no intactas pero aún pendientes del techo, comenzaban a caer. A medida que éste gritaba, los cristales estallaban. Sineh Wilden, que aún sujetaba su bandeja repleta de copas de champagne, vio como una a una explotaban ante ella. Precipitadamente, dejó caer la bandeja para evitar que los cristales le impactasen en los ojos.

(*Nombre que reciben las Fuerzas Armadas Alemanas.)

Nathaniel, refugiado junto a una de las salidas de emergencia, sacó del interior de su chaqueta una pistola que, con sigilo, guardó en el bolsillo trasero del pantalón. Buscaba con la mirada a Scorpion entre la marea de personas que, pidiendo auxilio, corría desesperada. Trató de forzar la puerta pero no hubo forma alguna de abrirla, estaba bloqueada. Su mirada se quedó fija en una chica que, vestida con uniforme de protección civil alemana y portadora de un maletín de primeros auxilios, se apresuraba hacia el hombre que había provocado el segundo seísmo, el cual permanecía inmóvil en segunda fila, con la mirada perdida y haciendo movimientos al aire con sus manos. Todos los que estaban a su alrededor, salían despedidos contra las paredes, empujados por una fuerza impercetible al ojo humano.

Nathaniel, contemplando la escena, lanzó una sonrisa mientras se colocaba sus gafas oscuras.
De repente, desapareció como si nunca hubiese estado allí.

Gideon, ahora desde el palco presidencial, al ver a Nathaniel desaparecer cerró los ojos y, al abrirlos, su imagen había cambiado por completo: su cabello se tornó oscuro, su rostro cobró una apariencia más madura y su ropa ahora era similar a la de los voluntarios de la Cruz Roja. Nadie habría podido decir que era Gideon McKann el que corría escaleras abajo, dirigiéndose hacia la segunda fila de butacas.

Sorprendentemente, Nathaniel se antepuso por sorpresa a un grupo de agentes de seguridad alemana armados con intención de disolver el problema. Éste, desplegó todo su empeño para librarse de ellos sin pararse a pensar en las muertes que ello conllevaría…

Sam, aún en el escenario, se arrastraba entre tozos de hierro, cristal y cable en busca de una salida. De pronto, alguien tiró de ella hacia atrás, llevándosela contra su voluntad...

[doHTML] <embed src="http://www.metrolyrics.com/scroller/scroller2.swf?lyricid=53880&border=2&bordert=80&bgfont=0xC0C0C0&bg=http://www.metrolyrics.com/scroller/bgpic/bluedisco.jpg&filter=0x000000&filtert=25&txt=0xFFFFFF&fontname=arial&fontsize=11&speed=2" quality="high" width="180" height="210" name="scroll" align="middle" type="application/x-shockwave-flash" pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer" /><br /><a href="http://www.metrolyrics.com/bitter-sweet-symphony-lyrics-the-verve.html" title="Bitter Sweet Symphony Lyrics">Bitter Sweet Symphony Lyrics</a></embed>[/doHTML]

Gideon - December 2, 2007 04:07 PM (GMT)
user posted image


user posted image

Todo ocurrió demasiado rápido, incluso para los que habían conspirado el asalto.
La gente que, increíblemente ilesa, se agolpaba en las salidas de emergencia del teatro, empezaba a impacientarse. Pero, para desgracia de todos, sólo había sido el comienzo…

Dos jóvenes, Benjamin y Hartmut, arremetían contra una de las puertas a la cabeza de uno de los grupos.
- ¡JETZT*! - masculló el primero de ellos para sincronizar el placaje - ¡Joder! ¡Es imposible! - gimió entre dientes frotándose el brazo.

(*Adverbio temporal en Alemán que significa “ahora”.)

- ¡Aparta, estúpido! - Hartmut empujó violentamente a Benjamin, para acabar propinando inúltimente tres patadas a la puerta - ¡Maldita sea! - apretó los puños furioso sin darse por vencido -.

Frida, un poco apartada y con las rodillas pegadas al pecho, se batía en duelo con sus pulmones por recuperar el ritmo respiratorio habitual. Había perdido el bolso en medio del caos y con él, lo único que podría proporcionarle un alivio a quien padece asma… su inhalador. A su lado, Chron intentaba tranquilizarla respirando con exageración para que Frida intentase seguirla.
- Respira conmigo, Frida… vamos a salir de ésta, ¿me escuchas? - Chron mostraba claros indicios de haber sufrido la caída de una de las lámparas a su lado: varias rasgaduras en la ropa y el pelo bastamente salpicado por restos de yeso del techo. Algo desconcertada, miraba hacia atrás intentando vislumbrar, entre las nubes de polvo y la gente, al causante de todo aquello…

Fue entonces cuando, como si de un fogonazo se tratase, una imagen difusa cruzó la mente de Hartmut. A éste, le fue imposible no reflejar su incredulidad: las retinas de Hartmut habían sido bombardeadas con escenas del culpable de que todas las salidas estuviesen taponadas. Para Hartmut, esa sensación no le era desconocida… llevaba sufriéndolas durante toda su vida, con más frecuencia desde hacía tres años atrás…
- ¡Eh Hartmut! Necesitamos encontrar el inhalador de tu hermana… ¡su respiración no se estabiliza! - Chron y Benjamin se echaron al hombro a Frida y se dirigieron hacia el mellizo - ¡Vamos, date prisa! -.

Hartmut seguía como ausente allí parado, ahora fijando su mirada en Chron… sin decir ni una palabra, se limitó a cogerla del cuello de la chaqeta y a alejarse de allí tirando de ella en busca del bolso de su hermana.


- ¡Lo siento! - se disculpó Sineh al chocar accidentalmente contra Frida, sirviéndose de Benjamin para caminar -.

Numerosos cortes cruzaban manos y rostro de la muchacha, aunque afortunadamente se encontraba de una pieza y sus ojos no habían salido malparados cuando… de repente, una mano se materializó ante ella con intención de agarrarla, frustrado por la rápida acción de un fornido varón, trajeado, portador de un pinganillo que dejaba caer sobre uno de sus hombros. En cuanto éste agarró aquella extremidad surgida de la nada, se deshizo ante la perpleja mirada de Sineh.
- ¿De dónde…? - se precipitó a decir sin quitarle ojo al que, volviendo a colocarse aquel pinganillo, le respondía la mirada -.

- Sólo diré que no estás sola… la vida de la cual te despojaron sin preguntarte, puedes recuperarla gracias a aquella persona que siempre ha estado tan cercana a ti - el ojo cristalino de Scorpion se detuvo en la muchacha, segundos antes de que le obligase a marcharse - ¡Ahora lárgate! Y ahorrarás el lamentarte más tarde… -.

Sineh dios varios pasos hacia atrás como aturdida… ¿Vida de la cual la despojaron? ¿Esos meses en Brooklyn habían sido por deseo expreso de alguien? Sin duda, debía de haber un interés extremadamente poderoso como para hacer aquella atrocidad pero… ¿quién?
Miles de emociones se batían en el interior de la joven…

Aprovechando el impacto emocional que atravesaba Sineh, un individuo se lanzó ferozmente hacia ella. Ésta se inclinó hacia atrás, sobresaltada, librándose, para sorpresa de todos e incluso para ella misma, de aquel híbrido entre reptil y humano al haber materializado una roca de tamaño considerable sobre su cabeza. Aquel golpe le había dejado fuera de combate… totalemente tendido. En el momento en que la roca tocó el suelo, se desintengró sin dejar rastro en un destello.

Tanto Scorpion como Sineh, se quedaron sin palabras. La reacción más rápida fue la de la joven, que salió corriendo de allí esquivando a la multitud sin volver la vista atrás. Scorpion, por el contario, levantó del cuello de la camisa al recién llegado, sin apenas dificultades, y cuando lo tuvo a varios centímetros por encima del suelo…
- A por ella no, inútil… - rugió furioso sin ni siquiera mirarle - Un trato es un trato, Geco… ¡estúpido! - con un hábil gesto del brazo, hizo que Geco saliera despedido hasta impactar contra la pared, llevándose a varias personas por delante -.

Cuando Sineh creyó estar lo suficientemente lejos de aquella escena, se refugió bajo una de las mesas que había colocadas en el Vestíbulo. Al menos, esperaba poder reflexionar a escondidas, sobre lo que le acababa de ocurrir: ¿cómo había logrado hacer aquello? Perpleja, no dejaba de examinar detenidamente sus manos volteándolas repetidas veces ante ella… simplemente, el pensar en salir airosa hizo que ocurriese lo de la roca…
- Salga de aquí, Señorita… - le advirtió un corpulento joven, totalmente uniformado y protegido, cortándole el paso a una chica a la que Sineh no conocía de nada - Cumplo órdenes de su padre… no me lo ponga más difícil, vuelva por donde ha venido -.

- Tengo que entrar ahí dentro, Marshall… y deja de llamarme “señorita” porque no lo hiciste la noche de mi cumpleaños… - la chica esbozó una pícara sonrisa antes de volver a intentar seguir su camino, nuevamente frustrado por el joven - ¡Dé…ja…me… en PAZ! - la muchacha intentó despojarle de sus guantes de protección, pero el chico lo evitó agarrándole el brazo -.

- Ni se te ocurra volver a intentarlo… - dijo violentamente el joven - Ahora, me limitaré a hacer mi trabajo… - entonces, Marshall comenzó a abrir y cerrar el puño ante el rostro de la joven -.

Mesas, cuadros y lámparas a su alrededor empezaron a temblar, incluída la mesa bajo la que se había refugiado Sineh… presente durante toda la discusión. Nerviosa, intentó agarrar dos de las patas pero una fuerza enorme le imposibilitaba el detener los temblores. Se volteó precipitadamente hacia la pareja, a tiempo para ver como el cuerpo de la chica empezaba a elevarse del suelo con suma facilidad… como si su peso fuese el de una pluma, sólo sujeta a la mano de Marshall.
- He mejorado mucho estos últimos meses con tu padre… no me obligues a tener que mostrarte de lo que soy capaz - concluyó justo antes de soltar el brazo de la chica, la cual quedó suspendida en el aire, para hacer que cayese forzosamente al suelo -.

Sineh intentó librar a la chica de la caída, para lo que estiró el brazo, cerró los ojos y deseó con todas sus fuerzas el librarla de ese canalla… cuando abrió los ojos, vio como nuevamente, una roca había caído sobre el muchacho, la cual al ser afectada por el campo gravitacional, provocó un fuerte golpe…
Sineh, salió de debajo de la mesa con rapidez y se arrodilló junto a la chica. Ésta, apenas se lamentó por el golpe ya que los poderes de Marshall habían cesado a tiempo…
- ¡Odio a los que intentan someternos! - replicó Sineh echándole una mano para que se levantase, con una incrédula sonrisa de haberse vuelto a salir con la suya -.

La muchacha, un par de años más joven que ella, le respondió con una sonrisa maliciosa y, juntas, se encaminaron nuevamente hacia el proscenio del teatro… donde aún reinaba el caos.


user posted image

El hombre oriental, que poco antes lanzaba gente contra la pared con el simple movimiento de sus manos, ante la mirada de millones de personas aterrorizadas, comenzó a tornarse invisible, de manera que sólo se podían apreciar, ante el ojo humano, su rostro y sus brazos.

La joven con uniforme de la Cruz Roja, abriéndose paso entre los escombros, alcanzó la segunda fila de butacas. Exaltada y con la respiración entrecortada, frenó en seco sin quitar sus ojos del oriental, quien cada vez se volvía más y más imperceptible.

La joven clavó su mirada a excasos centímetros de él y, extendiendo su brazo con la palma de la mano abierta, comenzó a hablar con algo o alguien que, como el oriental, era invisible para el ojo de los allí presentes…
- ¡Déjale en paz!, ¿por qué le estás haciendo esto?, ¿quién eres? - demandó la chica dominada por sus nervios, al tiempo que rotaba su mano unos grados, como si estuviese afinando su punteria con un arma - ¡Puedo verte! ¿no te has dado cuenta…? (…/…) ¡Suéltalo! Él no es como nosotros… - añadió justo antes de mover un poco su cabeza a la derecha, afinando aún más su puntería - ¡No me obligues a usarlo contra ti! ¡no delante de toda esta gente! - gritó la joven, cada vez más impetuosa por su impaciencia -.

Pero, ante esto, no obtuvo más respuesta que una réplica de su gesto por parte del oriental. Ahora, ambos estaban frente a frente, el brazo extendido y las palmas de sus respectivas manos a la altura de la barbilla del otro. La chica entreabrió la boca sorprendida y, al tiempo que con su mirada trataba de controlar aquello que sólo ella conseguía percibir, su mano comenzó a temblar.

De repente, Nathaniel apareció como de la nada justo tras ella y, posando su mano en el hombro de ésta, le dijo con voz pausada…
- ¿Con quién hablabas? ¿Cómo puedes verle? - se pronunció entre susurros -.
- Suéltame... esto puede acabar mal, mejor que te apartes... - le dijo la chica, intentando controlar el temblor
de su mano, sin nisiquiera girarse para mirar con quién estaba hablando -.

Nathaniel sonrió maliciosamente y volvió a desaparecer. Justo en ese momento, Gideon, bajo la desconocida apariencia que había tomado en el palco, se abría paso entre las filas de butacas tratando de alcanzar la posición de éstos, aún enfrentados cara a cara y siendo observados por miles de personas que trataban de ponerse a salvo cobijándose en cualquier rincón de la sala.

Un joven armado con su cámara fotográfica, cambiaba el carrete tras una de las columnas que actuaban como contrafuertes del techo abovedado. De su chaqueta pendía una tarjeta plastificada en la que se podía leer “Herr. Eduard O. Beck - Gebevollmächtigen Personal”*, y sobre ésta, un colgante con un extraño símbolo para algunos… no así para otros.

(*”Herr… Gebevollmächtigen Personal” significa “Señor… Personal Acreditado” en alemán. Aunque esta traducción no es demasiado segura.)

user posted image

Samantha cayó encima de unos sacos de arena, utilizados para sujetar el peso del telón, provocando una enorme nube de polvo. Rápidamente, mientras tosía, se giró para ver quién había sido el o la culpable de su caída y allí estaba Aaron, sonriendo nuevamente.

- ¡Tú! - exclamó Sam con cierto tono de enfado -.
- Yo... ¿el que te ha salvado de morir aplastada por una lámpara? - preguntó Aaron sin dejar de sonreír -.
- Gracias - replicó Samantha sin dejar de clavar su profunda mirada en él -.
- No hay tiempo... - dijo Aaron algo nervioso - Ahí fuera hay mucha gente como nosotros... y no creo que esto sea una casualidad -.
- ¿Nosotros? - preguntó Sam, al tiempo que arqueaba las cejas -.
- No trates de ocultarlo, ¿crees que no se que fuiste tú la que provocó la primera avalancha de lámparas? - preguntó el joven, esbozando una breve sonrisa - No somos tan diferentes... ¿Viste lo que hizo ese hombre de las primeras filas? Hay que detenerle… -.
- ¿Qué puedes hacer tú? - demandó la chica intrigada -.

En ese preciso instante, apareció Scorpion tras ella agarrándola del cuello sin piedad, dejándola a escasos centímetros sobre el suelo. Sam se agitaba nerviosa, tratando de librarse de la presión que éste ejercía sobre su cuello, impidiéndole respirar.

Aaron la miraba como si quisiera decirle algo. Extrañada, trataba de salvarse, pero no podía gritar. La fuerza de Scorpion era sobrehumana y su respiración cada vez era más tenue. De pronto, en la mente de Sam se reprodujo, clara aunque lejana, la voz Aaron
- Cuando le ataque, grita con todas tus fuerzas... -.

El chico cerró los ojos. De repente, Scorpion sintió dentro de su cabeza una enorme punzada que le hizo reducir la fuerza con que agarraba a Samantha, que facilitó que ésta emitiese un grito provocando que el villano fuese lanzado dos metros más allá, haciéndole chocar contra una cristalera.

Ambos salieron corriendo hacia fuera, topándose de frente con la escena que, en la segunda fila del patio de butacas, seguía llamando la atención de muchos.

A pocos metros, una muchacha envuelta en un abrigo de pieles corría atropelladamente buscando una salida con la mirada. Ni los empinados tacones que portaba, le impedían seguir corriendo… le seguían de cerca una chica con gafas de edad parecida y un hombre de prominente barriga, tan asustados como ella.
- ¡Saila! ¡No creo que sea buena idea lo de internarnos entre la multitud! - gritó la chica de gafas cubriéndose la cabeza con una tablilla de madera, perdiendo varios papeles a su paso - ¡No es seguro! -.

- ¡Corre Carola! Quedarnos encerradas en el camerino no nos ayudará a salir… - contestó la esbelta muchacha mirando hacia el techo - Sígueme… y no pierdas de vista a Thomas… - concluyó Saila refiriéndose al hombre que corría tras ellas -.

- ¡Muchachas! ¡No corran tan rápido! - berreaba el trajeado individuo con la respiración entrecortada - ¡¡Sólo conseguirán que les aplaste parte de la estructura del edificio!! ¡PIENSO DEMANDAR A ESTOS CANALLAS! -.

Gideon, tras recobrar su apariencia, trató de agarrar al oriental por detrás para bloquear sus movimientos, lo que provocó que éste se girase y de su mano saliese una extraña energía hacia el fondo del teatro, justo donde se encontraban Chron, Hartmut, Benjamin y Frida. Éstos, al sentirse amenazados, caminaron hacia atrás tratando de refugiarse en el enorme arco de una de las salidas. Justo en ese momento, Chron, alzó instintivamente su mano, tratando de parar el impacto que se le venía encima… Todos quedaron perplejos cuando observaron que, alrededor de éstos, se había creado un campo de fuerza en tonos azulados que frenó el impacto. El muro situado tras ellos se derrumbó, provocando más muertes.

La chica de la Cruz Roja, con su brazo aún extendido, devolvió el ataque pero dirigido exclusivamente hacia el pecho del oriental. De pronto, este emitió una nueva honda que, al impactar, provocó una enorme explosión en el teatro.

La joven cayó, con una enorme herida en la cabeza, a los pies de Sam. El oriental fue agarrado por Nathaniel, quien volvía a aparecer de la nada justo en el momento exacto. El teatro comenzó a arder. Aaron corría hacia ellos esquivando hierros, butacas incendiadas y gente que corría, ansiosa por escapar, hacia el enorme butrón que se había abierto con el derrumbamiento de la pared del fondo.

Sam abrió su mano y la colocó sobre la herida de la joven. Tras unos segundos, al retirarla, la sangre había desaparecido; se había sanado, aunque la chica seguía inconsciente. Y, como caído del cielo, Samantha recibía un golpe en la cabeza, que la hizo caer desplomada junto a ella.

Aaron, concentrándose, utilizó su poder para bloquear la mente del oriental, quien aún seguía paralizado, pero tratando de huir, por la fuerza de Nathaniel. Al instante, éste dejo de moverse, cayendo en un profundo coma. Nathaniel, al tiempo que miraba a Aaron, volvió a dibujar esa maliciosa sonrisa en su rostro.

Gideon, aún reponiéndose del golpe, les observaba con intriga. Entonces, Scorpion le agarró por detrás levantándolo un metro del suelo y lanzándolo contra el pie del escenario. Las llamas cada vez se avivaban más y la columna de humo hacía la escena casi imperceptible. Gideon se levantó y le miró con odio...
- No contra mi... - dijo el chico apretando los puños -.
- No es un asunto personal, McKann - dijo Scorpion negando con la cabeza -.

En ese momento, alzó su brazo derecho y éste comenzó a transformarse en algo punzante. Los dedos de la manos se le alargaron, uniéndose en un punto; la piel tomó una textura metálica...

- Pero... ¿qué demonios...? - dijo Gideon, a la vez que buscaba una salida con su mirada -.

El brazo de Scorpion se había convertido en una afilada espada. McKann se mostraba bloqueado y amenazado ante éste, que le acorralaba entre las llamas, presionando su pecho con la punta de la espada. Instintivamente, Gideon, en un intento para escapar, la apartó de su pecho sin ni siquiera tocar la espada con su mano, sólo con el gesto. Sin perder de vista el filo de la espada, trató de librarse de Scorpion. Vio como la alzaba y dejaba caer circularmente hacia su pecho. Con ambas manos trato de repeler el ataque. En ese instante, Scorpion levantó sutilmente el brazo izquierdo, sonrió y le golpeó en la cabeza, haciéndole caer al suelo. Lo levantó y se lo llevó, desapareciendo entre las llamas…

Fuera, una enorme columna de humo nublaba el cielo de Berlín. Patrullas de policía y bomberos acudían a las proximidades del teatro, alertados por el suceso... irrumpiendo ahora las sirenas en el interior del teatro. Para suerte de todos, las puertas volvían a ejercer su función.

- ¡Eh Hartmut! ¡¿Qué pasa contigo?! - le replicó Chron una vez fuera del teatro - ¡Te he salvado la vida! -.

- ¿Para qué salvarme después de haber tentado con matarnos a todos allí? - se giró Hartmut precipitadamente hacia ella, ante la atenta mirada de Frida y Benjamin - ¿A qué esperabas para contárnoslo? -.

- ¡No sabía cómo reaccionaríais... ¿vale?! - gritó Chron como poseída - Ni yo misma era consciente de que podía hacer aquello... aún así, bienvenido sea... ¿ese es motivo para juzgarme? -.

- No soy yo quien debería juzgarte... sino un psiquiatra, lo tuyo no tiene nombre... - Hartmut tragó saliva y apretó los dientes - Fuiste tú quien nos mantuvo a todos encerrados... Lo he sentido, no eres la única que guardaba un secreto o sino, pregúntale a mi hermana... - le mantuvo durante unos instantes la mirada para después girarse, cruzar la cinta policial y alejarse de allí -.

Boquiabierta, Chron dirigió su mirada hacia Frida, la cual se sonrojó y desvió la suya hacia el suelo...

user posted image

Las luces del pasillo central comenzaron a encenderse, una tras otra. Bob, acompañado de Elle, se abrió paso entre las sombras, dirigiéndose hacia la habitación del fondo. Allí, tumbado en una camilla, atado de manos y tobillos con grilletes metálicos, yacía el oriental. Bob tomó unos documentos de la mesilla auxiliar.
- Está limpio… - dijo con cara de preocupación. Mientras, Elle sonreía despistada por el rostro de aquel hombre que le había llamado la atención desde el día en que todos fueron capturados en el teatro -.
- ¿Cómo pudieron traernos a un humano cualquiera? - preguntó la chica aún observándole, mientras se recostaba en una de las butacas con las manos tras la nuca -.
- Este simple humano manifestó tres poderes diferentes mientras nuestro plan se llevaba a cabo en Berlín... No creo que eso sea tan simple - explicó Bob sumido en sus pensamientos -.

En la habitación contigua, Aaron despertó sobresaltado. Llevaba semanas encerrado en aquel habitáculo sin recibir más visitas que las de los enfermeros, quienes le realizaban pruebas diarias y análisis de sangre. Aquello empezaba a cansarle…

En su despacho, Nathaniel hablaba por teléfono...

- ...Allí había alguién más, pero no podíamos verle. Ese humano tuvo que recibir esos poderes de alguna parte. Llevamos semanas investigándole... no tiene el gen. Está jodidamente limpio. (.../...) Sí, además conseguimos algo más desconcertante... esperamos que el dar con esa chica que tenemos en observación nos vaya a resolver muchas dudas. Es de las nuestras… no sé de dónde salió, ni que hacía allí, pero de algún modo detectó a alguién junto al oriental. Creemos que puede ver a otros como nosotros, pero no sabemos cómo... (.../...) Al menos el tiempo que nos llevó dejar la escena limpia de pruebas sirvieron de algo, la policía no vincula a la Compañía con lo que ocurrió: un descuido en las infraestructuras por negligencia del ministerio de urbanismo - carcajeó divertido - No se preocupe, McKann está controlado. No es de extrañar que la forma en la que descubrió los fines de la Compañía, le hicieran tambalear su confianza en nosotros… -.

Entre risas, continuó la conversación. La puerta sonó. Scorpion giraba el pomo desde el otro lado, disponiéndose a entrar...

user posted image


Desde este mismo momento, damos por finalizada la Primera Temporada del FanFic Oficial de Heroes Foro: "El Hallazgo de un Nueva Prole". Primera, porque estamos ya en preparativos de una segunda. Nuevos personajes, nuevas tramas, revelación de tramas ya comenzadas... Además, desde este mismo momento, los Clubs de Fans quedan oficialmente abiertos para que podáis apoyar a vuestros personajes favoritos y aguardéis, hasta la semana que viene, el nombramiento de Presidentes de los mismos a raíz de los comentarios que les dejéis. Pero esto no termina ahí, el Domingo que viene podréis ser testigos de los vídeos especiales de la 2º Temporada del FanFic con la fecha oficial de la publicación del primer capítulo. Os agradecemos vuestro apoyo y esperamos conservarlo durante todo el tiempo que nos lleve este proyecto...

Nuestro más sincero agradecimiento,

Porque esto no es un Adiós, sino un Hasta Luego...

Gideon - December 16, 2007 04:59 PM (GMT)
user posted image

Gideon - December 16, 2007 05:00 PM (GMT)
user posted image


user posted image

Saila permanecía sentada en un cómodo sofá de piel. Su brazo, extendido con el puño apretado, se comunicaba desde la vena mediana del codo con una bolsa que, a través de un goteo lento, recogía su sangre. Bob la miraba fijamente. Junto a la puerta, un hombre fuerte de casi 2 metros de altura, cruzado de brazos, seguía con su mirada cada movimiento de ambos…

user posted image


- ¿Para qué queréis mi sangre? Ya te he dicho que no puedo ayudar en lo que buscáis... - dijo Saila al tiempo que lanzaba a Bob una mirada de odio -.
- Y yo te he dicho que es un procedimiento rutinario. Unas gotas más y te dejaremos libre - replicó Bob, empujando sus gafas hacia arriba -.
- ¿Unas gotas más? Eso dijiste hace un rato. ¡Me vas a dejar sin sangre...! Y como me quede marca... - Bob tapó la boca de la chica con su mano, obligándola a callar -.
- Unas gotas más... Y no me hagas tomar medidas de protección, saldrás perdiendo - añadió Bob, mirando de reojo al tipo de la puerta -.

La chica sonrió forzadamente, agachó la cabeza y suspiró. Sus ojos parecían vacíos. Algo retorcido le estaba pasando por la cabeza.


user posted image

La chica que, en Berlín, se enfrentó cara a cara con el oriental provocando las explosiones en el teatro, estaba sentada en una silla metálica. Sus muñecas y tobillos, atados con grilletes, le impedían realizar movimiento alguno. Scorpion, de pie, la miraba con desprecio…
- ¿Me vas a decir quién lo hizo? - preguntó, bastante enfadado -.
- No puedo... - respondió la chica con media sonrisa en su boca -.

Scorpion cogió una garrafa de gasolina que había a los pies de la joven y se la echó por encima.
- Lo siguiente será encender una cerilla... por cuarta vez, Nicole, ¿quién lo hizo? - demandó, al tiempo que lanzaba la garrafa vacía contra la pared -.
- No se quien lo hizo... No puedo verles la cara, solo percibo su energía - respondió Nicole, mientras tosía, tratando de escupir el líquido que había entrado en contacto con sus labios -.
- ¿De qué manera se percibe esa energía de la que me hablas? ¿qué viste exactamente, Nicole? No me lo pongas más difícil - dijo Scorpion, agachándose para estar a la altura de la cara de la chica, mirándola profundamente a los ojos y mostrándole una cerilla apagada -.
- Si hubiese visto su puta cara te lo diría... pero solo veo auras... campos de energía... - añadió Nicole, sin dejar de mirarle a los ojos -.
- Deberías tenernos miedo... - dijo Scorpion, girándose hacia la puerta -.

user posted image


Nicole le miraba con odio, apretando las mandíbulas para tratar de controlar el temblor que le provocaba el miedo. La gasolina resbalaba por su piel, estaba completamente empapada. Scorpion encendió una cerilla, sonrió y, al momento, sopló para apagarla. Abrió la puerta y salió, advirtiéndole al tiempo que se marchaba…
- Tienes 10 minutos para pensarte cómo explicar lo que viste. Tengo más cerillas... Me encanta ver como la gente se retuerce de dolor mientras arde -.

Nicole apretó los puños, impulsándose para soltarse, pero fue en vano. Abrió las palmas, dispuesta a lanzar una de sus explosiones, pero se retractó, temiendo provocar la chispa que le hiciese arder.


user posted image

Daniel se disponía a marchar hacia una de sus clases semanales de Full Contact, pero esta vez iba con media hora de retraso. Su padre se interpuso en su camino, portando un sobre cerrado en la mano derecha…
- ¿Qué es esto? - preguntó enfurecido -.
- Una carta... déjame pasar, voy tarde... - añadió Daniel tratando de pasar por el minúsculo hueco que quedaba entre su padre y el marco de la puerta -.
- ¿Por qué no me avisaste de que había llegado el recibo del banco? - preguntó su padre, retrocediendo un par de pasos y agarrándole por el hombro, impidiendo que se marchase -.
- No tengo tiempo de recogerte el correo... - dijo el chico agarrando el sobre al tiempo que se zarandeaba para soltarse de la presión que el Señor Williams ejercía sobre su hombro -.
- ¿Cuántas veces te tengo que decir que cada vez que llegue una carta del banco me avises? - volvió a preguntar, cada vez más nervioso -.
- ¿Por qué no se lo dices a tu hija...? No estoy sólo yo... y ¡suéltame! Llego tarde - gritó el joven -.

El Sr.Williams miró hacia arriba, suspirando profundamente. Daniel se apresuraba hacia la parada del autobús, que quedaba a no más de 5 metros de su casa…
- ¿Ha vuelto tu hermana? - gritó el Sr.Williams desde el rellano -.
- No lo sé… - respondió Daniel mientras se alejaba - Estará por ahí de fiesta... no sería nada nuevo - balbuceó entre dientes, y frenó en seco a la vez que miraba la marquesina del autobús, buscando el panel informativo de los horarios -.

El Sr.Williams, con gesto de preocupación, miró su reloj de pulsera. Las 15:47...


user posted image

El reloj de pared marcaba las 15:55. Nicole seguía atada a la silla, rociada de gasolina, sin apenas fuerzas para tratar de liberarse de los grilletes.

La puerta se abrió. Elle, con aire de superioridad, entró decidida. Tras ella, una chica de mediana edad, con una rebelde melena hasta la cintura y la tez pálida, la seguía de cerca.

- Nicole... pero, qué mal aspecto tienes hoy... - dijo Elle sonriendo, mientras se acercaba -.

Elle agarró una de las manos de la chica y la extendió, tirando de sus dedos para que abriera la palma. Nicole la miraba extañada…
- ¿Cómo puedes tener unas manos tan cuidadas lanzando esas explosiones que derriban teatros? - preguntó Elle sin dejar de sonreír. - Me encanta su poder, es tan guay... - dijo, dirigiendo su mirada a aquella que, minutos antes, seguía sus pasos - Pero, papi me ha dicho que no es el único. Y que si no nos cuentas cómo le viste, puedo hacerte todo el daño que quiera... - añadió -.
- Veo el aura... puedo detectar a otros como nosotros. Ya os lo he dicho - dijo Nicole, mientras cerraba con energía su mano, atrapando la de Elle -.
- Vamos a poner a prueba ese poder... vístete. Te vas a Nueva York. Serás nuestra brújula en busca de nuevos aliados... Lisa, dale la ropa - añadió Elle, al tiempo que retiraba su mano de la de Nicole -.

La chica que la acompañaba la miró, indicando con su cabeza que la siguiera; y Elle lanzó unas descargas eléctricas tan acertadas que rompieron los grilletes que la apresaban, dejándola libre de movimientos.

- ¿Nueva York? - preguntó Nicole extrañada, masajeándose las muñecas -.
- Acompáñame… Tienes que ducharte y ponerte ropa decente... Llegamos tarde - dijo Lisa sin dejar de mirarla - Y las manos quietas, o acabarás bajo tierra -.

user posted image

Hadrian, sentado frente a su ordenador, ojeaba algunas páginas web sobre alteración genética y mutaciones…
- No puedo creer que esto nos esté pasando… - dijo con cierto tono de preocupación -.
- ¿Otra vez esa historia de las habilidades? - preguntó Laprinn, que le observaba desde el sofá, con una taza de café en la mano -.
- Según nos explicó Eduard, somos especiales… tenemos que descubrir hasta que punto - añadió el profesor Rawlings, sin dejar de mirar a la pantalla. Leonie Laprinn sonrió -.

En la pantalla del ordenador, se abrió un mensaje: “New mail. Go inbox?”. Hadrian aceptó.
- Tengo un e-mail de Eduard, en el asunto pone fotos... - dijo Hadrian mientras esperaba que las imágenes se descargasen -.
- ¿De qué son? - preguntó Laprinn a la vez que se levantaba y caminaba hacia el profesor -.
- Se están descargando... - añadió Hadrian, moviendo el cursor de un lado hacia otro de la pantalla -.

Laprinn se colocó tras él, apoyando las manos en sus hombros. En la pantalla, apareció una imagen de la entrada del teatro de Berlín. Ambos fruncieron el ceño, observando una a una, todas las fotos que habían recibido; tratando de entender qué había ocurrido allí.


user posted image

Eduard, algo nervioso, pulsó el boton enter de su ordenador portátil a la vez que buscaba a Jack con la mirada, quién le hacía un gesto de aprobación.
- Acabo de enviarles las fotos. Espero que respondan pronto, no hay mucho tiempo… - dijo Ed mientras enfocaba su cámara, apuntando a Alexia con el objetivo -.
- Responderán… - afirmó Jack convencido desde su silla -.
- Me temo que algo malo se avecina... - añadió Eduard al tiempo que pulsaba repetidas veces el botón de captura de su cámara -.

Alexia miraba por la ventana. Parecía ausente. Su mano, apoyada en la barbilla, ocultaba a medias un gesto de preocupación, ahora inmortalizado. El teléfono comenzó a sonar...


user posted image

Daniel miró a ambos de la calle, cerciorándose de que nadie le había seguido. Una de las ventanas laterales del edificio donde estaba el depósito, parecía estar abierta. El chico agarró uno de los cubos de basura que había junto al muro, lo acercó y se subió, dispuesto a entrar. Dentro, una pequeña sala ornada por cuatro camillas, tres vacías y una ocupada por lo que parecía ser el cadáver de un hombre mayor, a medio cubrir con una sábana.
- Aquí estamos otra vez, Señor Ringwell - dijo Daniel, esbozando una sonrisa, con gesto de maldad -.

user posted image


Tras incorporarse, el chico se acercó a la camilla y, observando el lado opuesto de la habitación con la mirada perdida, comenzó a hablar en voz baja…
- Hoy tiene usted mejor aspecto, parece que estos dos días en el depósito le han sentado bien... ¿Saben ya quién fue el asesino? No entiendo como no pudo dejar pruebas. Si usted dice que dejó huellas en su casa... - añadió Daniel, sin dejar de mover las manos, enfatizando cada palabra que dirigía a lo que parecía ser, simplemente, una esquina de la habitación -.

Justo en ese momento, entró un hombre de bata blanca que se asustó al verle allí, de pie junto al cadáver y hablando solo.
- ¿Qué haces tú aquí? - preguntó, cerrando la puerta tras su paso -.
- Yo... - balbuceó el joven, buscando una salida con su mirada -.

Entonces, la cara de Daniel se volvió pálida. Sus ojos, tras un repetido pestañeo, cobraron un tono grisáceo. Su mirada, clavada en aquél que acababa de sorprenderle, parecía estar llena de odio. Y, apretando los puños, se lanzó hacia él, arrinconándolo contra la puerta y emitiendo palabras con una voz que no era la suya…
- ¿Quieres saber lo que se siente al morir? - dijo, apretando el cuello del forense con sus manos, que parecían haber adquirido una fuerza sobrehumana -.

El médico comenzaba a asfixiarse justo cuando la mirada de Daniel volvía a ser la de antes. Pero, en ese momento, sin motivo aparente, el chico cayó al suelo desvanecido.


user posted image

Laprinn descolgó el teléfono y marcó el número de Eduard. Tras unos segundos en espera, la voz de este se oía al otro lado de la línea…
- ¿Sí? - preguntaba el joven fotógrafo al instante de descolgar -.
- Soy Leonie Laprinn, estoy con Hadrian en Londres. Acabamos de recibir tus fotos - dijo ella algo nerviosa - No entendemos muy bien lo que está pasando… -.
- Algo malo se avecina... lo presiento. Esas fotos no son más que un aviso… - explicó Ed con la voz entrecortada - ¿No habéis leído los periódicos sobre lo que ocurrió en Berlín? -.
- ¡Pero no es esto lo que cuentan los periódicos! - exclamó Laprinn cada vez más nerviosa. Las manos comenzaron a sudarle -.
- No quieren que se sepa lo que realmente pasó allí. ¿Crees que el teatro se incendió solo? Y todas esas personas... -.

Laprinn escuchaba sin dejar de mirar una imágen fija en la pantalla, donde una chica joven, acompañada de tres personas a las que parecía estar protegiendo, mantenía sus manos alzadas, todos ellos rodeados de un extraño campo de fuerza en tonos azules…
- ¿No están trucadas? - dudó Laprinn llevándose una mano a la sien. Todo comenzaba de nuevo a darle vueltas -.
- ¿Trucadas?... Son personas como nosotros, utilizando sus poderes... Cada vez veo más claro lo que está pasando -explicó Eduard cada vez más nervioso -.
- ¿Y esta otra foto? La de la casa de madera... - preguntó ella tratando de mantenerse en pie. Su rostró palidecía por segundos. Hadrian la miraba extrañado desde su asiento -.
- ¿Qué casa de madera? - preguntó Ed extrañado -.
- Parece una cabaña, en el campo... se ve algo borrosa... - añadió Laprinn -.

user posted image


Entonces, al otro lado de la línea, comenzaron a oirse golpes y gritos. Laprinn dejó caer el teléfono. El profesor Rawlings, apresurado, se levantó y agarró el aparato, tratando de descifrar lo que, al otro lado, decían. Un grito ensordecedor le dejó perplejo. La comunicación se perdió...


user posted image

- Buen trabajo al interceptar la llamada Gitelman… es una buena forma de intentar remendar “descuidos” del pasado… - dijo Nathaniel crujiendo sus manos satisfecho mientras se